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EL ENIGMA DE LAS CÉLULAS MADRE

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Al polémico uso de los embriones se suma el criterio de algunos científicos sobre si es correcto llevar el novedoso tratamiento a la aplicación clínica, aún con varias incógnitas sin descubrir.

MARITA PÉREZ DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

María Esther del Pino Bello, de 60 años, debía sentarse cada dos cuadras para recuperar fuerzas. Tenía una pierna dañada por la insuficiencia arterial y su invalidez llegó a tal punto que buscar el pan en la bodega le resultaba prácticamente imposible: “Si había un fuego, seguro me quemaba, porque no podía ni moverme”, asegura.

Sin muchas esperanzas de recuperar la movilidad, se sometió a una novedosa terapia. Parecía ciencia ficción: una inyección de sus propias células lograba en menos de una semana lo que ansiaba desde hacía tanto tiempo: caminar. Era, a su parecer, un auténtico milagro.

Después del tratamiento con células madre puede andar hasta un kilómetro sin sentir dolor. Pero detrás de la anécdota, ¿será la visible mejoría producto exclusivo de la terapia celular?

Muchos científicos se muestran conservadores con respecto a la aplicación clínica de la nueva técnica y argumentan que se corren riesgos al implantar estas células por no saber su “destino verdadero” o si pueden originar efectos secundarios indeseados. Entonces, ¿es válido en el momento actual enfrentar riesgos y aplicar esa terapia clínicamente?

Las células tienen madre

Quizás pudieran llamarse “células padre”, pero del inglés stem cell, se traducen al español como células madre, troncales o progenitoras. Ellas tienen la capacidad de autorrenovarse y permiten la generación de células hija que se especializarán en las distintas funciones de los tejidos del cuerpo. Según su estado evolutivo se clasifican en embrionarias (derivadas del embrión) o adultas (provenientes de diferentes partes del organismo humano).

El surgimiento de la llamada Medicina Regenerativa se basa en el empleo de los agentes que el organismo utiliza para autorrepararse. Esto es muy reciente y se requieren más estudios para poder hablar de ciencia constituida.

En 1981, los investigadores Martin Evans y Gail Martin anunciaron el cultivo de células madre de ratón. Diecisiete años después, en 1998, dos equipos dirigidos por los biólogos John Gearhart, de la Universidad de Johns Hopkins, y James Thomson, de la Universidad de Wisconsin, en Madison, lograban por separado recolectar en laboratorio las primeras de origen humano, en un caso, procedentes de embriones en fase de blastocisto y, en el otro, de fetos abortados.

Las principales vías para su obtención son a partir de la médula ósea, de la sangre periférica, del cordón umbilical, de tejido adiposo y de embriones, con técnicas específicas para cada caso.

La terapia se ha utilizado en Estados Unidos, Canadá, países de Europa, Japón, Corea del Sur, China, Brasil, Argentina y ahora en Cuba, donde comenzaron su aplicación con protocolos muy rigurosos y cumpliendo las exigencias bioéticas, según el doctor Porfirio Hernández Ramírez, vicedirector de Investigaciones del Instituto de Hematología e Inmunología.

“Esos descubrimientos despiertan grandes expectativas en cuanto a la aplicación clínica de las células madre adultas para el tratamiento de diversas enfermedades crónicas, como la diabetes, el Parkinson, el Alzheimer, incurables en la actualidad por los métodos existentes.

“Todavía es muy temprano para definir la superioridad de unas células madre sobre las otras, y las futuras investigaciones contribuirán a esclarecer muchos aspectos”, explica Hernández Ramírez, y agrega que existe una intensa confrontación científica entre los defensores de las células embrionarias y los que favorecen la utilización de las adultas.

¿Religión vs. Ciencia?

En la actualidad se mantiene la polémica sobre qué células madre utilizar, si las embrionarias o las adultas, debate en el que se incluyen aspectos tanto científicos como éticos, religiosos, sociales y políticos.

Los mayores enfrentamientos se evidencian en el campo de la religión, pues la Iglesia Católica argumenta que el uso de embriones equivale a su destrucción y, por lo tanto, a la pérdida de seres humanos. A raíz de esto, se despliegan grandes debates en relación a cuándo surge verdaderamente la vida.

Para evitar confrontaciones, los científicos desarrollan diferentes métodos de obtención de células madre sin destruir embriones; esas son las llamadas “células éticas”: “Las investigaciones experimentales dan sus primeros pasos, pero todavía falta un largo trecho hasta su posible uso clínico”, asegura el doctor Hernández Ramírez.

También se han obtenido importantes avances en el estudio y aplicación de las células madre adultas, porque muestran notables ventajas sobre las embrionarias: “Por ejemplo, su procesamiento resulta más sencillo, pueden provenir del propio individuo y, por lo tanto, no presentan limitaciones éticas ni legales. Las embrionarias requieren de clonación y de cultivo celular, que es más complejo y tiene muchas controversias bioéticas”, argumenta Hernández Ramírez.

El doctor explica que en Cuba no hay contradicciones en cuanto al uso de las células madre adultas, introducidas a la práctica clínica por sus ventajas y posibilidades inexploradas hasta el momento.

“Con respecto a las embrionarias, los investigadores mantenemos un seguimiento estrecho sobre los avances científicos relacionados con su obtención, particularmente las que no reporten los riesgos de rechazo inmunológico o reacciones inmunes”.

En fecha muy reciente se han introducido en algunos países desarrollados técnicas de reprogramación celular mediante las cuales una célula adulta diferenciada se puede llevar a un estado semejante al de las células madre embrionarias.

“El logro de esas células adultas pluripotenciales representa un verdadero hito de la ciencia contemporánea y ha roto un dogma de la biología clásica. Algunos de los procedimientos que utilizaron fueron la inserción en las células adultas de genes específicos transportados por vectores virales, y recientemente sin la necesidad de usar estos agentes, lo que podría eliminar algunos de los riesgos que los virus le confieren a las células, como es la alta posibilidad de formar tumores”, explicó.

Según Hernández Ramírez, también se evalúa con detenimiento la relación riesgo/beneficio y la de costo/beneficio, y observa que, si con las células madre adultas se pueden obtener resultados similares con riesgos mínimos para los pacientes y con costos mucho más bajos, entonces esta sería la opción más económica y factible para Cuba y los demás países en vías de desarrollo.

El riesgo de la incertidumbre

Para el Doctor en Ciencias Julio Álvarez, del Instituto Nacional de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, los problemas no radican solo en la utilización o no de embriones que se van a perder, y de los cuales se puede obtener una valiosa información científica. Considera por ello que sería mejor aprovecharlos: “Lo que no me parece ético es utilizar tanto células fetales como adultas sin el previo conocimiento de los mecanismos científicos existentes, y aplicarlas con incertidumbre.

“Muchas personas hablan maravillas de la terapia celular, pero en verdad no se conoce realmente hacia dónde se dirigen las células madre una vez dentro del organismo, si se logran diferenciar correctamente para regenerar los tejidos dañados o si pueden provocar efectos secundarios indeseados. Además, nadie sabe cuál es la dosis que se debe emplear”.

-Considerando los argumentos anteriores,

¿significaría que no estamos preparados

para la aplicación de esa terapia?

Todavía yo no pasaría a la etapa clínica, juzga el doctor Álvarez, y quizás parezca demasiado conservador. Pienso que la terapia tiene grandes posibilidades, pero creo que la Medicina “se ha mandado a correr”. Los acontecimientos actuales superan la verdadera aplicabilidad médica. En ciencia solo son válidos los hechos demostrados, no cuentan la fe ni las supersticiones, y todo es a su debido tiempo.

Lo que me cuesta trabajo entender es que se pase a la aplicación clínica sin conocer previamente los resultados de las investigaciones básicas y de laboratorio. La terapia celular no tiene todavía un estudio a largo plazo, por lo tanto, no debemos usarla en humanos.

Según el Doctor en Ciencias Jorge Bergado Rosado, del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), estaremos preparados para la aplicación de células madre cuando este proceder se encuentre lo suficientemente maduro para saber qué células poner, de dónde obtenerlas, cómo procesarlas y para qué ponerlas: “Hay todavía muchas preguntas sin respuestas”.

“La clave para responder las interrogantes está en las investigaciones básicas, las preclínicas en animales y en las tres fases de los ensayos clínicos, que buscan la seguridad del paciente y la obtención de resultados sustentados científicamente”, añade.

Por su parte, el doctor Hernández Ramírez asevera que sería demasiado optimista llevar el tratamiento como una práctica habitual a corto plazo: “Con estas células se investiga en diferentes padecimientos y se esperan obtener resultados confiables. Los efectos no tienen por qué ser similares en distintas enfermedades: en unas podrían ser satisfactorios y en otras no”.

Hasta el momento, las investigaciones se realizan solo con células adultas, pues las limitaciones con las embrionarias impiden su aplicación clínica, explica: “Ya se obtienen resultados favorables con la aplicación de células madre adultas en pacientes con enfermedad arterial periférica y trastornos óseos y articulares. Es probable que en estos casos pueda establecerse como procedimiento habitual, si los estudios con un mayor número de personas resultan confiables”.

Con respecto al tema, la revista Juventud Técnica solicitó información al Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos (CENCEC), que tiene entre sus objetivos evaluar terapias para solucionar problemas de salud de la población, asesorar o servir de consultor en parte o la totalidad de los ensayos clínicos. Al momento de publicar este reportaje, no habíamos recibido respuesta.

Resultados concretos

Si Marta González Sánchez, diabética de 67 años, hubiera asistido a la consulta un mes antes, quizás la pierna necrótica por la muerte celular estuviera en mejores condiciones: “Me he recuperado bastante, pero todavía quedan algunos dedos enfermos. Yo tengo confianza en que no haya que cortar”. Anteriormente, otros médicos le habían dado el criterio de amputación, y con la terapia logró salvar su extremidad.

Hasta el mes de marzo del 2009 se habían realizado en el país 511 implantes de células madre adultas derivadas de la médula ósea, de los cuales el 79,2 por ciento fueron en pacientes con enfermedades angiológicas. Si a la cifra se le añaden los casos publicados de trasplante de células límbicas (extraídas de los ojos) en lesiones oculares, el total asciende a 735 enfermos que han recibido en Cuba tratamiento con esta novedosa técnica.

En los primeros meses del año 2004 se hizo el primer trasplante de células madres en nuestro país a un paciente con isquemia crítica de miembros inferiores. Se logró mediante una colaboración del Instituto de Hematología e Inmunología, el Hospital Clínico Quirúrgico Docente Enrique Cabrera, el Hospital Pediátrico Docente William Soler y su Cardiocentro.

El éxito fue calificado por los angiólogos como “espectacular”, y pocos días después se aplicaron en el corazón de un paciente con cardiopatía isquémica crónica. Luego se continuaron los ensayos clínicos en esas enfermedades. En el CIREN iniciaron una investigación en pacientes cubanos con infarto cerebral.

La evolución a largo plazo del pequeño número de enfermos tratados mostró ligera mejoría y ninguna manifestación secundaria. Los resultados abrieron nuevas perspectivas terapéuticas en ese campo.

Recientemente se han obtenido avances en pacientes con linfedema crónico (engrosamiento de miembros inferiores), que constituyen los primeros casos recogidos en la literatura científica: “En general, las investigaciones están aún en fase muy precoz como para extraer conclusiones”, asegura el doctor Porfirio Hernández Ramírez

¿Vale la pena continuar?

Desde hace alrededor de nueve años el joven Alfredo Rivera Rodríguez, de 21 años, tiene un linfedema en las dos piernas. En enero pasado le realizaron un autotrasplante de células madre y ya ha empezado a ver resultados alentadores: “Las medidas de las piernas disminuyeron y ya puedo incluso agacharme. Eso es muy importante para mí, aunque el proceso sea lento”.

Actualmente existe una estrecha colaboración entre el Instituto de Hematología e Inmunología y varios hospitales del país en los cuales se están aplicando las células madre en el tratamiento de diversas enfermedades: “Cada caso es único, asegura el doctor Hernández Ramírez, y se evalúan las posibilidades de mejoría. Entonces es cuando se comienza la terapia, sustentada en los resultados de las investigaciones básicas y preclínicas”.

De los pacientes entrevistados, la mayoría aseguró haber mejorado visiblemente. Entonces, considera el doctor Hernández Ramírez, “si la técnica no es tan difícil de aplicar, si no se reportan mayores efectos secundarios y los riesgos para el paciente son mínimos, vale la pena seguir intentándolo”.

 



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