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DIME QUÉ ESCUCHAS Y TE DIRÉ QUE ERES

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En las calles de La Habana conviven diversos personajes que conforman un “abanico estereotipado”, dividido en grupos y subgrupos de jóvenes. La música, la moda y hasta el mínimo detalle, tienen el poder de unir o disgregar.

 

ROSA FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los relojes marcan la una de la madrugada, gran parte de la ciudad reposa junto a Morfeo, pero en el parque de G, nadie piensa en dormir. Un grupo tararea desde el suelo varias canciones de rock, el sonido de un celular viene a mitigar el estribillo y dos bancos más allá alguien habla de suicidio.

Cada viernes, sábado o domingo la escena se repite. Llegan de todos lados, y de todas las formas, solo de observarlos un momento se puede definir quienes son: su vestimenta, la música que escuchan o lo que hablan, los delatan.

¿Indios en la ciudad?

El concepto de tribus urbanas fue creado en 1990, por un sociólogo francés llamado Michel  Maffesoli, a pesar de estar en desuso  en el mundo entero, se ha retomado en Cuba para explicar las tendencias de los jóvenes a formar grupos y subculturas, con las que se sienten identificados, explicó Fabián García, sociólogo del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

Lo de tribu es porque el concepto encierra en sí un regreso a lo arcaico, a lo bárbaro, planteándose como tesis fundamental que las relaciones interpersonales están dadas por la presencia de sentimientos y cualidades afines que giran en su mayoría alrededor de la estética. Lo de urbano, proviene de que todas estas culturas juveniles se asientan principalmente dentro de las ciudades, donde encuentran su espacio, sostiene García.

Desde el punto de vista de la psicóloga Daibel Panellas, profesora de Psicología de la Universidad de La Habana, este concepto guarda muchos puntos de relación con el de identidades juveniles, puesto que vendría siendo una versión desde una óptica sociológica de los fenómenos identitarios que tienen lugar principalmente en  edades tempranas.

Quién eres o qué eres

El sol anda por la Rampa. Frente a la feria de 23 caminan dos muchachos. El pelo se les  atraviesa en un ojo formando un peinado que algunos llaman bistec, la ropa negra desafía el calor y una hebillita rosada aporta la información que faltaba. No cabe dudas, son un par de emos.

La palabra emo es el diminutivo de emotional (emocional), característica que los diferencia ya que son individuos en su mayoría adolescentes con problemas de autoestima y muy depresivos.

Deslie, de 15 años, refiere pertenecer a este grupo por problemas personales. Su definición de emo discrepa un poco de la de quienes creen que son aquellos que se visten de negro y rosadito e intentan suicidarse.

“Un emo  se debe llevar en la sangre, no en la apariencia. Los emos no se deprimen por cualquier cosa sino por motivos que aunque sean pequeños, ellos los engrandecen. En mi caso, el desaliento se debe a que mis padres no están en Cuba y mi abuela que es la que vive conmigo no me comprende. Tengo tendencias bisexuales y creo que la gente me recrimina por eso. A veces camino creyendo que todos lo saben y  eso me hace sentir mal.”

Ramón, de la misma edad, se considera, a pesar de pertenecer a este movimiento, una persona feliz. Hace unos años fue freaky  y según comenta, los emos tienen mucho que ver con este grupo ya que la música que escuchan nació del punk corn, género muy similar al rock.

“Escucho cualquier cosa mientras no sea reggaetón, tengo bastantes amigos y me gusta la vida, no me deprimo por todo aunque a veces me siento triste. Me gusta esta pinta, pero no la forma de pensar de quienes la llevan, nunca he pensado en suicidarme, y no creo que llegue a ese punto.”

La doctora Daibel Panellas caracterizó a este grupo como un foco de preocupación para la sociedad, dadas sus tendencias de autoagresión que pueden llegar al suicidio, aunque en una investigación realizada por la especialista explica  que los emos de la Isla, no se distinguen por llegar a tal punto.

“Los emos son los más rechazados por la sociedad y en especial por otros grupos. Presentan una posición económica alta y se visten con ropa negra y rosada con detalles infantiles. Se maquillan, aún siendo varones, sus zapatos son Vans o Converses. Su peinado característico es el bistec (mechón de pelo en la parte superior del rostro que cubre un ojo), y utilizan disímiles accesorios con toques góticos”, agregó.

Identidad, ¿dónde estás?

Para la doctora María Isabel Domínguez, psicóloga del CIPS, la identidad no es más que el fenómeno psicológico, al margen de los procesos estructurales de base, que se ven afectados por los cambios en los contextos, económicos, políticos y sociales, reflejados a su vez en las interacciones entre los propios grupos.

La juventud es una etapa muy controversial, afirmó la psicóloga Idania Rego, especialista del CIPS: “Si bien en la infancia el referente a seguir era la familia, en este período, el grupo de amistades se torna un patrón indispensable a la hora de forjar la identidad.

“La aceptación del grupo es un factor que acarrea consigo la creación de una imagen de sí mismos que claramente debe de estar en sintonía con los elementos afines de los demás integrantes. La música es considerada por muchos como el elemento que no pude faltar, sin embargo, creo que ésta no pude ir desligada de otros como el espacio, la vestimenta, la forma de actuar y el lenguaje”.

Basándose en su  investigación, realizada en el parque de G, Daibel, comenta que desde su experiencia con esos muchachos no considera que sus lazos de identidad estén estrechamente relacionados con las características ideológicas de estos, sino más bien por los lazos estéticos que los unen.

“La música no es lo que  junta a los jóvenes de la sociedad actual. A pesar de que mucho de los nombres de esos grupos devienen de géneros musicales, es importante recalcar que más allá de un sentimiento común basándose en las maneras de pensar o de actuar estas identidades se están levantando desde un punto de vista estético, construido más allá de una ideología, sino desde la apariencia.”

Si de identidades se trata, no se puede cerrar el tema sin mencionar que una persona en su formación recurre no solo a la creación de una identidad, sino también a la formación de distintos aspectos que pueden  girar  o no alrededor de los contextos en que se enmarca su identidad principal.

“Estos muchachos, más allá de su condición de mickis, freakis o repas, llevan consigo otras identidades desde donde también se les puede explorar como personas. Pueden ser padres, hijos, amigos, amantes, trabajadores y a la vez pertenecer a estos grupos”, acota Daibel

Mezclando salsa con reggaetón

Otrora quienes escuchaban salsa eran conocidos como repas, apocope de repartero, palabra vinculada con los pobladores de los barrios marginales. Este grupo se identifica de los otros por la utilización de accesorios extravagantes, de dientes y cadenas de oro, gorras y ropas  de colores fosforescentes.

Hoy, quienes escuchan reggaetón, (género musical introducido en Cuba en la segunda mitad de los 90, proveniente de Puerto Rico), son conocidos también como repas, puesto que adoptan el modo de vestir y la forma de quienes en un principio se consideraban así.

“Cuando estaba en la secundaria fui repartero, pero ahora ya no estoy pa’ eso, qué va, los repas son muy conflictivos, llevan a las fiestas punzones y machetes y a la mínima cosa saltan a fajarse, yo estoy pa’ andar tranquilo y fuera de las broncas, cuando uno es chamaquito no analiza bien las cosas y después vienen los problemas. Todavía me gusta el reggaetón y bailo casino pero no me considero un repa,” apuntó Manuel, de 23 años.

Alfonso, de 25, opina que este movimiento surgió en el país como respuesta a las situaciones económicas y de vivienda, luego del comienzo del periodo especial: “La  ley del más fuerte se interpuso y la chusmería y la guapería aparecieron. Aquí lo que más hay son repas porque eso viene con el cubano y no se le puede quitar. Nosotros no  tenemos un modo determinado de vestirnos porque nos ponemos lo que hay, lo mismo andamos con un pullover ancho y una gorra, que con un jeans y un pinguerito apretao.”

José, en sus inicios como músico, hacia hip hop, y ahora es uno de los más conocidos cantantes de reggaetón. El cambio repentino –asegura- se debe a que al cubano lo que le gusta es moverse: “Este género latino es muy contagioso. Al público hay que darle lo que le gusta y a los cubanos lo que le gusta es esto.”

Esto es pa´ los mickis…

Los mickis en sus inicios eran conocidos también como discotequeros, son similares a los pijos españoles, los pitucos peruanos o los fresitas mexicanos.

“Para los mickis la estética juega un papel primordial en sus vidas, combinan sus ropas y  hacen hincapié en la importancia de estar arreglados, usan perfumes caros y se distingue por su alto poder adquisitivo, puesto a que provienen de familias adineradas”, agrega Daibel.

Darío, con solo 12 años, se considera micki: “Me gusta la música house, vestirme con ropas de marcas originales que me queden bien y andar siempre con una buena perfuma. A veces oigo reggaetón cuando voy a una fiesta  y lo bailo y eso, pero prefiero la música tecno. No me considero un repartero.”

“A mí siempre me ha agradado andar bien vestida y frecuentar lugares caros, aunque la gente me dice que soy micki, yo no me veo así. Mi solvencia económica no es mala y por eso prefiero pagar por un buen lugar antes de ir a uno mediocre, tengo amigos de todos los modos, repas y freakis y no creo que pertenecer a un grupo determinado sea capaz de definir algo”, comenta Yusimí.

Claudia Cancio Bello, estudiante de Psicología de primer año, piensa en este grupo como un estilo de vida y no como una subcultura: “Los mickis son bastante plásticos y superficiales, se creen superiores a los demás solo por tener buena posición económica y eso no lo es todo, hay cosas más importante que van más allá de un celular o de las marcas.”

Desembarcando en los freakis

El término freaky proviene de su significado en inglés: extraño o raro. Los jóvenes que pertenecen a este mundo son tildados así por su modo de vestir y su manera de actuar para con la sociedad. Son distinguidos por usar ropas negras, con accesorios de metal y hasta botas, escuchan música rock, tienen tendencias a la drogadicción y poco poder monetario, así los denomina María Soledad Sonora, experta en Investigaciones Jurídicas, en un estudio realizado sobre este grupo.

Alejandro ya tiene 23 años. Escucha música rock desde los 14, y aunque en un principio todos creían que se le pasaría con el tiempo sentirse freaky, hoy por hoy sigue considerándose tan rockero como siempre.

“Recuerdo cuando estaba en la secundaria, me gustaban los grupos más radicales, ahora me he abierto un poco a todo y hasta escucho reggaetón. Me gusta el rock, la pinta y la filosofía de quienes son como yo, pero no soy tan cerrado como muchos que andan por ahí que no quieren saber de otra cosa que no tenga que ver con su mundo. Mi mejor amigo es repa y a mí no me importa que lo sea.”

“Eso de andar por ahí con el pelo requete largo y vestido de negro a mí no me gusta, yo escucho mis cositas y tengo mi pinta un poquito freaky, pero no ando gritando por un poco de atención”, señaló Frank.

Lourdes estudia música en la escuela Amadeo Roldan y  expresa a través de ella sus ideas y parecer. Desde pequeña le gusta el rock y aunque en la escuela no le enseñan ese género, es lo que prefiere tocar.

“Antes yo me cerraba y no escuchaba nada que no fuese esto, recuerdo que siempre andaba vestida de negro aunque hubiese tremendo calor, y llena de pulsos de pinchos. Cuando uno crece va dejando a un lado esas cosas y empieza a pensar diferente, ahora lo mismo puedo andar vestida muy radical hoy que ponerme unos tacones y un vestido para ir a un teatro. No tiene nada que ver.”

Ernes toca en una banda de rock, según su criterio, los medios han ido desplazando a esta cultura juvenil, “antes por lo menos teníamos Cuerda Viva, un programa dedicado solo para nosotros, ahora poco a poco nos han ido quitando todos los espacios y ahorita hasta nos quedamos sin G.”

Según agrega Daibel, de los rockeros devienen muchas subculturas como los punks que escuchan géneros similares. Los integrantes de estos grupos tienen una mayor tendencia a mantener su identidad basándose en tales ideales hasta traspasar el límite de la adolescencia y, a diferencia de los otros grupos, se afianzan más a un ideal musical compartiendo gustos basados en ese patrón.

¡Éramos tan jóvenes!…

“Antiguamente no existía nada de lo de ahora, de freaky, micki o repa. Estaban los hippies, los que escuchaban a los Boni M, y los demás eran los pepillos. Nosotros, los dinosaurios, a diferencia del ligerito Mp3 o Mp4, salíamos con el radio BF arriba del hombro, pero eso sí, éramos felices”, dice entre sonrisas Baudilio Espinosa, locutor del programa la Neurona Intranquila.

Para Enfraín, sus tiempos de hippie fueron los mejores,  “andaba a mi aire, con el drum, sin bañarme, con el cuarto pintado de negro y  una juventud que ya no vuelve. Después, me casé y tuvo un niño y todo ese mundo se desvaneció.”

Las cosas no han cambiado tanto desde esos tiempos, las diferencias entre jóvenes siguen siendo visibles. Como dirían los muchachos del dúo guantanamero Buena fe: ”Para bien o para mal nos continúan”.

“Cuando mi época las cosas eran diferentes a como son hoy, la gente no andaba por ahí volviéndolo todo un estereotipo y la música tenía otra connotación,” expone Orestes, de 51 años.

Para encontrarse a sí mismo no hay que recurrir a las banalidades, ni a la superficialidad. A veces, intentando ser originales, se reproduce un estereotipo y se convierte la persona en lo que más temía: en alguien que por querer ser diferente, es igual a los demás.

Nota: Los nombres de varios entrevistados fueron cambiados, respetando la privacidad de las fuentes.



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