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“HABER VIVIDO DEBE SER UN GRAN RECUERDO”

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Era la máxima de Luis Suardíaz Rivero, Premio Nacional de Periodismo José Martí (2005), ejemplo de ser humano y revolucionario.

YAMILET PÉREZ PEÑA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
                                  
Parado frente la mesita en que descansa su máquina de escribir, Suardíaz piensa. La mirada va más allá del papel que tiene ante los ojos. Lo lee una y otra vez. Reflexiona. Fuma suavemente el tabaco de las seis de la tarde. Observa. Gira la cabeza hacia el librero donde están  todos sus escritos. Los mira y sonríe. Da un salto y vuelve a la posición en que se encontraba. Elisa interrumpe el silencio y pregunta si ya encontró el título. Él, responde feliz: “Sí, haber vivido debe ser un gran recuerdo.”

Y es cierto que es un gran recuerdo la vida de Suardíaz. Cada día su esposa, hijos y amigos lo evocan con la sonrisa amplia, la mirada profunda y el ímpetu de despertar en las mañana con una historia nueva que contar. Ese es su legado, y permanece por siempre en lo profundo de los sentimientos de las personas que lo quieren y admiran.

Los escritos de Suardíaz están tanto en el periodismo como en la poesía. En ellos refleja al hombre íntimo, social, sencillo y a la vez complejo que fue. Sus poemas, ensayos y críticas evidencian un saber enciclopédico y amor a la patria, a la revolución que defendió desde la clandestinidad; y sobre todo, un sentimiento de ternura hacia la ciudad que lo vio nacer, Camagüey.

Es necesario adentrarse en su obra para saber del periodista, poeta, amigo, padre. Ello me hace sentir que lo conozco. Parece que en cada palabra que escribo sobre él, lo tengo a mi lado contando de su vida. Entonces, imagino cómo pudiera haber sido la entrevista. Creo, entonces, que se encuentra en su casa, meciéndose en el sillón de la sala. Encima de la mesa están los libros de poemas y crónicas más importantes. Me mira y pregunta: ¿Por dónde quieres que comience?

-Por sus inicios en el periodismo…

En 1951 era empleado del Hotel Plaza, que se encontraba frente a la Terminal de Camagüey. Mi trabajo era de carpetero y en esa condición conocí y conversé algunas provechosas tardes con Medardo Vitier y con Enrique Loynaz, e inicié correspondencia con Labrador Ruíz, quien me sirvió de lejano maestro  en esa época con su columna de los lunes que leía con avidez.

En la capital ya funcionaba un espacio televisivo, el Canal 11, donde con frecuencia intervenía en la parte informativa, así como en espacios de radio. Los temas culturales los desarrollaba con frecuencia en Diario Libre, Sucesos de Mañana, en Diario Nacional y a veces en Revolución. Luego, en Siete días de Orientación, que era un suplemento cultural de Orientación Revolucionaria, el cual fundamos desde las cenizas del periódico El Noticiero, en abril de 1959, ahí me desempeñaba como co-director y jefe de información.

Con el triunfo de enero de 1959 pasé sin transición del periodismo cultural al general. En Prensa Libre, a finales de 1960, creamos la página 2, que todos los días hasta finales de 1961 auspició una página diaria con temas culturales vinculados al fragor de la época y la lucha ideológica. 

Ya en aquel momento su prosa abarcaba un amplio espectro: memoria histórica, crítica literaria y cuestiones relacionadas con la defensa de la identidad nacional.

-¿Qué es el periodismo?

Una forma de participar en el centro de la vida misma.

-¿Cómo lo ha cultivado?

No he cultivado el periodismo solo como una manera de servir, que lo ha sido siempre, sino también por placer.

-¿Algunas lecciones le ha dado el periodismo?

He aprendido que cada palabra pesa. Que el gran reto de todos los días está en decir lo que uno debe con palabras necesarias, que toda retórica es hueca.

-¿Otros desafíos dentro del mismo?

El periodismo se enfrenta a una revolución mediática, radical, y hay que trabajar para que tanta novedad sea un instrumento afilado al servicio de nuestras ideas.

-¿En qué géneros periodísticos

ha incursionado más?

Fundamentalmente en el ensayo, al estudio de otros autores; y  la crítica literaria que ha sido otra de mis preocupaciones.

-¿Cuál es su experiencia

en niveles de dirección?

Trabajé en varios órganos de prensa de diversas frecuencias en los que asumí funciones de dirección, entre ellos, Orientación Revolucionaria, Adelante, Pueblo y Cultura, Prisma, Cuba y Patria. También, formé parte de los consejos de redacción de Bohemia, Granma, La Gaceta de Cuba…

-¿Qué debe Suardíaz a su trabajo en Granma

y a su colaboración en Prensa Latina?

Le debo mucho a Granma, sobre todo, por el contacto amplio que me permitió con los lectores de cualquier parte del país; y a Prensa Latina, con la que colaboro desde hace 40 años, y donde también desempeñé cargos de dirección.

-¿Cuánto está ligada la Revolución

Cubana a su trabajo?

En todo: en el periodismo, la poesía, la narrativa… Está en cada parte de mi obra. La Revolución me permitió y a la vez me exigió pasar del periodismo cultural, en el sentido del arte y la literatura, al periodismo en el sentido amplio, es decir, desde la corrección de pruebas a la jefatura de redacción, a puestos de dirección de diarios y publicaciones seriadas y especializadas. A escribir desde las perspectivas del artículo, la entrevista, el reportaje, la crónica, la reseña, el comentario. En todo está presente la Revolución.

-Usted no solo cultivó el periodismo,

también hizo poesía.

¿Podría hablar sobre ese quehacer?

La poesía es siempre una anticipación y un reto, una aventura que puede llevarnos al pasado y al futuro sin desprendernos del presente. No es una ocupación rentable, sino esencialmente revolucionaria. Por eso el poeta de nuestro tiempo no puede aspirar o ser considerado como un pequeño Dios o un hechicero sino un hombre afortunadamente terrenal.

A Luis Suardías se le otorgó en el de 2003 el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro, por su condición de poeta, crítico literario, ensayista, editor y periodista.

-¿Cómo asumió el premio?

Me siento muy honrado por la entrega del mismo. Pero no estoy conforme con lo que he hecho, porque quien se conforma empieza a desaparecer, a perder dinamismo. Lo que uno ha hecho es solo una base para hacer cosas nuevas.

En el  2005 se le  entregó del Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida. Recibió el premio su hija Mireya Suardíaz, pues ya en esa fecha su padre se encontraba gravemente enfermo.

Para sus mejores amigos, el profesional destacado y el ser humano es una presencia constante. Luís Suardíaz es recordado por Raúl Luis Castillo, periodista que trabajó junto a él en el suplemento Orientación Revolucionaria, como un paradigma de la Revolución Cubana y un fuerte exponente en materia de periodismo: “Los dos participamos en la lucha clandestina y el Movimiento 26 de Julio. A partir del triunfo de la Revolución comenzamos a trabajar en el suplemento Orientación Revolucionaria y empezamos a crecer realmente como periodistas.”

Pedro García, articulista de Bohemia, recuerda a Suardíaz como a esos geniecitos que, al frotar la lámpara mágica, aparecen siempre cuando más se necesitan: “Genio porque era una de las personas más inteligentes  y sabias que conocí. Su obra fue como una lámpara mágica por todo cuanto nos legó.

“Tenía suficiente conocimiento como para discutir con cualquier especialista sobre arte y cultura en general, por lo que siempre lo buscaban para que asumiera las jefaturas de esas páginas en periódicos y revistas”.

La obra de Luis Suardíaz Rivero consiste, para Virgilio López, poeta y escritor, la unión de la grandeza y la erudición sintetizada en el quehacer diario de un hombre que le regaló a Cuba y al mundo gran parte  de su vida: “Hizo de cada uno de los géneros que escribió un canto nuevo y un poderoso mensaje. Se quedó para siempre grabado en la historia, atado a la memoria del futuro y dejó un trazo que va más allá del tiempo”.

Nota: Las respuestas de Luis Suardíaz son una reconstrucción de las entrevistas a familiares, amigos y colegas, realizadas a propósito de este trabajo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Resaltar la labor profesional de Luís Suardíaz, Premio Nacional de Periodismo 2005, ya fallecido.    

Objetivos colaterales: Destacar su quehacer en diversos medios de prensa del país. Resaltar, mediante la opinión de compañeros de trabajo y  familiares, sus cualidades personales y profesionales.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Colectiva.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad (Imaginaria).
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo con las fuentes y fuentes documentales.

Tipo de título: Cita directa.
Tipo de entrada: Descriptiva o de retrato.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Fuentes documentales y directas: Archivos de Granma y Juventud Rebelde; libros del entrevistado.

Fuentes no documentales y directas:
Familiares.
Pedro García, periodista de Bohemia.
Virgilio López Lemus, poeta y escritor.
Raúl Luis Castillo, periodista.



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