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JULIO ACANDA: “LA HISTORIA NECESITA SER CONTADA”

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El periodista y realizador de series históricas habla de las tres tendencias que observa en el abordaje de la historia por la prensa cubana y señala los aspectos que considera idóneos para lograr un periodismo a la altura de la de la historia de la Isla.

LUIS MIGUEL CABRERA VÁZQUEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La historia de Cuba, tan joven, sorprende por la riqueza que ha alcanzado en poco más de cinco siglos. Está llena de heroicidades que inspiran leyendas, acontecimientos que se convierten en mitos y hombres de carne y hueso cuya grandeza pudiera ganarles un espacio en el Olimpo.

Sin embargo, desaciertos ocasionales en su enseñanza la condenan por momentos a la inamovilidad, cuando en realidad nunca se ha dejado de investigar. La historia que damos por sentada pudiera engrosarse con matices hasta el momento desconocidos o tornarse picante con oportunos cuestionamientos.

Esas posibilidades exigen de nuestro periodismo presentar la historia con la dinámica inherente a ella y hacer de un trabajo de perfil histórico una entrega amena que no solo aporte conocimientos, sino que siembre la duda y las ansias de conocer más.

Pero, ¿cumplen nuestros medios con esas demandas? El reportero cubano Julio Acanda García identifica tres tendencias en ese tipo de abordaje periodístico.

“Una se caracteriza por la repetición de un hecho o figura con los mismos cánones con que se imparte una clase y no como una novedad periodística. A mi entender, esa es ineficaz, obsoleta y fuera de contexto. Es un periodismo que lleva a publicar las mismas crónicas durante años, un periodismo fácil, histórico entre comillas porque hace referencias a la historia, pero no es aportador.

Se refiere Acanda al periodismo rechazado precisamente por la carencia de emotividad, por no despertar la atención ni los sentimientos en su público. Ese periodismo superficial muestra a los héroes puros, los hechos sin contexto y a la historia simple y sin sentido.

“Hay otra tendencia que busca aquellos detalles atrayentes, graciosos, novedosos, poco conocidos de personajes y hechos. Esto hace que se lea fácil, porque resulta agradable y, además, lleva a que la persona profundice un conocimiento que se le da de manera superficial”, apunta Acanda.

Ese estilo incentiva el interés por la historia y sobre todo atrae, que debe ser la primera regla a tener en cuenta cuando se trata el pasado lejano en nuestra prensa. Sin embargo, “va a la anécdota y no al análisis. Será la manera en que se presente lo que determine si es un periodismo serio, profundo, o si se queda en esa anécdota banal para leer un domingo en la casa como una distracción más”. 

Sin mencionar el término “periodismo retrospectivo”, Acanda habla ahora sobre la tendencia que considera indudablemente valiosa, y que marca un estadio superior al periodismo histórico. Se trata de “ese periodismo de investigación rigurosa, que busca diferentes fuentes, opiniones diversas, sean o no las aceptadas por la historiografía oficial”, destaca.

“Es el más escaso y el que más debiera promoverse, por la riqueza de visión, de opinión, sus contradicciones, y algo muy importante: las inquietudes que deja, la capacidad imprescindible de no dejar cerrado nada. Presentar la historia como algo en evolución, en investigación, en movimiento, que puede variar.

Y continúa, “esa posibilidad de cambiar las conclusiones que deja es muy ventajoso. Además, ¿sabes lo interesante que resulta tener en cuenta no solo fuentes establecidas, sino la leyenda, los mitos, la memoria popular, lo que la gente ha construido a través de los años? Creo que con eso tienes asegurada la audiencia.

También Acanda se refiere a esa característica del periodismo retrospectivo de reactualizar la historia a partir de la investigación y el cuestionamiento de sucesos ya dados por hechos. Muchas veces la historia es contradictoria a lo que se dice durante años y es preciso presentarla así.

Se necesita un periodismo que la desentrañe y se atreva también a sacar a la luz aquellos elementos que por ser negativos no atentan contra el personaje o el hecho, siempre que se aborden de manera acertada. Si pretendemos mostrar solo la parte supuestamente “buena” de un hombre o de un acontecimiento, se corre el riesgo de quedar en ridículo.

Acanda apunta al respecto: “Es absurdo intentar esterilizar al héroe, lo aséptico lleva a la burla, en el mejor de los casos, porque también puedes ser ignorado. Primero hay que entender y luego explicar que por muy grande que fuera, hablamos de un ser humano con defectos y deslices, cuya grandeza radica en la superación de esas fallas. Eso es algo que nuestra prensa no acaba de entender”.

¿Cómo lograr “enganchar” al público con el tema histórico que pretendemos abordar? La clave está en contar la historia en todas sus dimensiones y comunicar con un lenguaje pulido la trascendencia del hecho en su contexto, con elementos que logren acercarlo a la persona. Acanda no vacila ante la interrogante ¿cómo captar la atención de la audiencia?

“He notado que despierto el interés cuando presento algo con un acercamiento humano. Llevar a esas personas a la humanidad de la circunstancia es lo que hace a la gente asumirla como real, cercana, posible, alcanzable y, por tanto, interesante”, explica.

Otra receta que no falla es la fantasía; para aplicarla correctamente es preciso establecer un equilibrio entre esta y la historia. Los límites, asegura Acanda, “están en el momento en que se traspase la verdad, pero que haya fabulación siempre resulta interesante”.

No cabe duda de que la preparación del periodista es imprescindible para desarrollar cualquier trabajo en la prensa. Al respecto, las opiniones son diversas, algunos reporteros consideran que el periodismo histórico –o en su dimensión superior, el periodismo retrospectivo- requiere de especialización. Mientras, otros subrayan como imprescindible cultivarse de manera autodidacta en estos temas. También existe el criterio de que es muy útil haberse formado como historiador.

Para Julio Acanda, “lo principal no es estudiar la historia, sino la sensibilidad para poder estudiarla. Se puede leer cualquier tema, el mejor libro, pero sin sensibilidad para entenderlo y trasmitirlo el profesional está desarmado. Hay que ser capaz de presentar esa historia lo mismo al adolescente que a un obrero de 80 años, pero sobre todo, tener en mente que el ser humano vive de historia, y el periodista tiene como arma fundamental saber contarla”.



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