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EL PRIVILEGIO DE SER EDUCADOR

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IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Nikki Sánchez Hood, un joven canadiense de 15 años, escribió: "Lo que necesitamos son buenos maestros que te hagan preguntarte qué sabes sobre el mundo y quién es quien cimenta las comunidades en las escuelas. Buenos maestros es lo que necesitamos". 

Volteemos la memoria. ¿Cuáles son los maestros que recordamos y quiénes, ahí en la mochila de las nostalgias, van juntos como amigos queridos que dejaron su impronta en nuestros propios valores de la vida? 

Intento hoy establecer un orden de querencias y ellos vuelven en partida porque no hay podio de premiaciones que les imponga segundos o terceros lugares, quizás porque tuve el privilegio de tener maestros Valientes cuando ni siquiera era posible soñar con el esbozo de su significado actual que anda en la búsqueda de un docente que armonice la integralidad de la escuela, la familia y la comunidad, con el alumno y su individualidad como eje principal. 

Podrían parecer amables recordaciones, pero cuánto pudo influir en la muchachada de San Antonio de los Baños, la profesora Migdalia con su clase de Literatura y después, a cualquier hora de la tarde-noche recibir en la casa, sin importar tareas hogareñas y exigencias de hijas pequeñas, a quienes nos disputábamos la lectura primera de un libro

Y Odilio y su delicadeza para hablar de asuntos cotidianos sin asustarnos de la madurez que vendría como etapa insoslayable de la vida. Su pasión por los alumnos era tanta, que ya "hechos y derechos", nos mandaba pequeños regalos avenidos con nuestra profesión.

Ovidio, el de Educación Física, ante cada examen de Inglés me esperaba con un caramelo para ayudarme a soportar el pavor de hablar en otro idioma.  Tuve un director y un profesor de Física que recitaban poemas en las noches de Escuela al Campo. Yayita me enseñó las primeras letras. Luz Marina "enloquecía" por mi grafía pequeña, pero la justificaba ante mis padres. Y Mariaisabel nos parecía a las niñas de quinto grado el paradigma de cómo hablar, gesticular y vestir, mientras que era la "maestra linda" de los varones. 

Al pasar los años me pregunto si fue más fuerte lo que aprendí de las propias asignaturas, o si el valor mayor queda en el apego de ser una persona íntegra. Indiscutiblemente, en esa forja del humano, el hogar es imprescindible como fuente nutricia, pero los buenos maestros dejan en cada uno de nosotros también un pedacito de sí mismos, sin que merme su caudal de entregarse una y otra vez al paso de cada nueva generación. 

Ahora tengo otro privilegio, el de periodista inserta definitivamente al sector de la Educación. Sigo apegada a pizarras y pupitres, a esas casas grandes donde el magisterio de Luz, Martí y Varona se percibe en miles de hombres y mujeres que a despecho de sus propios problemas, van entregados a la formación de los hombres y mujeres del mañana. 

Puedo hablar, entre cientos de pedagogos y a riesgo de ser injusta porque la relación sea breve, de Alexis Almaguer, que en su primera clase, y sin método alguno, optó por imitar a su antiguo profesor José Miguel Torriente, porque admiraba su creatividad para enseñar; de Silvia Reyes, para quien encontrarse en la calle con adultos que le recuerdan su paso por la escuela es la emoción más fuerte que puede experimentar; de Elsa Núñez, que define al educador como un sembrador por excelencia; de Héctor Valdés cuando suscribe que "ser maestro hoy es estar en la primera trinchera del combate", o de Lidia Turner, esa pequeña mujer que en cada diálogo insufla optimismo, porque "trabajar siempre, esa es la meta". 

Cuba hoy consolida su permanente revolución educacional. Los programas que lleva adelante así lo demuestran. Amigos y enemigos, no hay quien pueda rebatir la verdad de un país que se preocupa por el crecimiento cultural e integral de su pueblo, haciendo de la enseñanza una posibilidad de las masas. 

Si pudiera hablar con el adolescente Nikki Sánchez Hood, le propondría las palabras de Juan Carlos Melero, español vinculado a Cuba en el tema de educación: "De este país hemos aprendido mucho y contactamos una realidad educativa sumamente valiosa. La Isla, comparada con las naciones del entorno, es un lugar de primer orden, y hay que destacar que nadie le ha regalado nada, todo lo contrario. Ustedes han puesto sobre la mesa la posibilidad de una comunidad que cree en sí misma, que puede hacer cosas importantes en pro de la infancia mediante la educación y la salud como derechos fundamentales de los seres humanos". 


 

27/09/2011 23:59 islalsur #. Muy Personal


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