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EN EDUCACIÓN, HECHOS Y PALABRAS

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IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ
 

Un año antes de que finalizara el siglo XX, en el mundo 130 millones de criaturas en edad escolar no asistían a clases, otros millones iban a colegios de aprendizaje escaso, una cuarta parte de los pequeños de naciones en desarrollo comenzaba el ciclo escolar y no concluía estudios, y otros 250 millones perdían la infancia en el sofoco del trabajo a destiempo y mal pagado, cual niños yunteros del español eterno, Miguel Hernández. 

Ya en los inicios del siglo XXI, casi mil millones de personas entraron a él con la vergüenza de un sueño imposible: no poder desentrañar los misterios de un libro ni garabatear el propio nombre. Y la situación apenas variaba sus matices cuando una noticia avisó hace un decenio que la UNICEF iniciaba una campaña de recogida de material escolar, destinada a países con situaciones de emergencia en los colegios.

Según la fuente, todavía hay 100 millones de niños que no reciben instrucción escolar básica, aun cuando la tasa de matrículas se incrementa a mayor ritmo que la del crecimiento demográfico. Para luego precisar que de los no escolarizados, 60 millones son niñas.  En ese complejo universo, América Latina y el Caribe también padecen de las patadas del olvido: 42 millones de personas son analfabetas y 110 millones de jóvenes y adultos no vencieron siquiera los grados de la enseñanza primaria.

Hace más de dos décadas, en la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos, celebrada en Jomtien, la luz en la profundidad del túnel pareció titilar con alguna esperanza. Más eventos hubo de entonces acá, y el de Dakar, en abril del 2000, estableció compromisos hasta el 2015, demasiado dilatado en el tiempo para quienes hemos crecido en una permanente revolución educacional.

Entre esas metas andan las de extender la protección y la educación de la primera infancia, aportar una enseñanza gratuita, obligatoria y de buena calidad en los primeros grados, aumentar el número de adultos alfabetizados en un 50 por ciento, y suprimir la disparidad y alcanzar la igualdad en la educación entre los sexos. 

Para alcanzar esas metas, los acuerdos de los foros Mundial y Regional de Educación de la UNESCO establecen que cada país debe elaborar un Plan Nacional de Acción, el cual en Cuba constituye prioridad, aun cuando llegamos a Jomtien con todas las metas cumplidas, tras haber erradicado el analfabetismo, desarrollado campañas masivas que permitieron elevar la escolaridad promedio de la población a sexto y noveno grados, sucesivamente, y con una cobertura en ese entonces de un docente por cada 36 habitantes.

Cuba, insertada a estos proyectos, presenta condiciones ni remotamente comparables con las del resto del área. Hoy el país está inmerso en una profunda revolución educacional para convertir los niveles de cultura de la sociedad en uno de los más altos del mundo. Así están las cosas en este país bloqueado, pero que no ha desestimado su sistema educativo ni en los años más adversos de la depresión económica. 

Y mientras las autoridades educacionales en el mundo debaten sobre la calidad de la enseñanza, las prácticas pedagógicas con atrasos, la falta de conceptos y métodos para formar a los docentes, y la insuficiencia de recursos, que como jinetes apocalípticos azotan esta área geográfica, acá en la mayor de las Antillas están los docentes cubanos empeñados en transformaciones profundas que fortalecen el papel del educador acercándolo más a sus alumnos y contribuyendo a resolver los problemas de carácter social. Ese es un concreto empeño para que realmente la educación para todos sea un hecho tangible, preciso en su dimensión humana.

Miles de maestros cubanos han colaborado en la erradicación del analfabetismo en numerosos países, y cooperado en elevar el nivel profesional y técnico. Basten unas pocas referencias: más de 50 000 profesionales de nivel medio y superior se formaron en los institutos politécnicos y facultades universitarias cubanas, miles de estudiantes se han graduado y se preparan como galenos en la Escuela Latinoamericana de Medicina, y otros miles de jóvenes de diferentes naciones estudian en centros de nivel medio y superior. Nuestros modestos éxitos están a disposición de todos los pueblos. Para los cubanos, la educación es una expresión de hechos, no una retórica de palabras. 

24/01/2012 21:31 islalsur #. Muy Personal


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