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“ESTO ES SERIO, RÍETE MUCHO”

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Así dice Fernando Raúl Rodríguez Flores, profesor de Matemática Aplicada en la Facultad de Matemática y Ciencias de la  Computación de la Universidad de La Habana.

MÓNICA RIVERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Si alguien nos habla de un profesor de Matemática, la primera imagen que acude a nuestra mente es la de un hombre circunspecto, tan sumido en su ciencia que vive ajeno al mundo;  pero de lo errado que se puede estar al respecto, Fernando Raúl Rodríguez Flores es, definitivamente, un buen ejemplo.

Graduado en 2003 de Licenciatura en Matemática, y profesor de Matemática Aplicada en la Facultad de Matemática y Ciencias de la  Computación de la Universidad de La Habana, Fernando es capaz de  arrancar la risa a cualquiera valiéndose de su sagacidad en el uso del humor más fino, y despierta la admiración  con su destreza en los malabares. Y, a propósito de la Matemática, con él asistimos a la llamada fórmula del tres en uno, porque es humorista, matemático y malabarista.

-¿Cuándo decide estudiar Matemática?

A mí la Matemática nunca me disgustó, pero tampoco era algo que llamara mucho mi atención. De hecho, era mi cuarta opción, pero me presenté al examen, lo aprobé y de pronto me vi estudiando la carrera.

-Buen sentido del humor  es, 

probablemente, una de las últimas

cualidades que muchas personas

atribuirían a un matemático.

¿Qué opinión le merece?

Creo que eso está influido por la imagen que se proyecta en los medio masivos, las películas, en que el prototipo del científico suele ser el de un  tipo serio, frío, a veces amanerado, que no hace vida social… Y también por algunos profesores de otras etapas de enseñanza, quienes forman una idea errada de la Matemática. No transmiten su belleza, lo que tiene de interesante. Yo recuerdo un profesor de Física que tuve que nos explicaba a partir de la propia Física, fenómenos cotidianos, y esto despertaba interés; pero nunca hicieron algo parecido con la Matemática. Entonces, como la gente la tiene por una “cosa rara”, y si te gusta, ya sabes, eres un “bicho raro”.

-¿Cómo se inició en el malabarismo?

Aprendí a hacer malabares aproximadamente un año antes de comenzar la carrera de en la Universidad de La Habana. Quería aprender acrobacia porque siempre me gustó dar vueltas, pararme de cabeza…, por gusto, literalmente;  así que asistí a un taller en el Instituto Superior de Arte (ISA).

Pasó que los ejercicios se hacían sobre un colchón, de uno en uno, entonces, mientras alguien practicaba, los demás no hacíamos nada, así que el profesor, para que nos entretuviéramos, nos enseñaba a hacer malabares. Al final me pareció que era menos peligroso que la acrobacia, porque, aunque se pueda romper alguna cosa, siempre será menos grave que romperse la cabeza, por ejemplo.

-¿Cuándo empezó a vincularse

con el humorismo?

En segundo año, cuando participé en los festivales de aficionados, con jorge Bacallao, con quien hago la peña de la Facultad y quien siempre fue muy ocurrente; supongo que tantos años con él se me pegó un poco la cosa del humor. En esa época tenía pinceladitas de artista. Después empezamos a hacer las peñas y se creó el grupo de Misión Imposible. Pero antes de eso, muchas veces era simpático sin quererlo.

-¿Hay alguna anécdota especial?

La primera vez que causé una carcajada, por lo menos que yo recuerde, fue cuando tenía 10 años o poco más y el chiste fue totalmente involuntario. En mi casa habían matado un puerco; casi acababan de darle la  puñalada y mi papá me dijo: “Vigila al puerco y avísame cuando estire la pata”, y cuando vi que estaba moviendo dos patas le grité a mi papá preguntándole cuál era la pata que tenía que estirar…

Matemática y malabares

-¿Para hacer malabarismos le son

de utilidad los conocimientos 

de su profesión?

Sí, la Matemática aporta. Creo que la primera vez que supe del tema fue estando en tercer año, con un artículo que hablaba sobre eso. Me llamó la atención y empecé a fijarme. Hay muchas leyes de Matemática que se ponen de manifiesto y que, en mi caso, me permiten a veces sentarme a escribir algunas cosas que puedo hacer. Sí, te ofrece posibilidades.

-¿Existe  alguna curiosidad?

He oído hablar sobre la relación

que debe existir entre el número

de objetos con que se puede jugar

y el dos, que es el número de manos,

para realizar determinados movimientos…

Sí, para hacer determinados movimientos el número de pelotas tiene que ser primo relativo de dos, lo que significa que uno es el mayor número que divide a ambos. Por ejemplo, si las pelotas son cuatro, que no es primo relativo de dos, entonces solo puedes tirar dos pelotas con cada mano, sin cruzarlas en el aire.

 ¿Reírse en clases?

-¿Aplica el humor en las clases?

Trato de ser lo menos “serio” posible. Preparo mi clase como todos los profesores, y a veces hay  algo que se presta para una situación cómica y lo aprovecho. Creo que eso hace que la clase sea más amena, menos pedante, y ayuda a que los alumnos no vean de manera distante al profesor. Pienso que permite romper la barrera invisible entre el alumno y el profesor.

Quiero demostrarles que pueden hacer todo lo que yo hago, porque nunca me ha gustado que el estudiante vea al profesor muy por encima de su propia capacidad, que se subestime y crea que nunca llegará a ese nivel.

-¿Piensa que su trabajo como

humorista resta a la imagen que

tienen sus alumnos de usted,

en calidad de profesor?

Para nada creo que el hecho de que practique humorismo reste respeto hacia mi imagen como profesor; al contrario, me favorece. Me ayuda a romper la barrera alumno-profesor, siempre manteniendo cierta distancia. La clase es un momento con determinadas características, yo puedo ser amigo de un alumno y llevarme muy bien con él, pero si no sabe en la clase, lo suspendo. No tiene nada que ver.

-¿Existe un humor exclusivo

de los matemáticos?

Es como si yo te preguntara si existe un humor exclusivo de tu grupo, por ejemplo, y la respuesta es sí, claro. Hay formas de hacer humor en un contexto. Existe el de los matemáticos, como mismo puede existir en cualquier otro colectivo. Claro que en cada uno se tiene determinada información para entender el chiste. 

La risa, según algunos estudiosos, llega cuando la razón se encuentra con algo que rompe su esquema, que contradice su lógica. Para darte cuenta que se rompieron ciertas reglas tienes que conocerlas, si no, no ves el absurdo y no tiene gracia.

¿Qué pasa con la Matemática? Que está soportada por una lógica muy fuerte, entonces tienes más posibilidades, más variantes. Claro, siempre hay que tener presente para qué público se trabaja. Aquí en las peñas de la Facultad hacemos chistes que en tu Facultad, por ejemplo, no darían ninguna gracia, como mismo pasaría  al  revés.

-¿Usted es un matemático que hace

humor o un humorista  que estudia

y enseña Matemática?

Bueno, Charles Chaplin dijo que “todos somos aficionados,  pues la vida es tan corta que no da tiempo para más”. Cuando estoy haciendo humor, trato de recordarme a mí mismo que soy un matemático que hace humor y a quien le falta mucho por  estudiar y aprender en Matemática; y cuando estoy en el aula, me recuerdo que soy un humorista  que tiene mucho por mejorar todavía.

-¿Cómo se siente más cómodo,

en un aula o sobre el escenario?

No sabría darte una respuesta definitiva, son dos cosas diferentes. Actuar es más “fácil” en el sentido del tiempo, porque haces el espectáculo y una vez que termina, eso es todo; pero con los estudiantes es diferente, no es solo impartir los conocimientos, sino asegurarse de que fueron recibidos, examinar, ver resultados… Por otro lado, cuando actúas tienes que ser cómico, es lo que se espera de ti y si algo no sale bien, no hay marcha atrás, no se puede rectificar como efectivamente se puede hacer en el aula

-¿Se siente satisfecho

sobre el escenario?

Sí, aunque aproximadamente tres minutos antes de empezar me pongo muy nervioso, pero apenas comienza el espectáculo, el nerviosismo desaparece. Y después que termina, yo quisiera desaparecer en un kilómetro a la redonda.

-¿Por qué?

No sé explicarlo, pero me da una especie de pánico que personas del público se acerquen a mí luego el espectáculo. Ya te digo, desaparecería…

-¿Se considera una persona tímida?

Sí.

-¿Y cómo se explica que alguien

tímido se enfrente a un público

que espera lo haga reír?

Ahora que lo pienso, creo que influye el hecho de que me satisface lo que hago, porque me siento bien y no me considero malo.

-¿Qué experimenta cuando

hace reír al público?

Siento que transmito lo mucho que disfruto lo que hago.

-¿Cuáles son sus planes

más inmediatos?

 Seguir trabajando y  mejorando. Y me gustaría cambiar algo en el futuro, y es eso de “no te rías, que esto es serio”, por “esto es serio, ríete mucho”.


 



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