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DESHOJAR EL CALENDARIO

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El deseo y la curiosidad suelen ser las principales motivaciones para la iniciación sexual a edades tempranas. La orientación y comprensión de la familia y la escuela contribuye a no “quemar etapas”.

LILIANA MOLINA Y ROSANA BERJAGA,
estudiantes de tercer año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

“Pensé que ese día tenía que suceder.  Viví la ilusión de una noche y después él no volvió a mirarme. Cumplir quince años me hizo sentir una mujer. Lo conocí el día de mi fiesta y supuse que era el momento indicado para tener mi primera relación sexual. Realmente no sentí nada. Él se fue y me quedé allí, debajo de la escalera, sin saber qué hacer. Luego cometí un intento suicida… estaba desorientada.”

Desear no es estar listos

La adolescencia es una etapa de desarrollo en la que se consolida la autoconciencia y la identidad personal. Es un “período de tránsito” durante el cual no se es niño pero tampoco adulto, por lo que generalmente presenta características de uno y otro de manera inestable. Los cambios físicos en la pubertad atraen la atención del adolescente hacia sí mismo y conllevan a que experimente una necesidad creciente de independencia y autoconocimiento.

Elsa Gutiérrez Baró, Profesora Titular de psiquiatría infanto-juvenil, asegura que un adolescente puede estar apto biológicamente para la reproducción, pero no se encuentra maduro en lo físico, social y emocional para enfrentar este paso.

“El cuerpo se desarrolla, el adolescente se siente grande, pero no tiene madurez ni experiencia para hacer frente a las posibles repercusiones de una relación sexual a edades tempranas. Tienen que hacer primero lo que corresponde a su edad, pues cada etapa de la vida tiene sus tareas y compromisos.

“Es cierto que las personas nacen y mueren sexuadas, pero hay que tener un control propio de la sexualidad. Los adolescentes pueden, a pesar del llamado de su conciencia, obrar contra ella conscientes de los peligros y riesgos de su aventura. No existe una ley que diga a qué edad debe empezarse, no es una cuestión de leyes, se trata de preocuparse por la prevención y promoción de la salud, por darles a los niños una información fidedigna, comprensible, que les resulte útil para prevenir enfermedades y actitudes imprudentes e irresponsables”, explica la doctora.

Afirma, además, que la edad recomendable para iniciar las relaciones sexuales es después de los 16, aunque se está comenzando sobre los 14 y 15 años, a veces en lugares que no son los más propicios: “Desde el punto de vista psicológico, esto podría provocar frustraciones, porque en muchos casos los adolescentes no tienen la madurez ni el conocimiento necesarios para iniciar su vida sexual.”

El deseo y la curiosidad suelen ser las principales motivaciones para la iniciación sexual en los adolescentes, “¿pero qué es sexo sin ternura, sin cariño, sin amor?”.

¿Cosas de niños?

Nelly Ghiotto, estudiante de Medicina, afirma que “con 12, 14 años, no se tiene suficiente madurez para comenzar a tener una relación sexual. Es un período muy conflictivo. Si el adolescente no se entiende a sí mismo, ¿cómo es que va a entender a su pareja? Creo que hay que esperar para saber ciertamente lo que se quiere y no dejarse llevar por la curiosidad, lo que dicen los amigos o imitar las conductas de otros.”

Para Camilo Valdés, de 38 años, “el problema” no está en la edad de inicio de las relaciones sexuales, sino en saber cuidarse de las enfermedades y los embarazos, “porque entonces la carga es para los padres de él o ella.”

Sin embargo, Paulina Echenique, quien trabaja en el estanquillo frente a Maternidad de Línea, considera que “eso hay que combatirlo porque no es normal. Es un crimen ver tantas niñas saliendo del hospital. Uno está preparado para empezar sexualmente después de los 20 años si no está estudiando, de lo contrario, habría que pensarlo. Hoy día las cosas son muy musicales, debería esperarse al matrimonio, pero en la actualidad  eso casi nunca pasa.”

Hay jóvenes que como Sissy Alcántara, estudiante de Diseño Industrial, no aprueban las relaciones sexuales antes de los 15 años, pero en muchos casos aseveran que “esta edad es una buena para comenzar”. 

Isabel, bibliotecaria del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), considera que no es necesario intentar prevenir el inicio de las relaciones sexuales a edades tempranas “porque hay impulsos que no pueden controlarse.” También piensa que en esto influyen algunas películas, videos clips y series televisivas que despiertan el interés por lo erótico. “Es difícil contrarrestar este tipo de propuestas cargadas de sensualidad.”

La estudiante de 19 años, Lenia Manso, opina que “no es cuestión de quién empieza primero o después, sino de sentirse preparado y confiar en la pareja; no importa si eres hombre o mujer. Hay muchachas y muchachos que son precoces y comienzan antes por curiosidad. No obstante, los adolescentes deben esperar a tener la suficiente madurez psicológica y física para comenzar las relaciones sexuales.” 

Una explosión de hormonas

En la adolescencia resulta de particular importancia el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios como el vello pubiano, las mamas en la mujer y los cambios en los órganos genitales de ambos.

Entre lo más significativo de esas transformaciones está la aparición en los varones de la eyaculación y en las niñas, de la primera menstruación, denominada también menarquia, que marca una etapa importante en la madurez biológica durante la pubertad.

El ginecobstetra Juan Castell Moreno, Profesor Titular del Instituto Superior de Ciencias Médicas, refiere que durante los primeros años de la adolescencia, los órganos de las niñas no están completamente formados ni preparados para procrear. No obstante, existe la posibilidad de un embarazo sin haber visto la primera menstruación, porque la niña puede estar ovulando, aunque no se haya completado el ciclo menstrual.
 

“El útero y las trompas se encuentran poco desarrollados, por lo tanto, la evolución del embarazo implica mayores riesgos, ya que los músculos pelvianos van desarrollándose a medida que la muchacha madura. Muchas niñas de 12 ó 13 años que salen embarazadas no desarrollan las mamas, están más propensas a la anemia, el parto prematuro y a las enfermedades durante el embarazo.”

 
Según explicó el doctor Castell, durante la adolescencia se recurre más al aborto. En el Hospital Docente Ginecobstétrico "América Arias", el número de interrupciones sólo entre 2003 y 2009 asciende a más de 189 en niñas menores de 15 años, mientras que de 15 a 20 años, se cuentan cerca de 2 900.

“Hay madres que llegan a la consulta y juran que sus hijas no han tenido relaciones sexuales con el novio, pero desconocen que los juegos sexuales también pueden provocar embarazos, pues el espermatozoide tiene la vitalidad suficiente para trasladarse por la zona vaginal hasta el útero. Es por eso que a veces se ve la niña con la muñeca en la mano y ya están embarazadas sin siquiera imaginarlo. El bebé se convierte en un juguete de otras niñas.

“Los varones son más precoces que las hembras. Adolescentes de 10 ó 12 años han dejado embarazada a una muchacha, pero suelen ser menos juzgados que las niñas porque no sufren riesgos, al no ser los de contraer enfermedades de transmisión sexual”, asevera el doctor.

En los últimos años, la edad de la primera menstruación ha disminuido, pero el ginecobstetra asegura que no es el principal factor que determina la iniciación sexual a edades tempranas, pues si la niña está bien informada y tiene una buena comunicación con la familia, puede ser capaz de determinar el momento en que desea comenzar su vida sexual.

Con la manzana en la cabeza

La mayoría de los estudios acerca de la iniciación sexual en los adolescentes muestra que la práctica y la abstención mantienen una relación directa con la educación familiar.

La información brindada al adolescente por la comunidad y la familia constituye un factor que puede contribuir a prevenir conductas riesgosas, pero se requiere de congruencia en el actuar y el decir de los adultos, pues ellos son responsables, en gran medida, de las decisiones y conductas asumidas por el niño al llegar a la etapa adolescente.

A Yanet todos la juzgaron cuando tuvo relaciones sexuales con 14 años, pero señala que su familia reaccionó “mejor” cuando descubrieron que estaba embarazada: “Fue simplemente un desliz, nunca creí que podría pasarme. Quiero mucho a mi hijo, pero con 15 años una no piensa en la responsabilidad que implica la crianza de un niño. Perdí muchas cosas y he tenido que posponer sueños. Con mi madre nunca tuve una conversación fluida sobre sexualidad y con mi padre, menos…Nadie entendió después que había fallado la comunicación”.

“En mi casa nunca me hablaron sobre sexualidad, nunca tuve confianza para contarle nada a  mis padres”, cuenta Yoan, de 23 años, quien asegura que lo dejaron “estrellarse” contra los problemas y hacer las cosas como las imaginó, “por eso cometí muchos errores. Cuando uno comienza a tener relaciones sexuales no hay que independizarse de los padres, se debe contar con ellos.”
 
 
La economista Olga Ferrer comenta que mientras más temprano se les comience a hablar a los niños sobre sexualidad, es mejor. También afirma que hay que decirles cómo son las cosas sin evasiones ni tabúes, “porque después la realidad les resulta chocante. Los muchachos de 10, 12 años ya comienzan a pensar en las discotecas, en las fiestas, y allí es donde con más frecuencia ocurren estos encuentros que a veces pueden pesar toda la vida. Siempre oriento a mis hijas y les digo que se protejan.” 

Francisco Díaz  es abuelo de seis nietos y manifiesta que les ha brindado confianza para hablar sobre sexualidad: “Ellos concuerdan conmigo en que primero hay que estudiar y después habrá tiempo para formar una familia.”

No obstante, todavía hay adultos que temen atravesar la frontera de los prejuicios e incluso desaprueban que se traten temas sobre sexualidad en las escuelas, porque eso “despierta el deseo” en los adolescentes.

Del dicho al hecho…

La escuela, dentro del sistema educativo, debe reafirmar el aprendizaje obtenido en el hogar, proporcionar información y consolidar valores mediante la convivencia de los maestros y alumnos. Más allá de lo académico, debe tomar como referencia los problemas reales de la vida cotidiana para conocerla, reflexionar y enriquecerla.

En el Politécnico Antonio Guiteras, del Vedado, una profesora del centro afirma que allí se conversa mucho sobre sexualidad: “Los promotores de salud están vinculados con la escuela y frecuentemente vienen, imparten conferencias y sostienen encuentros con los alumnos.”

Sin embargo, Juan Carlos Trujillo, presidente de la FEEM en el politécnico, plantea que “en ocasiones se tratan esos temas en los turnos de debate y reflexión, pero no es algo sistemático. No existe ningún tipo de coordinación con algún promotor, pero conocemos al almacenero del Centro de Prevención contra las ITS/VIH/SIDA, quien nos facilita los plegables, revistas y afiches que repartimos por las aulas.”

La profesora Dulce Valera reconoce que “el papel de la escuela es importante, porque contribuye a que los alumnos tengan una mejor educación sexual. La familia también es fundamental, aunque existen algunas que consideran a la escuela como la encargada de decirlo y hacerlo todo, y están en un error. Debe existir un apoyo mutuo, sin delegar responsabilidades.”
 

“Empecé a tener sexo bastante temprano y tuve que orientarme solo. Por lo general, en las escuelas lo único que dicen es cómo se pone el condón, y a mí no me gusta usarlo”, opina Andy, estudiante de Contabilidad. El joven agrega que “en las aulas podríamos proponer temas, pero es que nadie se atreve a hablar. Todo es importante en el sexo y deberían referirse, por ejemplo, a la higiene. He aprendido en la práctica, como todo el mundo. La teoría no enseña nada.”

Un grupo de estudiantes de la secundaria básica Guido Fuentes sostiene que en el aula no les hablan sobre el aborto o el inicio de las relaciones sexuales, pero sobre el uso del condón, sí. Algunos grupos tienen círculos de interés sobre sexualidad, por lo que tienen que esperar las exposiciones de los trabajos para informarse, dicen.

Letty Rodríguez, Profesora General integral (PGI) de octavo grado de la secundaria, explica que no hay un turno específico para hablar sobre sexualidad: “No es como la ortografía, que la puedo trabajar en todas las asignaturas. Un espacio bueno para tratar el tema sería la teleclase de Biología o el repaso que les corresponde a  los alumnos una vez a la semana.

“En el centro no se han dado casos de embarazos, por lo que se supone, ellos tengan conocimiento. El turno de debate nos lo planifican, y si este mes lo que toca es política, eso es lo que voy a debatir.”

Yalicia Sánchez, PGI y jefa de noveno grado, señala que “dentro de la escuela debería haber alguien especializado que les hable a los estudiantes acerca de las relaciones sexuales. Ellos pueden acercase a nosotros, pero no estamos capacitados para hablarles sobre sexo. Se corre el riesgo de que interpreten mal lo que decimos y los padres se quejen.”

En cuestiones como esta, no es preciso sentar culpables en el banquillo de los acusados, pero que las relaciones sexuales comienzan a edades cada vez más tempranas es una realidad difícil de ignorar. Que “la juventud está perdida” es, en muchos casos, la justificación para evadir responsabilidades y para hacer recaer la “culpa” sobre los adolescentes. Estos pueden fallar, pero los adultos  también se equivocan y aprenden.



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