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“ROGITO SIGNIFICABA TODO PARA NOSOTROS”

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Conversación con Orlando Perea Suárez, hermano de uno de los mártires de Goicuria y O’Farril, en 1958.

Texto y foto:
ARIANNA CEBALLOS GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Entrevistado: Orlando Perea Suárez, hermano de Rogelio Perea Suárez, uno de los mártires caídos junto a Pedro Gutiérrez y Ángel Ameijeiras, en Goicuria y O’Farril, La Víbora.

Año 1958. Corría el mes de noviembre, iniciado con grandes tensiones. Faltaba poco para el triunfo de la Revolución, y poner fin a la explotación a la que el pueblo cubano había sido sometido durante tanto tiempo.

Para hacerlo posible, tuvieron que morir muchas personas, y el día 8 la sangre volvió a fluir, pues en la madrugada, las fuerzas de la tiranía batistiana irrumpieron salvajemente en una casa situada de La Víbora, en la que se refugiaban cuatro jóvenes miembros del Movimiento 26 de Julio.

Tres de ellos fueron asesinados: Ángel Ameijeiras (Machaco), Pedro Gutiérrez y Rogelio Perea. 50 años después, Orlando Perea Suárez, hermano mayor de éste último, siente más que nunca la presencia de Rogito (como le llamaban cariñosamente) y recuerda acerca de las experiencias vividas a su lado.

-¿Cómo transcurrió la niñez de su

hermano en Melena del Sur,

su pueblo natal?

Rogito nació el 13 de agosto de 1937, era dos años menor que yo y dos mayor que Marta, nuestra hermana. Procedíamos de una familia humilde; papi trabajaba en el central Merceditas, y mami era ama de casa, fuimos víctimas de la miseria, las desigualdades sociales y el desempleo que imperaba en aquella época.

Mi hermano, de pequeño, siempre se mostró muy vivo, muy despierto. En los estudios se destacó por su rápido poder de captación y retentiva, participó en muchos concursos y obtuvo el primer lugar varias veces en el de Ortografía. Recuerdo que los viernes se escogía un alumno integral, con buenos resultados durante el transcurso de la semana; luego, al final del año, el estudiante que más destacado era distinguido con el Beso de la Patria, a Rogito le fue otorgado en  diversas ocasiones.

Le gustaba jugar a la pelota, aunque no era de los mejores, se integró al equipo municipal donde ocupó la segunda base. Asimismo, comenzó a interesarse por la música a raíz de una convocatoria que se hizo para formar la Banda de Melena, todo nuestro grupo se presentó a las pruebas, él fue uno de los pocos que aprobó. Tocaba muy bien el saxofón.

A pesar de que su formación cultural fue incompleta, debido a que no tuvo la posibilidad de pasar la escuela superior, estudiaba de forma autodidacta, leía durante horas, tenía un escaparate lleno de libros. A causa de la necesidad de ayudar a la economía de nuestro hogar, comenzó a trabajar en una tienda llamada Casa Nené.

Se reunía  por las tardes con sus amigos en el Liceo (ahora Casa de la Cultura), donde compartía con ellos, hablaban de deporte, de política. Por las cualidades que poseía aglutinaba muchas personas a su alrededor.

-¿Cuáles fueron las primeras

manifestaciones revolucionaras

en las que participó?

Al conmemorarse el primer aniversario de la muerte de Eduardo Chibás, la ortodoxia convocó a un acto en la Escalinata de la Universidad de La Habana; al llegar allá, nos encontramos con que todo se había suspendido, entonces Rogito dijo que fuéramos para el cementerio de Colón, que seguro allí habría algo.

Por aquel entonces no conocíamos La Habana y no sabíamos dónde quedaba el cementerio, por lo que caminamos por el costado de la Universidad y nos sentamos frente al edificio dónde hoy está la Facultad de Filología. En eso pasó un entierro y Rogito dijo: “¡Vamos por ahí, porque esos van para el cementerio!”. Le hicimos caso y llegamos. 

El cementerio estaba tomado, pero al frente de la tumba de Chibás había un pequeño grupo. Rogito, que contaba solo con 15 años, se subió a una tumba y dijo algunas palabras. Al rato disolvieron la manifestación y salimos ayudados por un sepulturero.

Después de esa, Rogito participó en muchas actividades, entre ellas en un movimiento de protesta que se originó en el municipio, el pueblo se declaró ciudad muerta y los trabajadores tomaron la Sociedad Maceo, se organizó una manifestación en el central y él la encabezó.

También estuvo presente en una huelga azucarera nacional en 1955, producida por la negación del pago del diferencial azucarero, ésta tuvo gran repercusión en Melena. Mi hermano marchó al frente acompañado por el cura del pueblo, Benigno Fuentes.

-¿Cuándo se incorpora Rogito

al Movimiento 26 de Julio?

En el año 1955 empezó a organizarse el Movimiento 26 de Julio en Melena; él fue uno de los primeros que se incorporó. Al pasar una semana, ya era jefe del grupo. Entonces comenzó a distribuir La historia me absolverá, así como la Carta Semanal, boletín que se editaba una vez a la semana por el Partido Socialista Popular. Muchas veces utilizaba la tienda donde trabajaba para esos fines.

En la última decena de noviembre de 1956 se dio un alerta a través del Movimiento, porque iban a suceder determinados acontecimientos, nosotros los desconocíamos, solo sabíamos que algo iba a pasar. Con el tiempo, supimos que Fidel había enviado el aviso de su partida de México y el desembarco del yate Granma.

Todos estábamos en espera, en el pueblo se preparó un acto por el 2 de diciembre, Día del Melenero Ausente, cuando llegó la noticia de los sucesos del alzamiento en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre, Rogito dijo que no podía haber fiesta, debíamos troncharla. Se realizaron una serie de sabotajes, al final se logró el objetivo: evitar los festejos, las acciones coincidieron con el desembarco del Granma.

-¿Cuáles considera que fueron los

factores que incidieron en la incorporación

de su hermano al Movimiento?

Rogito sufrió y fue testigo de privaciones, despidos, hambre, represión, las referencias le llegaban de muy cerca, pues pipo era obrero azucarero, ganaba poco y sobre él pesaba el tiempo muerto. Todo eso, unido a la conciencia de clases que en él se despertó, los sucesos del cuartel Moncada y el alegato de autodefensa de Fidel, contribuyó a que nacieran en él ideas de rebeldía y que llegara a pensar que la lucha armada constituía el camino correcto hacia la victoria.

-¿Sus padres estaban conscientes

de lo que su hermano hacía?

Sí, pero a pesar de todas las preocupaciones que eso podría generar en ellos, siempre tuvo el apoyo incondicional de los viejos; ellos sabían que su causa no era en vano.

-¿Usted compartía con él

sus ideas revolucionarias?

Sí, toda la vida.

-Su hermano fue preso el 12 de junio

de 1957. Durante el tiempo que

estuvo en la cárcel, ¿fue a visitarlo?

Él estuvo casi un año recluso en el Castillo del Príncipe. En ese período mis padres, mi hermana y yo íbamos a verlo todos los jueves. Mientras él permaneció allí, yo le recogía los recados en la bodega en la cual trabajaba y serví de enlace a los presos con el exterior.

-¿Considera que la estadía en la

prisión contribuyó a seguir forjando

sus ideas antimperialistas?

Sí, allí conoció a personas como Arístides Viera, Gustavo y Ángel Ameijeiras, Sergio González (El Curita), Enrique Hart, entre otros que influyeron en él de una forma determinante para su formación como hombre y revolucionario.

-¿Podría contar acerca de las acciones

clandestinas en las que su hermano

participó en la capital?

Al salir de la cárcel, en febrero de 1958, se unió al grupo de Arístides Viera y comenzaron a realizar juntos actividades clandestinas. Participó en la preparación y ejecución de los planes de la huelga del 9 de abril, en sabotajes, manifestaciones, etc. Se mantuvo siempre activo hasta el momento de su muerte.

-¿Por qué cuando él decide

quedarse en la ciudad,

usted no lo acompaña?

Nosotros hicimos una especie de pacto, mi tarea era cuidar, como decía él, a “los viejos y a Martica”, le preocupaba mucho lo que pudiera pasarles.

-¿Lo vio con frecuencia después

de que se fue de Melena?

Conocíamos de él todas las semanas, pero lo vimos solo algunas veces en casa de unas tías que vivían en La Habana; la última vez que lo vi fue un mes antes de que muriera asesinado.

-¿Cómo conoció de su muerte?

El día 8 de noviembre me llegó la noticia de que hubo un tiroteo en La Víbora, donde estaba operando el grupo de Machaco Ameijeiras; supuse entonces lo peor, pues Rogito se encontraba con ellos. Alrededor de las 7 u 8 de la mañana me avisaron que mi hermano había muerto. Inmediatamente pipo y yo fuimos a La Habana a gestionar para que nos entregaran el cadáver.

-¿Qué sintió al enterarse de que su

hermano había sido asesinado?

Rogito significaba todo para nosotros, para mí era el hermano virtuoso, el amigo, el compañero, el guía ideológico y político. Hubiese dado mi vida por tenerlo a nuestro lado. Cuando murió tenía apenas 21 años.

-¿Les entregaron el cuerpo?

No. Sabíamos que los cadáveres habían sido llevados al Cementerio de Colón, pero nadie se presentó ante los familiares para ofrecer alguna explicación. A la semana siguiente supimos que Maulini, un famoso funerario, conocido como el hombre que salvaba a los muertos, había alquilado una bóveda para Rogito, Machaco Ameijeiras y Pedro Gutiérrez. El 8 de noviembre de 1960 exhumamos sus restos y lo enterramos en el cementerio de Melena, junto a su amigo y compañero de lucha Gregorio Arlés Mañalich. Mi hermano expresó en una ocasión: “Tengo reservado un lugar junto a él”.

-¿Piensa que el libro “Rogito”,

escrito por Dolores Nieves Rivera,

cumplió su cometido?

Fue un testimonio hecho con un gran amor por Rogito, meditó y demoró un tiempo para escribirlo, constituye una vía para mostrar a las nuevas generaciones cómo jóvenes como ellos lucharon por lo que creían justo y perdieron su vida en el intento.

Muchos desconocen la historia de Rogelio Perea Suárez, un joven que supo actuar como un hombre verdadero. Personas como él no deberían quedar solo en las páginas de un libro; es necesario que el pueblo conozca a sus mártires y aprenda a quererlos y recordarlos,  pues como expresa una frase martiana: “El pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es”.
 
Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer acerca de la labor revolucionaria de mártir Melendro Rogelio Perea Suárez, a través de su hermano Orlando.

Objetivos colaterales: Conocer como fue la niñez de Rogito en Melena del Sur; Saber cómo eran los vínculos afectivos con sus familiares, en especial con su hermano; Conocer cómo conoce Orlando Perea Suárez (entrevistado) la muerte de Rogito; Indagar acerca de lo que significó para el entrevistado la muerte de su hermano; Saber qué piensa el entrevistado acerca del libro escrito sobre Rogito.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: Individual.
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De opinión autorizada.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: De cita textual.
Tipo de entrada: Retrospectiva.
Tipo de cuerpo: Clásico.
Tipo de preguntas: 1-Abierta; 2-Directa; 3-Directa; 4-De Opinión; 5-Cerrada; 6-Abierta; 7-Cerrada; 8-De Opinión; 9-Abierta; 10-Abierta; 11-Cerrada; 12-Abierta; 13-Abierta; 14-Cerrada; 15-De Opinión.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistador.

Fuentes consultadas:
Libro: Rogito, escrito por Dolores Nieves Rivera. Documental.



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