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TIERRA DE NECIOS

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NELSON GONZÁLEZ BREIJO,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Imposible no sentirse orgulloso de ser cubano por estos días. En cualquier parte, no importa donde estés ahora. Impresiona todavía el rostro del niño en los hombros del padre; la señora del sombrero de guano con los dos cuadros alzados: Fidel en uno y en el otro el Che, como si no se le cansaran los brazos; los jóvenes saltando, cantando, riendo; la gente que desborda alegre la plaza. Parecen de otro mundo.

Entonces pienso más allá, en este enredo al que llaman Aldea Global, donde la libertad parece solo una palabra; la justicia, una utopía; y la esperanza, un defecto. En donde la existencia suele pasar sin dejar huella, o convertirse en una carrera interminable para desentrañar a tiempo el sentido de la vida. Donde la sociedad parece ser de nadie, porque solo unos pocos deciden. Es el mundo de esos pocos.

En medio de ese mar frenético encuentro esta gente, esta isla llena de historias fabulosas. Para algunos, un raro vestigio de los regímenes comunistas; a juicio de otros, un ejemplo de supervivencia a la guerra fría.

Debo aceptar que es un lugar extraño. Aquí se nace con cierta vocación para sucesos decisivos, con algún valor insólito que emerge ante los desafíos, y una capacidad inimaginable de resistir. Hay quien afirma que somos un pueblo de necios.

También dicen que hemos cambiado en los últimos años -es cierto. Sería descabellado pretender mantenerse iguales a generaciones anteriores en contextos tan diferentes. Hay valores que, de tanto ejercerlos, se han fundido en la personalidad del cubano y ya forman parte indisoluble de nosotros. Hay otros que hemos dejado atrás entre limitaciones y estrecheces, y que hoy urge recuperar sin detener el paso.

En eso vamos, cuestionándolo todo. Aprendiendo –y aprehendiendo- de nuestros padres. Señalando lo vago y estéril que vemos. Con modestia. Construyendo sobre lo viejo a la medida de nuestros sueños. Revolucionando como se puede.

Me vienen a la mente otra vez las imágenes del Primero de Mayo. Pienso. Me parece que nadie más que los cubanos podrá decidir el futuro de esta tierra. De los niños que aún sonríen entre picardía e inocencia. De los jóvenes emprendedores, profundos, que se resisten a la banalidad globalizada. Y de otros, de otros tantos que ofrecen un consejo amigo sin conocerte, y que abren puertas cuando lo más fácil sería levantar muros. ¿No son acaso razones suficientes para seguir?



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