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NACIDA PARA EDUCAR

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Además de participar en la Campaña de Alfabetización, Concepción Ayala Díaz –Concha para todos-, no detiene su afán de cultivar la enseñanza y a sus 70 años imparte clases de taichí.

Texto y foto:
HITCHMAN POWELL ESCALONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El rostro de Concha se ve alegre por estos días. No es para menos los ojos vivaces y la sonrisa entre los labios, porque tras el venidero 50 aniversario (2011) de la culminación de la Campaña de Alfabetización, su memoria se desborda de recuerdos. Ella formó parte de los protagonistas anónimos que participaron en esa gesta revolucionaria.

“Un día mi hermana me dijo: ‘Concha, están inscribiendo a los que quieran alfabetizar’, entonces, corrimos y anotamos nuestros nombres.  Nos ubicaron en Sagua de Tánamo, Holguín, pero no tan cerca, pues era monte adentro, ¡bien adentro! y entre montañas”.

Concepción Ayala Díaz, como la bautizaron sus padres, era una niña mimada y nunca había estado apartada de su familia en La Habana: “Donde más lejos había ido era a Cárdenas, así que puedes imaginar lo que sentí. Estaba en lo más intrincado del municipio, donde el camión debía cruzar 32 veces los ríos para llegar”.

Cuando marchó a cumplir esa misión tenía 17 años, y aún  estudiaba. A pesar de su corta edad, las ansias de instruir prevalecieron ante la inexperiencia, y logró asumir el rol de maestra en poco tiempo: “Debido a la confianza y la fuerte conexión que existía entre las personas de aquel sitio y yo, pude prepararlos y lograr que asimilaran el conocimiento. Como eran mayores, tuve que trabajar poco a poco, como si fuesen un cristal al que hay que moldear lentamente para dar la forma que quería. Esa etapa me enseñó cómo educar”. 

Adentrada en un mundo desconocido, Concha tuvo que adaptarse a la vida campestre, y sus profesores fueron sus alumnos: “Sucedió algo paradójico, yo era la guía y me convertí en estudiante. Con ellos aprendí a montar a caballo, a hacer fogatas y trabajar con la madera. Le perdí el miedo a las ranas y a cuantos animales temía. Sin dudas, conocí la naturaleza por dentro”.

-¿Entre tantas vivencias, debe haber

alguna que recuerde en particular?

Me gustaba mucho cuando por las noches nos sentábamos fuera del bohío, y el guajiro explicaba acerca de los ríos y montañas del lugar. Desde un taburete, contemplaba las estrellas, el cielo, y recordaba al Malecón, a mi familia y a la casa en La Habana, cercana al mar. Yo disfrutaba conversar mientras miraba las constelaciones, con la fresca brisa del campo y el cantar de los grillos.

A sus 70 años, Concha hoy está desvinculada de los estudios, sin embargo, su alma de maestra se mantiene intacta. Ella imparte clases de taichí a personas del municipio habanero Plaza de la Revolución: “Comencé junto a una compañera que me pidió ayuda. Con el tiempo, busqué un grupo, el cual se ha incrementado, y ya es un proyecto comunitario. Asisten a los ejercicios niños, jóvenes y gente de avanzada edad. Desde el inicio les digo que centren la atención en las clases, para dejar correr la magia por sus cuerpos”. 

Concha comenzó a hacer los ejercicios por motivos de salud en 1997, y los conocimientos adquiridos los puso en bien de la comunidad. “Tuve una angina de pecho que me produjo falta de aire, cansancio y desmayos. Una amiga me recomendó practicar taichí, entonces acudí al cardiólogo a preguntarle si podía y aceptó. Rápidamente asistí a la Escuela Cubana de Wushu y a partir de ese día hago deportes”, dijo.

-¿Cómo ha influido el taichí en

su vocación de educadora?

Me ha cambiado el carácter, la forma de ver la vida, cómo plantear los problemas y darles solución, pues era muy explosiva. Ha dado a mi vida más tranquilidad, porque primero te sosiega espiritualmente, y luego permite analizar los problemas con más calma.

Sin dudas, la firme convicción de Concha en lo que hace le permitió hacer germinar en cada alumno la semilla del saber. Según el Apóstol: “Enseñar puede cualquiera, pero educar sólo quien sea un evangelio vivo”, y ella nació con ese don.
Pie de foto: El rostro de Concha se muestra alegre cuando recuerda acerca de su participación en la Campaña de Alfabetización. l

Ficha técnica:

Objetivo general: Dar a conocer aspectos de la vida de la entrevistada.

Objetivos colaterales: Reflejar la estrecha relación que existe entre la entrevistada y su profesión.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Directa.
Tipo de preguntas: 1: abierta, 2: directa.
Tipo de conclusiones: De opinión del entrevistador.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.                                            
Participante: Individual.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.



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