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ESPERANZA DE PUEBLO

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YOHANA LEZCANO LAVANDRA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Una casa sin agua es como un carro sin gasolina”, sintetizó una pobladora de San Diego de los Baños ante una interrogante que buscaba conocer la situación de tan preciado líquido en ese territorio. Y es que en dicho consejo popular del municipio Los Palacios, hasta hace solo unos pocos días, el agua estaba mucho más escasa que la gasolina.

“Teníamos una situación muy crítica, existían lugares del pueblo en los que nunca había agua. A veces solo llegaba a zonas bajas y con muy poca cantidad”, señala Olga Campos, maestra de la escuela primaria Ciro Redondo.

Belkis Valdés, enfermera del Balneario de San Diego, agrega: “Yo trabajo durante ocho horas y cuando llegaba a mi casa muy agotada, tenía que cargar agua del pozo de mi vecina para poder hacer la comida”.

Este escenario cambió para los sandiegueros gracias a la puesta en marcha de un nuevo acueducto que se inauguró recientemente. “Podemos decir que el agua ya no es un problema en esta localidad”, expresa Ramiro Barroso, presidente del consejo popular, quien añade que el servicio comenzó a suministrarse el pasado 14 de febrero (2010) como un regalo a los pobladores en el día de San Valentín.
 
Un sueño que ya es realidad

La nueva conductora parte de un manantial al que se le construyó un muro de contención para regular el flujo constante de agua, luego las tuberías cruzan por debajo del río San Diego y se incorporan definitivamente a uno de sus márgenes, sostenidas por 350 bloques de apoyo.

El agua llega por gravedad a una cisterna para ser clorada. Una vez allí, pasa por presión hacia un tanque elevado que la distribuye por las antiguas redes hidráulicas del pueblo.  

El acueducto recorre en total más de tres kilómetros de un terreno muy irregular y atraviesa cuatro arroyos mediante pases aéreos de casi 14 metros cada uno.

Según el ingeniero en Riego y Drenaje, Luis Alberto Ramírez, jefe de obra, “las redes internas del pueblo, por donde transita el agua para llegar a los hogares, cuentan ya con varios años de sobreexplotación, por lo que pueden estar dañadas. Al no existir una circulación permanente durante tantos años, la tubería se corroe desprendiendo una escoria interior que va a parar a los lugares más bajos. Con el comienzo del flujo de agua, ese sedimento pudiera interponerse y provocar la aparición de averías en las redes”.

Es por ello, señala el jefe de obra, que actualmente el suministro de agua se realiza por sectores y en horarios determinados, pues todavía el sistema se encuentra en un período de pruebas eléctricas, hidráulicas y de cloración. Pero se espera que cuando se estabilice el servicio y se controlen las roturas que puedan ocurrir, el agua se suministre a la población de forma regular.

“El manantial en su momento más crítico -continúa el ingeniero-, entrega 10 litros por segundo, y en la época de lluvia proporciona alrededor de 40, así que se espera no existan inconvenientes con la disponibilidad constante de agua en San Diego”.

“Por la situación actual que presenta la red, se prevé la distribución al casco urbano. Mas, en un futuro, existe la posibilidad de extender el servicio al resto de la periferia”, añade la propia fuente.

Pero los frutos son mayores que las imperfecciones. El acueducto no solo beneficia a los habitantes de San Diego, sino que también soluciona la insuficiencia de agua en centros de gran importancia como el hotel Mirador.

Juan Miranda Pita, gerente de esa instalación turística, explica: “Nosotros necesitábamos cinco pipas de agua diarias que se convertían en aproximadamente 155 pipas al mes. Se nos hacía muy difícil contar con esa garantía, lo que conllevaba a un nivel de consecuencia en el estándar de servicio del hotel.

En el suministro de agua mediante pipas, realizado por la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) José Manuel Lazo, se empleaban a tiempo completo dos tractores, lo que traía como consecuencia directa un alto consumo de combustible y de tiempo que se podía destinar a la preparación de tierras. Por consiguiente, la puesta en marcha del nuevo sistema hidráulico, permite además la eliminación de esos gastos económicos.

Constancia y voluntad

Varios trabajadores de la localidad brindaron su apoyo en la realización de la obra. Entre ellos se destacan los de la Empresa de Comercio y Servicios de San Diego, los de la Escogida, los de Comunales y los del Mirador, por solo citar algunos.

Nilo Cruz, secretario de la sección sindical del hotel de Islazul, destaca la labor realizada por los hombres y mujeres de su centro de trabajo y también de los restantes organismos: “La conductora ha costado un gran sacrificio, el cual ya es retribuido por lo mucho que significa para la calidad de vida de nuestro pueblo y de todas las entidades estatales radicadas en el mismo”.

Pero, sin dudas, el mayor reconocimiento debe ser para los trabajadores de la CPA, quienes lograron que el tiempo de ejecución de la obra se redujera a solo ocho meses de los 18 planificados.

“Todo no es tan fácil como se pudiera pensar. Ha sido un trabajo manual muy fuerte porque al principio no existía ni siquiera el terraplén que ahora se encuentra. Tuvimos que bajar todos los materiales a base de cubetas hasta la orilla del río para hacer los pedestales que sirven de base a la conductora. Además, nosotros trabajamos día a día durante todos estos meses, incluidos los fines de semana, desde que amanecía hasta que prácticamente caía la noche”, cuenta el cooperativista Claudio Amador.

Y agrega: “Lo más difícil y riesgoso fue la colocación de los cuatro puentes que cruzan los arroyos, los cuales fueron construidos por encima de bases de palo, con tracción animal, sin utilizar ningún tipo de maquinaria. También fue muy complicada la desviación del río para hacerle la zanja subterránea por donde pasa la tubería”.

“Todos mis compañeros, asegura el trabajador de la CPA, han sido muy laboriosos y han tenido el coraje de trabajar sin descanso sobre el diente de perro, cargando esos tubos hechos de una fibra tan gorda y pesada. Realmente, este acueducto se ha construido a golpe de constancia y voluntad”.

El delegado provincial de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez, reconoce que la obra, valorada en 650 mil pesos en moneda nacional y más de 170 mil en moneda libremente convertible, está calificada como una de las de mayor calidad en la provincia, gracias al esfuerzo realizado por los pobladores.

Aunque aún existen quienes dudan un poco, en las calles de San Diego no se comenta otra cosa: el acueducto se ha convertido en una esperanza de pueblo.

“Estamos muy satisfechos con la nueva conductora, pues es un logro muy grande que nos llena de confianza. Si bien sabemos que el servicio todavía no está llegando de forma permanente, nos sentimos muy alegres porque al menos la gran mayoría de nuestra localidad vuelve a tener agua, expresa Michel Pacheco, trabajador del policlínico Isabel Rubio.

“Claro que el acueducto es como una bendición para el pueblo, opina Yudelkis Tabares, carpetera del hotel Mirador. Contar con el beneficio de ese imprescindible líquido es una ilusión que se ha convertido en realidad después de tanto tiempo”.

Para Ferdinando Lardillett, jubilado, la obra constituye el reto más importante que se ha podido alcanzar en esa comunidad, y la que más agradece el pueblo: “Es algo que potencia nuestros deseos de vivir y de soñar, que está muy dentro del corazón de todos los sandiegueros”.


 



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