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EL ARTE DE LA ENSEÑANZA

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“Sembré un árbol, tuve un hijo y construí una casa; eso y mi trabajo es lo más importante”, parafraseando a nuestro Héroe Nacional, el profesor Felipe Hernández Martínez resume su vida. 

Texto y foto:
NEISY MARTÍNEZ MIRANDA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Basta subir el telón para que los estudiantes se conviertan en actores, olvidando, con la atención del público, los largos meses de ensayos y sacrificios. Los espectadores, muchos de ellos profesores, sienten infinito orgullo por sus alumnos. Entre la multitud permanece quieto, y donde nadie pueda verlo, el autor de este y tantos momentos mágicos en los que la música y el teatro llegan al Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

Organizador de la mayoría de las actividades culturales y graduaciones de la institución, Felipe Hernández Martínez prefiere que el público disfrute de su obra más que cualquier reconocimiento. Hoy miembro del Departamento de Arte, este hombre ha impartido su enseñanza a cientos de estudiantes desde hace más de 20 años.

“Siempre llevé la actuación en la sangre, desde la escuela primaria participé en todos los eventos. Al magisterio, en cambio, quise entrar en el año 1979; para ello tuve que hacer una entrevista, no la aprobé, pero desde ese momento también lo tuve conmigo.

“Entonces comencé a actuar como aficionado en el Joven Teatro de Marianao, donde permanecí por cinco años bajo la dirección de Bebo Ruiz, a quien le agradezco la posibilidad de trabajar en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).”

-Y entonces, ¿cómo llegó al Instituto?

En los años 80 vino a verme un estudiante de Química, Félix, y me propuso comenzar a ensayar con un grupito del Varona. Acepté la oferta y empecé a laborar voluntariamente durante el curso 1985-1986. Nuestra primera obra fue Al compás de madera, con la que pronto participamos en el Festival Nacional de Santa Clara. A raíz de los acontecimientos, Susana Morejón, entonces Jefa del Departamento de Actividades Complementarias, me contrató como profesor, con la posibilidad de continuar como actor y seguir perteneciendo al ICRT.

Pero el Pedagógico me conquistó de tal forma que renuncié al teatro, al ICRT. Lo primero en atraparme fue la responsabilidad de tener estudiantes y hacer debates acerca de las obras que representábamos. Las primeras fueron El Pequeño Príncipe y Santa Juana de América, entre otras.

-Todo actor recuerda de forma

especial a una de sus obras,

¿a cuál le reserva Felipe

ese gran honor?

La que más ha estimulado nuestra labor es María Antonia, con la cual obtuve el Gran Premio en el Festival de Camagüey, el Premio Nacional en Guantánamo, el Gran Premio en el Festival de La Habana, el Premio a la Mejor Actuación Femenina y Masculina, el Premio de Identidad Cultural en la Capital. Resumiendo, en el año 1990, el Varona recibió cerca de 100 reconocimientos debido a las manifestaciones artísticas.

Por esa razón, Ramón Elnida, entonces Rector del Instituto, entregó la placa conmemorativa por el XX Aniversario del Varona a un grupo de estudiantes y profesores, entre los cuales tuve el honor de encontrarme.

Definido por sus compañeros como una persona emprendedora y llena de iniciativas, cuya obra proporciona vida a la Institución, Felipe simplemente se ha enamorado de su trabajo y, renunciando a todo reconocimiento, da cada día su mayor esfuerzo para ampliar el movimiento cultural en el centro.

“Estoy aquí hace 23 años, vi cómo sembraban los árboles y hoy disfruto de su sombra. Creé el Café Teatro, al que vienen directores y actores reconocidos a conversar con los estudiantes.

“Soy profesor autodidacta, no graduado, y me considero tan maestro como todos mis compañeros; si esto se lo dijera a los alumnos, es probable que no lo creyeran. Pienso que el bichito de la enseñanza nace con uno, pero un maestro debe estudiar mucho. Yo por ejemplo, no soy educador y lo compenso con cursos de locución en radio y televisión, hechos en la Escuela de Superación para Músicos Félix Varela, donde también me gradué como productor artístico de programas musicales, y por ello están bajo mi tutela todos los espectáculos realizados aquí.

“Estoy a cargo de grupo musical El Sexteto Varona, del cual soy creador, productor, presentador y por el que velo celosamente. Este, en mi consideración, constituye el sello del Pedagógico, pues lo representa no sólo a él, sino a todos los centros similares de nuestro país en tribunas abiertas, actividades realizadas en el Palacio de las Convenciones y, cada 15 días, nos presentamos en la despedida de los compañeros que cumplirán con las Misiones Robinson y Ribas.

“La agrupación retoma la música tradicional cubana. Fuimos invitados a eventos nacionales e internacionales en más de una ocasión. Este año ya estuvimos en el Pedagógico de Alquízar, y pronto llevaremos nuestra música al Congreso de Pedagogía que se realizará durante cinco días.”

A pesar de no haber participado directamente en las transformaciones de enseñanza, Felipe Hernández las ha vivido muy cerca, pues también han revolucionado este pequeño y mágico mundo que es su taller de arte.

“No he sido partícipe de éstas, pero sí testigo de su evolución. Cuando comencé en el año 1985, había estudiantes de todas las provincias y un fuerte movimiento artístico, y como ellos permanecían más tiempo en el centro, se entregaban a ensayar. Con la universalización de la enseñanza, cada quien va para su localidad, por lo tanto, debí estudiar y colaborar para llevar adelante el movimiento de aficionados dentro de la Universidad.

“Hoy sólo integran el grupo quienes viven en La Habana, y he podido aprovecharlos gracias al surgimiento de los profesores generales integrales, ellos colaboran de forma decisiva en la creación del Sexteto Varona, ya con dos años, y espero le queden muchos más.  

“Creo que de forma indirecta he colaborado con las transformaciones, porque en mi taller enseño apreciación del teatro y luego pasamos a la etapa de creación, en la cual montamos las obras. Esto les da a los futuros profesores un conocimiento general y a la vez ganan en proyección, dicción y entonación, cualidades muy importantes para un educador.”

Los muchos años dedicados al magisterio evidencian tanto el compromiso con sus estudiantes como el amor y respeto a la institución, a la cual ha dedicado su vida: “El pedagógico me dio la posibilidad de desarrollarme, de visitar todas las provincias y representar obras en muchas ocasiones, incluso, una ante el Comandante en Jefe, hace alrededor de diez años. Le estoy muy agradecido al Instituto, porque aquí pude enseñar de manera diferente, mediante el arte. Esta fue mi casa durante todo este tiempo, pues tiene un encanto, algo atrayente, y tengo la certeza de que no soy el único en reconocerlo.

“He contado con la dirección de tres rectores, pero quiero resaltar al Doctor Alfredo Álvarez, quien lo es en este momento, pues ha sido el mejor guía para los trabajadores y estudiantes del centro y ha colaborado de manera decisiva en el desarrollo del Sexteto Varona; gracias a él tenemos instrumentos y todo lo necesario para los ensayos.”

Felipe recuerda, travieso, sus experiencias fuera del magisterio y del país, lo hace a  través de una anécdota singular por el desenlace de la misma: “Tuve la posibilidad de viajar a Italia para dirigir una película acerca del son cubano. En el Varona autorizaron mi salida y, bueno, yo partí. Pero a la semana de estar en Europa y sin hacer nada, me sentí tan inútil y extrañaba tanto a mi Patria, que regresé. Al llegar ni tomé vacaciones, fui directamente a organizar el Festival de la FEU y muchos ni creyeron ese viaje.”

-Quienes le conocen afirman que su labor

engrandece la vida espiritual de las personas,

pero algunos lo califican como poco sociable

o esquivo, ¿cómo es realmente

Felipe Hernández Martínez?

Soy feliz si el público disfruta mi trabajo, prefiero esto a cualquier reconocimiento. Cuando gano algún diploma mando a un alumno a recogerlo. Todavía me siento como un estudiante más. Mantengo, a los 48 años, la energía para hacer cosas, y todos los días aprendo algo nuevo. En el taller enseño, pero a la vez aprendo, hago vivir y vivo. De mi vida sólo puedo decir que sembré un árbol, tuve un hijo y construí una casa; eso y mi trabajo es lo más importante.

Amo muchísimo lo que hago y a Cuba. Viajaría a otras naciones si me necesitaran y regresaría lo más pronto posible, amando doblemente a este país y mi trabajo. Soy muy feliz por haber nacido en Cuba, por vivir con la Revolución, estar en el Instituto y tener, a mi edad, la misma vitalidad con que comencé a trabajar.

-Si tuviera que definir el

magisterio, ¿cómo lo haría?

Es el cimiento, la madre de todo lo que existe, pues cada profesional ha tenido muchos profesores. Un educador es también un actor, porque realiza en el aula grandes monólogos, aunque esto debe evitarse. Para dar clases debemos satisfacer a nuestro pequeño público: el alumnado. Particularmente me siento estimulado a diario para continuar esta labor  y creo que, de alguna forma, estoy casado con ella.

Tantos años dedicados a la actuación hacen de Felipe un exponente del paso del teatro a un segundo plano, debido a las nuevas tecnologías y el progresivo desdeño del auditorio: “El teatro es elitista. Si la obra no es reconocida no tendrá grandes cantidades de público. En cambio, cinco minutos en televisión da tanta fama o más que muchos años en el teatro.

“Hace años encarné un  pequeño personaje en un serial televisivo, era una ladrón, y un día, mientras robaba, llegó la policía y lo capturó durante la huída. Poco después de haber salido al aire, me encontré con un señor en la calle y, jocosamente, se lamentó de lo que había ocurrido y me dijo sorprendido que había salido muy rápido de la prisión. Me emocioné y reí ante tal ocurrencia.

“Tengo varios largometrajes realizados en el Instituto, algunos han sido comercializados y otros quedaron para el recuerdo. Uno de ellos, la Casa sin Techo, aborda el tema del Medio Ambiente y su protección, y es presentado cada año a los estudiantes.”

-Usted afirma que se retirará

cuando no sea útil, ¿qué le

gustaría llevarse consigo

en ese momento?

La certeza de que mis compañeros y alumnos defenderán este pedacito de tierra a partir del cumplimiento de sus deberes, y la seguridad de que lucharán, fusil en mano si es necesario. Espero que me recuerden a mí y todas las lecciones dadas; y en el futuro, cuando no me encuentre presente, continúen enseñando lo aprendido a las nuevas generaciones de cubanos, para que puedan apreciar a esta magnífica sociedad fruto del trabajo de todos los educadores.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:
 
Objetivo Central: Destacar a Felipe Hernández Martínez como miembro activo del Departamento de Arte del Castillito.

Objetivos Colaterales: Resaltar la opinión del entrevistado acerca de temas generales como el teatro, magisterio, etc. Contar algunas vivencias simpáticas de las cuales el entrevistado ha sido protagonista.

Tipo de entrevista:
Por Participantes: Individual.          
Por Contenido: De personalidad.
Por su Forma: Mixta.
Por el Canal por el que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Descriptiva.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1-Directa. 2-Directa. 3-Polémica. 4-Directa. 5-Directa.
 
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.

Fuentes de Consulta:
Documentales: Currículo del entrevistado.
Directa: Yolanda Zulueta, compañera de trabajo.


 

25/07/2011 17:55 islalsur #. Rostros del Varona


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