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ADIÓS, CHARLOT

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“Me gustaría ayudar a todos si fuera posible: a los judíos y a los gentiles, a los negros y a los blancos. Queremos vivir con la felicidad del otro, no con su angustia. No queremos odiarnos y despreciarnos. En este mundo hay sitio para todos (…), manifestó Charles Chaplin, interpretando al barbero hebreo en su filme El gran dictador.

 

MARIATERESA HERNÁNDEZ MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La noche es propicia para decir adiós al universal actor cómico del cine mudo. Rodeada por rojas butacas y frente a una enorme pantalla de proyección, me hallo en la sala cinematográfica que lleva su nombre. El proyector ha detenido la imagen de este personaje, conocido por muchos como Charlot, y su profunda mirada refleja tristeza y felicidad a la vez.

Inesperadamente, la imagen de Charles Chaplin emerge de la pantalla y se acerca con su caminar oscilante hacia mí. Anda con ajustada y corta chaqueta, pantalón y zapatos inmensos, sombrero bombín, bastón en mano y ese bigote que apenas es un trazo en el rostro.

-Buenas noches, Charlot. Siento que

tengamos esta conversación en

fecha tan cercana a la Navidad.

¿Cómo supiste que nunca me agradó la Navidad? Me recordaba la extrema pobreza que pasé en mi niñez. Quizás también para recordarles a todos lo poco que la disfrutaba, el destino decidió

-¿Qué significó para usted

la etapa de su infancia?

Difícilmente me daba cuenta de la crisis del momento, porque en mi casa vivíamos en crisis continua. Mi madre era actriz cómica en un teatro de variedades y casi no conocí a mi padre. Él era alcohólico y murió cuando yo tenía 12 años. Mi hermano Sidney y yo quedamos al cuidado de mi madre, pero  el fracaso en la profesión y la falta de dinero trastornaron su salud mental y fue internada en un sanatorio, por lo que pasamos largos períodos en orfanatos. Luego, en la adolescencia, vivía solitario en medio de la niebla y confusión de mis circunstancias. Prostitutas, muchachas fáciles y unas ocasionales borracheras se entrelazaron en mi vida durante ese período.

-¿Cómo influyó esa experiencia traumática

en las historias de Charlot, con las cuales se

sintió identificada la población que

buscaba “el sueño americano”?

El personaje de Charlot era un vagabundo que añoraba mejorar su vida sin conseguirlo y, por supuesto, el americano es un optimista obsesionado por sueños apremiantes, un hombre que siempre está intentando algo.

-¿Qué importancia da

al humor en sus películas?

Considero el sentido del humor como algo derivado del dolor. Según Max Eastman, el Homo sapiens es masoquista, goza con el dolor bajo muchos aspectos, y al público le gusta sufrir por delegación. Para mí es la sutil discrepancia que discernimos en lo que parece ser la conducta normal. Gracias al humor vemos lo irracional en lo que parece racional.

-Hablando de lo que parece racional, 

¿por qué a pesar de las nuevas producciones

sonoras que aparecieron a finales de 1920,

se mostró renuente a abandonar el cine mudo?

Todo Hollywood había abandonado el cine mudo, excepto yo. Es cierto que no parece muy racional, pero no quería que Charlot, a quien creé con tanto trabajo, hablara, porque pensaba que eso lo estropearía. Seguir teniendo la impresión de que el arte de la pantomima iba quedando viejo poco a poco era una idea desalentadora.

-Debido a sus ideas progresistas,

exhibidas públicamente en películas

como Tiempos modernos o El gran dictador,

el Comité de Actividades Antiamericanas lo criticó

y definió como comunista, ¿qué piensa al respecto?

Mi estupendo pecado fue, y sigue siendo, mi carácter no conformista. Aunque no soy comunista, me negué a seguir la corriente, y a odiar a los americanos. Yo era opuesto al Comité de Actividades Antiamericanas, y aunque soy inglés, nunca he intentado hacerme ciudadano americano. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad.

-¿Qué opina del mundo de hoy?

Las complejidades cada vez mayores de la vida moderna mantienen al individuo cercado por gigantescas instituciones que le amenazan por todos lados. Nos hemos convertido en víctimas de la limitación del alma, de las sanciones y de las cosas permitidas. El sentido de la vida ha quedado embotado por el ansia de ganancia, el poder y el monopolio. Más que maquinarias, necesitamos humanidad; y más que inteligencia, amabilidad y cortesía.

Charlot toma el sombrero y el bastón. Mientras guiña su ojo derecho, se marcha a la usanza del cine mudo, dirigiéndose a cobrar nueva vida en alguna eterna pantalla. 

Nota: Las respuestas corresponden a versiones de los textos Mi autobiografía, Biografías y vidas, Charles Chaplin y Wikipedia.

Ficha técnica:

Objetivo Central: Revelar la personalidad de Charles Chaplin a través de sus ideas. 

Objetivos Colaterales: Indagar en aspectos sobre la infancia de Charles Chaplin y sobre sus ideas políticas, mostrar sus consideraciones acerca del cine que realizó.

Tipo de entrevista: Imaginaria.
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De retrato o personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Vía documental

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: Preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas: #1: de presentación; #2: abierta; #3: directa; #4: abierta; #5: directa; #6: polémica; #7: abierta.
Tipo de conclusión: Retomar una idea expresada en la introducción.
Tipo de fuentes: Documentales, tradicionales, permanentes, secundarias, indirectas.
Las fuentes de información son: Chaplin, Charles, Mi autobiografía. Editorial Debate, 1996; Blog de Raúl Barral Tamayo. Mi autobiografía, de Charles Chaplin. Apuntes Breves. Consultado 3 de diciembre de 2011; Biografías y vidas.com/ Charles Chaplin. Consultado 3 de diciembre de 2011; WIKIPEDIA - Charles Chaplin.

 



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