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SUEÑO EN RUINAS

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El proyecto arquitectónico de las Escuelas de Arte de Cubanacán hoy está incluido en la lista de los cien monumentos mundiales más importantes en peligro de destrucción, según la fundación internacional World Monument Fund.

CARLA GLORIA COLOMÉ SANTIAGO,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.   

-Mira, ven por aquí. Natural. Haz como si fueras uno de nosotros  y los custodios no se dan cuenta, de lo contrario, te piden un pase. Así me dijo Michael, estudiante de segundo año de la carrera de Dramaturgia. Entonces yo me disponía a conocer las Escuelas de Arte y él a develármelas.

-Ese edificio por el que vamos a pasar es la beca. Es lo más feo del lugar, así que ni te fijes en él.

Caminé. Llegué a la Facultad de Artes Plásticas. Grandes cúpulas.  Amplios talleres de creación. Una fuente que simula una vagina. Y los techos, todos, de ladrillos color ocre. Luego de esta Facultad, un campo verde e inmenso que prologaba a otras instalaciones: el edificio donde radica la rectoría y se estudia Música, la Biblioteca, un restaurant.

Divisé la Facultad de Arte Teatral, también de ladrillos y una estructura castillezca. Ladrillos más allá en la que sería la Facultad de Música -con forma de gusano y a lo que debe el sobrenombre-, pero nunca ha sido usada con esos fines.

-Ven, mira esto y dime si te gusta, me dijo Michel.

Miré. Me gustó. Mucho. Eran las ruinas de la Facultad de Ballet y Circo del Instituto Superior de Arte (ISA). Una vez más los ladrillos, estructura laberíntica, un poco extraña, y demasiado hermosa.

Había conocido, entonces, las Facultades de las Escuelas de Arte. Hoy, esas instalaciones –declaradas ejemplo de arquitectura sobresaliente en el período revolucionario-, están declaradas Zona de Protección por la Comisión Nacional de Monumentos de Cuba e incluidas en la lista de los cien monumentos mundiales más importantes en peligro de destrucción, según la fundación estadounidense de alcance internacional World Monument Fund. 
                                                       II

“Yo siento que me voy a jubilar y los edificios no  van a estar terminados”, dijo Pedro Ángel González, director docente metodológico del Instituto Superior de Arte y profesor de Literatura y Teoría de la Danza desde hace 41 años. “Cuando lo comenté la primera vez fue en broma. Ahora es en serio.

“Nada de esto existía. La escuela comienza en las casas del lujoso reparto Cubanacán. Eran las de las personas de la burguesía cubana que abandonaron el país, algunas funcionaron como escuelas y otras como albergues.

“Este lugar era el selecto Country Club habanero y, donde ahora estamos, una habitación de hotel. Lo de allá, un excelente campo de golf, y si cruzas la calle hay una pared, allí había un aeropuerto, una línea privada de personas del gobierno de Batista. Tenía vuelos a Miami, New Orleáns. Muchos se bajaban del avión y venían a jugar golf”, dijo el profesor Ángel González.

Ahora es 2011. Conversamos en un departamento del edificio central, donde se estudia Música y radica la rectoría del ISA. Si hubiese sido 1950 y algo, el profesor y yo estuviéramos sentados, como él dijo, en un cuarto de hotel, hablando quién sabe de qué asuntos.

1959. Triunfo revolucionario. Con él, toda una serie de proyectos para el rescate de las artes como tarea esencial e inmediata en el país. Las Escuelas de Arte de Cubanacán –en aquel momento solo comprendía las instalaciones de la Escuela Nacional de Arte (ENA)-  se crearon en marzo de 1962, para agrupar al talento joven de todos los lugares de la Isla.

“Fidel, en el discurso a los intelectuales en 1961, habló de la creación de lo que él llamó la Academia Nacional de Arte, donde se traerían a todos los muchachos que tuvieran talento. Cuando se terminó la Campaña de Alfabetización, vino el plan de becas para estudiar en estas escuelas. La ENA se nutrió de personas que conocían algo de arte y de otras que habían salido de la campaña. Las actividades aquí comenzaron el 2 de mayo del siguiente año”, afirmó González.

En el campo de golf, y junto a las instalaciones que antes habían sido de la burguesía cubana, comenzó la construcción de las cinco edificaciones que se erigieron como complejo arquitectónico más sobresaliente del período revolucionario.

Entre los años 1961 y 1965, tres arquitectos se lanzaron a realizar los proyectos arquitectónicos que tenían en mente para el estudio de las artes en el país: el camagüeyano Ricardo Porro como arquitecto principal del proyecto, quien tuvo a su cargo el diseño de las facultades de Artes Plásticas y la de Danza Moderna y Folclórica, y los italianos Roberto Gottardi y Vittorio Garatti, que se ocuparon de la construcción de las de Arte Dramático, y Ballet y Música, respectivamente.

Margarita Jiménez Miranda, secretaria desde 1985 en el edificio rector del ISA, dijo: “Ellos visitan la escuela a cada rato. El último que vino hace poco fue Garatti. Siento que están descontentos, se nota. No pudieron terminar el proyecto en aquellos años y ahora vienen y lo encuentran en este estado.”

El arte en la Isla de Cuba se enseñaría dentro de un proyecto arquitectónico pensado para que cada instalación fuera autónoma, de acuerdo con la carrera artística que allí se estudiara y las técnicas estilísticas variadas, según las miradas de cada diseñador, pero con el objetivo común de representar la tradición y la identidad cubanas.

El profesor Ángel González recordó que “este era un proyecto que trataba de utilizar formas muy novedosas para la época. Te darás cuenta que el de Teatro parece un castillo, como la fortaleza donde ocurren los hechos de Hamlet, el de Artes Plásticas tiene semejanza con las cúpulas catalanas, pero en todos hay algo común, el contraste entre el verde de los campos de golf y el color ocre de las paredes, hay un predominio del trabajo en ladrillo.

“Por la mitad de los años 60 solo había dos edificios prácticamente concluidos, el de Artes Plásticas y el de Danza. El de Teatro quedó a medias, llevaba un anfiteatro que nunca se hizo. Existen dos que permanecieron completamente abandonados, el de Ballet y Circo, y el de Música. Entonces Ballet tuvo que compartir espacios con el de Danza. El de Ballet está situado en un lugar que, cuando el río Quibú se desborda, lo inunda. No sé por qué no se calculó la fuerza del río. Ese edificio nunca se utilizó y no veo cómo se va a resolver el problema, porque requiere de una gran inversión”.

Las clases en las escuelas de Arte comenzaron en los primeros años de la década de 1960 y aún se mantiene la enseñanza en estas instalaciones. Lo que no continuó fue el soñado proyecto arquitectónico que situaría las construcciones artísticas en la vanguardia de los monumentos cubanos. En 1965 pararon las construcciones en las Escuelas de Arte de Cubanacán. Las obras quedaron inconclusas.

Hoy, quienes aquí estudian sienten la nostalgia de un proyecto prácticamente en ruinas. Michael de la Cruz Gómez, estudiante de segundo año de Teatrología, dijo al respecto: “Lo que a mí me provoca todo es tristeza, un proyecto que fue bien pensado y no se pudo terminar. Para nosotros esta escuela es una obra de arte, y un creador, cuando ve parada su obra, siente una sensación como de aborto. Es triste, incluso mas allá de cuánto pueda afectarnos en la docencia. A nosotros nos explicaron que las obras permanecen paradas por falta de presupuesto y ya ni esperanza tenemos”.
                                                                III

-“¿Por qué? Imagínate. El proyecto nunca se terminó y las razones claro que fueron económicas”, comentó el profesor Ángel González.

En medio de esa situación, la ENA no suspendió sus labores y nació en 1976 el Instituto Superior de Arte, ocupando cuatro de las instalaciones ya existentes del proyecto de Escuelas de Arte Cubanacán. En sus inicios, el ISA contó con tres facultades: Artes Plásticas, Artes Escénicas y Música. En 1987 y 1989 fueron inauguradas las facultades de Arte Danzario y Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, respectivamente. Actualmente, el edificio de Danza, diseñado por Porro, aún pertenece a la ENA.

González refirió que “en 1976 se construyó el ISA, y el ISA requería de un espacio, por lo que ocupó parte de este lugar. Hacía poco tiempo se había creado el Palacio de las Convenciones, al cual le fueron asignadas muchas casas de la ENA. Luego se hizo el edifico de becas, que por su construcción no concuerda con los demás y siempre ha sido visto como un mal edificio.

“Había falta de locales. ‘El gusano’ comenzó a ser habilitado en una parte. Siempre la falta de local afectó, pero yo creo que el desarrollo que ha habido tanto en la ENA como en el ISA es bueno. Hemos dado muchas clases debajo de árboles. Una parte de la Facultad de Música se filtra, se mojan los pianos. Pero nos acostumbramos a vivir así”.


                                         IV

1999 fue la fecha en que  comenzó el proyecto de reconstrucción de las Escuelas de Arte. En el Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba de ese año, Fidel expresó “que era como retomar una utopía cuando estábamos en el fondo del pozo, en el momento más difícil, como retomar una especie de sueño, algo que había quedado, primero inconcluso y que luego se había ido destruyendo y arruinando más y más”.

Ángel García recuerda que “cuando Fidel habló de retomar el proyecto, todo parecía que podía ser más fácil, la vida ha demostrado que era difícil. De ese planteamiento se cumplió, con mucha demora, la restauración de las facultades de Artes Plásticas y de Danza de la ENA. Se acometió el arreglo de la Facultad de Teatro, pero no ha sido ni con la fuerza ni los recursos suficientes”.

El planteamiento de Fidel concibió la participación de los tres arquitectos que idearon los proyectos iníciales, quienes aceptaron. A su vuelta, estos se encontraron con obras cada vez más deterioradas, espacios saqueados, completamente en ruinas.

Midelis González, jefa del Departamento de Inversiones del ISA, refiere: “En 1999 comenzó la restauración de las escuelas. El 16 de abril de 2004 inició la restauración de Artes Plásticas y cerró en 2010, casi lista. La Facultad de Arte Teatral empezó los trabajos en abril de 2008 y en el 2110  comenzó el cierre técnico de la obra por falta de financiamiento. Actualmente, El Gusano se está usando con otros fines, como almacenes y oficinas, pero no hay disponibilidad financiera para terminarlo y que se emplee en actividades docentes.

“La zona de la Facultad de Ballet y Circo es susceptible de inundación. En el proyecto está previsto modificar el curso del río Quibú, para aliviar los problemas de inundaciones. En 2009 se iniciarían los trabajos de dragados del río, lo cual no se pudo por falta de recursos.

“Hoy la restauración solo está consolidada en el edificio rectoral. Cuando se retomaron las obras, se preveía un periodo de 13 años para su culminación, pero la nueva meta es incierta”.

Ángel González refirió: “Esos son edificios que fueron hechos con materiales que ya no se producen en el país. Prácticamente no existe la industria de los tejares. Yo, como ciudadano, como persona que ha trabajado aquí tanto tiempo, no me siento con la autoridad de reclamarle nada al país, porque todos sabemos de la situación que en estos momentos tenemos”.

Por su parte, la estudiante de primer año de Diseño Escenográfico, Sixta Castro Noa,  dijo: “Desde que entré, doy clases en una casa de la escuela. Lo que se supone sea nuestra Facultad, está en reparación, según los comentarios que se oyen por ahí. Es una pena que no demos clase en ella porque eso nos perjudica. No existen los talleres, tenemos que esperar a segundo año para que nos asignen uno de quienes terminan quinto. Muchas veces coinciden las clases teóricas con las de otros grupos y nos vamos a recibirlas en unos bancos que hay en el jardín.

“Es una lástima que con tantos recursos que el país destinó para hacer estas escuelas, todo haya quedado a medias y lo hayan dejado destruir. Los estudiantes estamos preindispuestos al respecto. Todo lo que tenga que ver con financiamiento casi siempre se vuelve una utopía. Muchos se han graduado sin ver nada reparado, siempre hay un problema, siempre pasa algo”.

A pesar del pesimismo que puedan tener, los estudiantes de estas escuelas de arte han sabido convivir, primero con el total abandono del proyecto, luego con una reconstrucción que carece de los recursos necesarios para prever fecha límite de culminación.

Sobre si estos trabajos han perjudicado la actividad docente de quienes ingresan a estas escuelas, opina la Doctora Maida Sánchez, vicerrectora Docente del ISA: “Sí ha habido una afectación, por ejemplo, la Facultad de Arte Teatral se desmanteló para la reconstrucción. Preparamos lugares para la docencia y tuvimos que crear en la beca unos salones de teatro y danza para que los estudiantes pudieran dar las asignaturas de la especialidad.

“Para nosotros, el tema de la construcción ha influido en la reducción de aulas, de recursos en general. Tenemos problemas con los locales, los instrumentos, el equipamiento. Muchos materiales que se necesitan son importados, es una inversión millonaria.

“Convivir con la restauración ha sido un reto. Cuando te dicen que es por un tiempo, pues vale el sacrificio, pero cuando se detiene el proceso, las cosas cambian”. 



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