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"EL MAGISTERIO ES TODA MI VIDA"

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El enfoque principal al impartir las clases de computación es vincularlas con la vida cotidiana, afirma el Doctor en Ciencias Exactas Carlos Expósito Ricardo.

 

 

Texto y foto:
SUSANA TESTÉ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una sencilla oficina en el Ministerio de Educación es cómplice de muchos años dedicados por este hombre al perfeccionamiento de los métodos educativos cubanos.

El Doctor en Ciencias Exactas Carlos Expósito es de mediana estatura, pelo canoso y frente ancha. Tiene apariencia de hombre inteligente y perspicaz. Sus ojos parece que hablan. La mirada siempre fija. La voz, a veces alta y enérgica cuando habla de lo que es necesario hacer para lograr un magisterio más culto. A veces baja, con un toque de nostalgia cuando acepta que los jóvenes de hoy prefieren estudiar otras carreras y no magisterio. “Para promover la formación  de maestros es por lo que trabajo a diario. ¡El magisterio es toda mi vida!, dice el  profesor.

-¿Cuál es su labor como metodólogo

del Ministerio de Educación?

Asesorar los métodos de enseñanza de la informática en los distintos niveles escolares, es decir, que se cumplan lo planes de estudio ya sea de los software educativos, como los de informática como asignatura.  Los estudiantes de la enseñanza primaria comprueban sus conocimientos mediante la colección Multisaber, los de secundaria básica ejercitan las asignaturas con Navegante, y los del preuniversitario con la colección Futuro; estos últimos dedican 70 horas a la computación.

-¿Qué métodos emplea el MINED

para la aplicación de la

enseñanza informática?

Hacer práctica la enseñanza de la misma. El enfoque principal al impartir las clases de computación es vincularlas con la vida cotidiana, mediante  problemas relacionados con el diario quehacer de la sociedad, de esta manera, no solo se prepara a los alumnos para resolver ejercicios de informática, sino también para la vida.

-¿Cuáles han sido los logros

del MINED en la enseñanza

de la computación?

De 20 000 computadoras con las que se empezó el programa de enseñanza de computación, hoy tenemos unas 84 000 para satisfacer las necesidades de los usuarios, todas estas preparadas con los software educativos que se han perfeccionado hasta alcanzar gran calidad.

-Antes de ser metodólogo usted

fue profesor de matemática y

computación. ¿Qué sintió

al impartir su primera clase?

Todo el que se enfrenta por primera vez a un aula siente mucho nerviosismo y preocupación. Mi experiencia no fue distinta. La primera palabra resultó muy difícil, luego comencé a hablar y lo difícil fue detener esa placentera conversación entre alumnos-profesor, como si toda la ternura del mundo se concentrara en el aula repleta de muchachos de diferentes edades, pero con aspiraciones similares. Esos rostros ansiosos de conocimiento y optimismo hicieron de mí un eterno enamorado de la profesión.

-El Instituto Superior Pedagógico

Enrique José Varona fue el centro

que lo formó como profesor y donde

dio sus primeros pasos en el magisterio.

¿Qué siente por ser fundador  de la 

casa de los maestros  cubanos?

Me  siento muy honrado por ser fundador del instituto. Tengo tanto por agradecer al Enrique José Varona y a todo su colectivo que solo lograré retribuirle siendo mejor profesor cada día. En ese centro me formé no solo como maestro. Allí comprendí mi compromiso con la patria. Los años vividos en ese centro los tendré en mi corazón eternamente. Fue mi punto de partida, el comienzo de mi vida. Allí éramos una familia, un todo inseparable, nos cuidábamos unos a otros y juntos resolvíamos cualquier problema.

-¿Cómo son las relaciones

con sus alumnos?

Magníficas. Siempre con las bases bien sentadas en el respeto y la mutua comprensión. Incluso, cuando los alumnos se ofuscan y desesperan  porque reprobaron algún examen o no están conformes con su nota, siempre les doy esperanzas y no en vano. Los exhorto a esforzarse  más  y, por ende, trabajo de manera estricta  con ellos. Eso no significa que cuando imparto clases lo haga de manera diferenciada, solo siento preocupación por reconocer quién requiere más atención en el aula para  ofrecerle el  trato preciso.

De esta manera, logro un balance entre todos los estudiantes para desenvolvernos  en un ambiente  lleno  de optimismo. Pienso que si les ofrezco la familiaridad  necesaria  logro  formar no solo  maestros sino los jóvenes que necesita nuestra revolución. Así he logrado verme reflejado en ellos. Eso  me ha impulsado a trabajar duro para superarme y dar  mejores clases. 

-Usted también impartió clases a

alumnos de México, Venezuela y España.

¿Qué diferencia  existe entre impartir

clase a  los alumnos cubanos

y a estos otros?

He conocido muchachos de otros países y me he encariñado con ellos.  Son muy buenos, tienen muchas ganas de aprender y siento mucho gusto cuando les imparto clases y percibo que están satisfechos. Pero por los estudiantes de Cuba llego a tener un gran afecto y tiendo a ser paternalista, por la solidaridad y la naturalidad característica de casi todos. No hay mayor satisfacción que impartir clases a un aula de alumnos cubanos en la cual el aprendizaje será recíproco.

-Doctor, usted dirigió un grupo de

jóvenes maestros que impartieron clases

en  Angola. ¿Cómo fue esa experiencia?

Gratificante. Yo era guía del primer Contingente Che Guevara que cumplió misión como  profesores en ese país africano. Fue sorprendente supervisar a aquellos muchachos. Ellos se sobreponían a las   dificultades  con  una  grandeza  increíble. Constituyó un gran reto,  pues  los apoyé en la  preparación de  clases de Matemática  y Física, también de Historia y Español y estas no tenían nada que ver con el perfil de las disciplinas estudiadas por mí.  Me preparé  muy bien para ayudarlos a cumplir su encomienda. Fue un trabajo difícil del que todos aprendimos mucho. Nunca olvidaré esos días de  forzado “portuñol” (mezcla de idioma portugués y el español) bajo las altas temperaturas de Angola, donde un grupo de cubanos prestó su servicio siguiendo las doctrinas de la solidaridad y amistad hacia todos los pueblos del mundo.

-¿Qué deben tener en cuenta

los maestros en el desempeño

de su profesión?

Hay dos cualidades que deben ser inherentes a los educadores: la consagración y el desenfado. La primera, porque no se concibe un  maestro que despierte  y no piense  en las clases a  impartir, se lleve un bocado a la boca y no sienta preocupación por el alumno ausente a clases ese día, se vaya a la cama sin antes revisar los exámenes aplicados  esa tarde, sabiendo que sus alumnos desean saber la nota.

No se concibe un maestro que no sufra con las penas que agobian a cualquier alumno, no estalle de alegría cuando los estudiantes se gradúen, y no luche con todas las fuerzas posibles por hacer sus clases más amenas.

Y debe ser desenfadado, porque en el momento exacto deberá olvidar su posición de profesor para convertirse en el amigo, el padre, el hermano, incluso el confidente. Solo así lograra ser respetado, admirado  e imitado.

En las manos de los educadores está el futuro de sus alumnos. Ellos harán lo que el maestro le trasmita en el quehacer diario. El maestro es el espejo donde se miran los estudiantes y, por tanto, debe permanecer limpio y transparente, solo  así  la educación cumplirá con la labor que le corresponde: la formación de las nuevas generaciones.


 
-¿Cómo califica la labor de los

Profesores Generales

Integrales en formación?

Digna de admiración, aunque reconozco que deben prepararse mucho más para alcanzar sus metas y sentirse retribuidos cuando sus alumnos cumplan las de ellos.

La labor de esos muchachos necesita dedicación, consagración y mucho esfuerzo, pues enseñar es un trabajo complejo. Los Profesores Generales Integrales (PGI) son jóvenes y  están lejos de sus  casas.

La  diferencia de edad profesor-alumno es casi nula. Todo esto hace muy difícil su desenvolvimiento. Aun así, pienso que lo más complicado es el intercambio de asignaturas a mitad de curso: quien  imparte clases de Ciencias Exactas desde septiembre hasta febrero pasa a  ofrecerlas  en el campo de las Humanidades el resto del curso. He ahí lo verdaderamente difícil, pues generalmente quien es afín con las ciencias  le cuesta bastante desarrollarse en las asignaturas de humanidades. Lograr que nuestros profesores sean integrales es un gran desafío en el cual trabajamos sin descanso.

Todos tenemos mucha confianza en los muchachos del curso en formación, sus tutores, los padres de los estudiantes y los educandos mismos. Nadie les dijo que el camino a recorrer sería fácil, todo lo contrario. Confiamos en nuestros profesores emergentes. Sabemos que ellos ponen todo su empeño en ser mejores y cumplir las expectativas de quienes tan fervientemente depositamos fe en su labor.

-¿A qué cree se deba el déficit de

profesores existente en Cuba?

La carencia de pedagogos no se puede analizar como un problema existente  en nuestro país únicamente, sino de forma universal. Nuestro fallo está en la falta de estimulación, sobre todo económica, que se les ofrece a los maestros. Esta labor es determinante en la vida y a quienes la ejercen se les debe reconocer inmensamente.

El  reconocimiento a los educadores debería ser prioridad en todo el mundo porque sobre las manos del profesor reposa la tarea de formar jóvenes consientes y comprometidos con el momento  histórico en el que viven.

-Durante 40 años usted fue profesor

de futuros profesores en el Instituto

Varona. ¿Se siente satisfecho

con la labor desempeñada?

Me siento muy orgulloso porque he visto el fruto de mi esfuerzo florecer. Soy testigo de que mis alumnos se han convertido en magníficos maestros y sus alumnos los respetan y admiran  mucho. Eso significa que el trabajo de toda mi  vida no ha sido en vano. Además, he sido, soy, y seré fiel a mis motivaciones, y el magisterio es una de ellas. Después de tantos años dedicados a la enseñanza y a la metodología, considero que hay mucho por hacer todavía. Mientras me sienta útil en mi trabajo, mi entrega será ilimitada.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Explicar la importancia de la  labor de los metodólogos de Educación a partir de las vivencias del profesor Carlos Expósito.
.
Objetivo colateral: Dar a conocer los métodos educativos puestos en práctica para la aplicación de la informática en Cuba.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: individual.
Por su forma: clásica.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: vía directa.

Tipo de título: de referencia al tema.
Tipo de entrada: retrato.
Tipo de cuerpo: clásico.
Tipo de conclusión: de comentario del entrevistado.

 

01/09/2011 21:48 islalsur #. Rostros del Varona


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