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ENTRE LA COMPULSIÓN Y LA FUENTE INFINITA DE ENTRETENIMIENTO

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El comediante y el músico se mezclan en la personalidad de Anael Granado, más conocido por el gordo Titi.

SERGIO ALEJANDRO GÓMEZ GALLO ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un niño corre a saludarlo: ¡Titi, Titi!, y se escucha un murmullo. “Mira, ese es el gordo de la televisión”, y aunque Anael Granado (el Titi) no se considera famoso, cuando sale a la calle, no le faltan muestras de aprecio. Hacer de la vida cotidiana su cantera para provocar risas le ha dado el reconocimiento de la gente. El que lo conoce mejor, sabe que Anael no termina en el humorista; a la sombra de sus éxitos como comediante vive un talentoso compositor musical.

-¿Cuándo te diste cuenta

que querías ser humorista?

Yo no me di cuenta en ningún momento. Es una compulsión y una necesidad que se trae consigo. Desde pequeño me gustaba pararme en medio de los lugares y que la gente me mirara y se riera. El destape final fue en la Universidad cuando yo decía las cosas y las personas por alguna razón se reían.

-Eres graduado de Ingeniería Eléctrica

en la CUJAE. ¿Cuándo se produce el

salto de ingeniero a humorista profesional?

Fue casi inmediatamente: yo terminé la CUJAE en julio de 1993 y comencé en un grupo humorista profesional en septiembre del mismo año. Pasó poco más de un mes.

-¿Para qué te ha servido estudiar

una carrera universitaria?

Esto es algo que escuché decirle a un profesor y me ha servido mucho: la Universidad  te enseña a enfrentar mejor la vida y a buscar alternativas.

-¿Cómo descubres que eres famoso?

¿Famoso…?

-Yo sé que no te defines así, pero...

Vamos a entrar en tu nomenclatura. Yo me doy cuenta de la fama cuando las cosas que antiguamente para mí eran cotidianas dejan de serlo, digamos, montar en una guagua o caminar por la calle. Mucha gente te conoce y da lo bueno que tiene, pero otra da lo malo.

-¿Tu fama te ha sacado

de algún problema?

La licencia de conducción. Me han parado entre cinco y siete veces y nunca me han puesto multas.

-¿Consideras que haces

un humor social?

Sí. El humor que nosotros hacemos es más de un 80 por ciento social. No hablamos de la vida tal y como es, transmitimos las cosas con códigos alterados para que sea humorístico.

-¿Es difícil hacer ese tipo de humor?

Es difícil. Lo que más nos perjudica es la autocensura, te limitas a la hora de decir algo por el qué dirán. A veces piensas: me parece que esto está muy duro, tengo que aflojar o, incluso, cuando dices algo y el público reacciona demasiado, te limitas. La censura también existe, nosotros hemos tenido que cambiar espectáculos en lugares porque al director del teatro le ha molestado o porque a alguien del público el día anterior le incomodó. Pero para mí la más importante es la autocensura.

-¿Cuál es la peor pesadilla

de un humorista?

El humorista tiene una cosa que lo diferencia a otras manifestaciones del arte. Cuando en otras tienes un día malo la forma en que lo expresas es más sutil. Los especialistas podrían notarlo, pero en el gran público puede pasar inadvertido. Nosotros estamos en una línea muy fina entre el ridículo y la euforia: por un cambio de acento o una pausa fuera de lugar, el chiste no funciona y pasas directamente al bando del ridículo y todo el mundo se da cuenta.

-Hay en ti dos facetas: El Titi

que sale en televisión y trabaja

en los clubes, y el Anael Granado

que hace música y sólo sale en los

créditos. ¿A qué le atribuyes que

el primero sea mucho más conocido?

El humor es como la pólvora, la música no. La propagación de la música es mucho más lenta. Aquí en Cuba hay una inclinación natural al humor, hay mucha necesidad de humor; además, es una de las manifestaciones artísticas más económicas. A un humorista lo paras en cualquier lado con un micrófono, o sin él, y se puede dar la función. Esto ha permitido que el humor llegue a muchos lugares y se propague más rápido.

-¿Qué es la música para ti?

La música es una fuente de entretenimiento infinita. La música en sí es infinita y como lo es, tienes la posibilidad de divertirte con algo que siempre va a cambiar. Me da también la posibilidad de la soledad que disfruto mucho.

-¿Cómo se mezclan tus dos facetas con

el Anaelito de su casa y sus amigos?

Ahora, como profesionalmente soy humorista, me administro y disfruto más escuchar que hablar. Muchas veces llego a encuentros entre amigos y lo que quiero es estar callado, no soporto estar en primera línea poniendo el tema y poniendo la gracia. La música..., bueno, la música... no puedo separarme: soy las dos cosas.

-El Titi no pasa inadvertido en ningún

lugar. ¿Crees que el físico te ha ayudado

a consolidar una identidad que

te diferencia de los demás?

El físico ha sido muy importante, cosa que lamento, estoy ahora en una dieta severa que pienso funcione y esa imagen va cambiar y cuando cambie, veremos qué sucede. Cuando yo empecé en el humor pesaba aproximadamente 150 libras menos de las que peso ahora y era cómico. La gente no decía: si él fuera gordo fuera más cómico.

El Titi como es un gordo es más propenso a ser un antihéroe, las personas se identifican con los antihéroes. Los gordos somos como los marginados de la sociedad y si te encuentras con un gordo que es triunfador y bromista, la gente se identifica. Con Otto, mi compañero de trabajo, pasa una cosa curiosa: la gente le dice que para él todo es fácil porque no es gordo y que el mérito es mío porque siendo gordo he salido adelante. Mi esperanza es que independientemente de mi peso siga siendo cómico.

-¿Estás conforme con

lo que has logrado?

Estoy conforme con el humorista, pero no con la parte de la música. Las fórmulas del humor están hechas y son bastante rígidas, no pienso que pueda lograr mucho más de lo que he logrado. Sin embargo, como la música es tan abstracta, tengo más caminos y más puertas que tocar. Quiero explorar más en la música.

Ficha técnica:

Tipo de entrevista: De personalidad.

Objetivo Central: Conocer las facetas de la vida profesional del entrevistado.

Objetivos secundarios: Ahondar en su personalidad. Conocer sobre su historia personal. Conocer sus planes profesionales.



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