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CAMBIO CLIMÁTICO, OTRA DEUDA DE PAÍSES DESARROLLADOS CON SUBDESARROLLADOS

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YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Habana.- En menos de 70 años la vida en África colgará de un hilo. Si no se toman medidas urgentes, el destino del ser humano en ese continente estará amenazado por la carencia de agua, las inundaciones costeras, la pérdida creciente de tierras y las elevadas temperaturas.

La región africana es la más dañada del mundo por las consecuencias inminentes del cambio climático, pese a solo aportar el 3,7 por ciento de las emisiones de gases a nivel mundial.

Desde hace tres años, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente anunció que en 2080, setenta millones de africanos correrán riesgo tras un incremento importante del nivel del mar, situación que se complica con el augurio de que el desierto del Sahara robará cada vez más extensiones de tierra a la agricultura.

Además, la propia fuente indicó que en dos décadas aproximadamente, unos 480 millones de personas podrían vivir en áreas donde escasee el agua, mientras que el calor aceleraría la propagación de epidemias como el cólera y el paludismo.

“Las nieves en la cima del monte Kilimanjaro son una joya exótica de la naturaleza africana, que dentro de 20 años solo pudiera existir en la literatura de Hemingway, al tiempo que a grandes lagos como el Chad y el Victoria se les esfuma el agua”, escribió el periodista Jorge Rodríguez en un reciente artículo ambientalista titulado Copenhague: en el aire un acuerdo post-Kyoto.

La responsabilidad por el daño al medio ambiente que sufre tanto África como el resto del planeta, recae fundamentalmente sobre los países desarrollados, por lo tanto, en manos de estos está o la opción de implementar medidas apremiantes que reduzcan la contaminación, o la posibilidad de que el futuro de la Tierra caiga, progresivamente, en un abismo sin retroceso.

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) exige a los grandes motores de la economía mundial la reducción de sus emisiones de gases contaminantes para el 2020 entre un 25 y un 40 por ciento con respecto a 1990, para no superar el tope de dos grados de temperatura considerado peligroso.

Frente a la cifra propuesta por los científicos, China prometió rebajar para el año 2020 sus emanaciones de dióxido de carbono entre un 40 y un 45 por ciento con respecto al 2005. Asimismo, Estados Unidos ofreció una disminución de un 17 por ciento de ese gas, tomando como referencia el mismo año que el país asiático.

Por su parte, la Unión Europea recortará sus emanaciones en un 20 por ciento hasta la segunda década del presente siglo, respecto a los niveles de 1990.

Pero si los mayores culpables del riesgo ante las variaciones drásticas del clima continúan debatiendo en cuántas ínfimas cuotas de gases del efecto invernadero deben reducir sus emanaciones industriales a la atmósfera, posiblemente esos intentos insuficientes para garantizar el porvenir del planeta, conduzcan a una paulatina catástrofe para la existencia de la humanidad.

Ninguno de los estados mencionados anteriormente cumple los requerimientos pedidos por el IPCC, pues o toman porcientos inferiores de reducción del dióxido de carbono, o utilizan como referencia el año 2005, elemento que indica particularmente en Estados Unidos, la reducción real de tan sólo un tres por ciento si el referente fuese el año 1990, indican expertos en el tema.

Organizaciones ambientalistas consideran que quizás lo más penoso de la realidad climatológica del planeta radique en que ante los reclamos de las naciones del tercer mundo, las principales potencias internacionales parecen limpiar sus conciencias con la reducción de pequeñas cifras de gases contaminantes, al tiempo que intentan responsabilizar a las naciones del sur de una culpa histórica que principalmente es del norte.

En agosto de este año, diez países africanos reunidos en Addis Abeba acordaron exigirle al primer mundo una compensación de 67 mil millones de dólares al año por los perjuicios generados en África, cantidad que para muchos es muy justa si se compara con las millonarias sumas invertidas en el rescate de bancos en la actual crisis económica.

De acuerdo con el Banco Mundial, serán necesarios entre 75 y 100 mil millones de dólares anuales en las cuatro décadas próximas sólo para la adaptación al conflicto climático. Esta cifra podría ayudar a los países subdesarrollados a sobrevivir a las consecuencias del calentamiento global, pero todavía un consenso entre los colosos económicos para salvar el planeta parecer estar muy lejos.

Estados Unidos fue el único país desarrollado que no ratificó el Protocolo de Kyoto y todavía se muestra ambiguo en las decisiones en cuanto a protección del medio ambiente. Según su negociador en Barcelona, Jonathan Pershing, aún se discute la aprobación de una ley nacional sobre el clima, que probablemente no esté lista para este año.

Mientras algunos se debaten en si las causas de las deterioradas condiciones ambientales son de origen antropológico o están destinadas por una variabilidad natural, el mundo vive una realidad alarmante que necesita de la voluntad política de todas las naciones, fundamentalmente de las desarrolladas, ideal que aún no se alcanza y que según los principales medios internacionales, tampoco hallará solución en la próxima cumbre de Copenhague.



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