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UN HOMBRE, DOS MUNDOS

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Constancia, una memoria excepcional y la voluntad de servir hicieron de Walfredo Piñera una figura importante de la crítica cinematográfica, maestro de maestros.
 
LAURA PIÑERA RUIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Walfredo Piñera Corrales, católico práctico y periodista especializado en crítica cinematográfica, se supo un enamorado del cine desde muy niño. Tenía 12 años cuando comenzó a escribir sinopsis sobre las películas que veía, ilustrándolas y encuadernándolas en forma de libros. Después, con increíble perseverancia, a lo largo de 60 años, conformó un archivo que incluyó a miles de realizadores y todavía hoy en la Universidad de La Habana (UH) se encuentra en uso.

Los esfuerzos dirigidos a convertirse algún día en realizador de filmes, permitieron que aún careciendo del título requerido, en 1952 lograra introducir sus crónicas cinematográficas en el periódico El País Excelsior, con las cuales ganó sus primeros cinco pesos, y como no podía firmarlas, eran publicadas con el seudónimo de Ignotus, que significa incógnito.

“Estas crónicas gustaron también en el Diario de la Marina, y uno de sus reporteros, Ricardo Cardet, quien se convertiría en un gran maestro de la profesión, comenzó a publicarlas con mi firma. Por no tener un título que avalara el trabajo que hacía, fui acusado de intrusismo y exigieron que hiciera la carrera de Periodismo. En 1952 inicié estudios en la escuela Marquéz Sterling de donde egresé cuatro años más tarde. Trabajé en el Diario de La Marina hasta que cerró a principios de la Revolución.”

 
-¿Cómo acogió Walfredo Piñera

los cambios sociales de 1959?

Elsa Viera, la esposa, escucha la conversación y revive ese momento trascendental en sus vidas: “Walfredo siempre se mostró inconforme con la injusticia social que reinaba antes del triunfo revolucionario. La denunciaba desde que integró el Consejo de la revista D.I.A., en los Maristas, escuela religiosa donde se hizo bachiller.

“Visitábamos los barrios indigentes, acercándonos a la inmensa miseria de esos grupos. Repartíamos víveres, ropas y juguetes el Día de Reyes. Recuerdo cómo después de una tormenta los ayudamos a reconstruir sus viviendas”.

Piñera rememora que el encuentro con el mundo de los pobres le impactó y radicalizó socialmente: “Concienticé la necesidad de una revolución profunda, que removiese la tierra”.

Como todo momento de cambio, los inicios de la Revolución trajeron disyuntivas en las familias cubanas. Hoy, Elsa retoma ese tiempo crucial en sus vidas: “Valoramos la decisión de marcharnos o no hacia Estados Unidos ante el desconcierto reinante en sectores de la clase media a la cual pertenecíamos. Estábamos presionados, además, por el reclamo familiar. Él, sin vacilar, dijo que no se iría ni aunque cayeran raíles de punta porque las nuevas leyes promulgadas por los revolucionarios, significaban hacer realidad sus sueños de justicia”.



-Desde el punto de vista profesional,

¿cómo se encamina su vida después de

ese cambio y luego de cerrar el

periódico para el cual escribía?

Comencé a trabajar para el Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba, donde asesoraba y evaluaba posibles inversiones privadas cinematográficas. En 1965 empecé como asesor del Vicerrectorado Docente de la UH en la especialidad de medios audiovisuales. Allí sustituí al eminente profesor José Manuel Valdés Rodríguez, de quien tanto aprendí, ocupándome de la Filmoteca que él había creado y del Cine-Club Universitario.
 

-Quienes lo conocen describen a

Walfredo Piñera como una persona

siempre dispuesta a ayudar con

desinterés a todo el mundo.

¿Por qué esa actitud especial?

Porque además de participar con entusiasmo en la construcción de una nueva sociedad, mi posición cristiana me ha llevado a intentar ser cada día mejor, no solo por hacer lo correcto, sino por ayudar a mejorar la imagen negativa que de los católicos había, en gran medida, por la incongruencia entre la actitud de muchos, y la supuesta conducta cristiana que debían tener. Hubo una larga campaña de ateísmo, pero debemos perdonar y anteponer siempre el amor. Creo que he contribuido a que algunas personas cercanas a mí, evolucionaran en su pensamiento acerca del hecho religioso. 

-¿Alguna limitante para el católico

práctico en su vida profesional?

Indiscutiblemente. A veces he sido calificado de “no ser combativo”, sin embargo, siempre participé en todo lo que he considerado bueno y compatible con Cristo. Por suerte, son etapas ya erradicadas desde las mismas filas del Partido y hoy es posible la militancia religiosa y política.

-Hace algunos años usted tenía la

impresión de que el cine cubano no

había explotado las posibilidades

espectaculares de nuestra historia.

¿Ha variado en algo esa opinión?

Aunque no están agotados los temas históricos, se reconoce un esfuerzo grande con incuestionables resultados como Kangamba, Baraguá, Caravana y Los Dioses Rotos, tan mencionada por estos días. 

-Usted se jubiló en 1992,

¿ha mantenido su vinculación con el

trabajo realizado durante tantos años?

He participado en la mayoría de las ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, como jurado del premio que otorga anualmente la Organización Católica Internacional de Cine (OCIC), fundada en 1928 para hacer un esfuerzo por mejorar esta manifestación. También la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI), de la que soy Miembro de Honor, concede un reconocimiento a la mejor película del año y participo en su voto.  Asesoro a personas interesadas en el cine como alumnos y periodistas.

 

-De una vida tan completa, ¿hubo

algo que se quedó por hacer?

Me hubiera encantado llegar a dirigir una película.

-¿Por qué algunos amigos se

refieren cariñosamente a

usted como el archivo viviente?

Me abordaban constantemente lo mismo en la calle que en la oficina preguntándome detalles y curiosidades que en su mayoría recordaba al momento, por eso algunos me llaman así.

El sol se esconde, una vez más la calma recorre la sencilla casa viboreña donde hace más de 50 años vive este hombre pleno de historias y recuerdos. Junto a él, su incondicional esposa, estantes sin  límites para géneros ni temas y en una esquina, como talismán, orgullosa y fiel, su vieja máquina de escribir descansa silenciosa. Los años no han pasado en vano, el conocimiento satura un ambiente de amor y respeto por la vida.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Labor de Walfredo Piñera como periodista, crítico de cine y practicante del catolicismo.

Objetivos colaterales: Vínculo de la vida laboral de Walfredo Piñera con sus creencias religiosas. Qué representó el triunfo de la Revolución cubana   para el entrevistado. Resaltar características de la personalidad del entrevistado como la nobleza y la buena voluntad.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: Entrevista de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Entrevista cara a cara

Tipo de título: De referencia al entrevistado
Tipo de entrada: Directa (o de presentación)
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de preguntas: 1-Abierta; 2-Abierta; 3-Abierta; 4-Abierta; 5-Opinión; 6-Directa; 7-Directa; 8-Abierta.
Tipo de conclusión: Comentario del entrevistador.

Fuentes consultadas:

Documentales: Entrevista publicada en la revista Palabra Nueva No. 118. Abril 2003. Pág. 44-50.

No Documentales: Walfredo Piñera Corrales: Entrevistado. Elsa Viera de Alcázar, Gonzalo Piñera Viera, y Juana María Ruiz Viladon, familiares del entrevistado.

 

11/11/2011 17:28 islalsur #. Entre colegas


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