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LAS BUTACAS SEGUIRÁN VACÍAS Y LA PANTALLA OSCURA

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Estadísticas demuestran que el desinterés público por los cines de la localidad aumenta cada día. Pierde trascendencia social y cultural un espacio antes popular en todos los rincones del país.

Este trabajo obtuvo Premio en el Fórum Científico 2013 de FCOM, en la categoría de Nota Interpretativa.

RANDY CABRERA DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: ALEJANDRO MADORRÁN DURÁN

Hoy los cines de barrio, aquellos que están fuera del Proyecto 23 del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), no son una opción sugerente para el pueblo cubano. La disminución del número de espectadores así lo demuestra.

Estudios recientes del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, revelan que en las prácticas diarias y semanales de la población cubana no figura ir a este tipo de cine. Eso explica que el 54,6 por ciento no tenga contacto nunca con la pantalla grande.

Una encuesta efectuada por investigadores de este centro indica que solo un 9,3 por ciento de la población afirma haber visitado el cine o sala de videos una o dos veces al mes y un 17,7 por ciento señala haberlo hecho al menos una vez en el año. Estos datos demuestran un drástico cambio de la significación social de un espacio que antes convocó gran cantidad de masas a lo largo y ancho del país.

La investigación plantea que los cubanos (principalmente las nuevas generaciones) prefieren actividades generadoras de un mayor interés con menos molestia: la televisión, luego respaldada desde los años 80 por el video y el vertiginoso desarrollo de nuevas tecnologías como el DVD, la Internet y otras formas de comercialización audiovisual que hacen apetecible degustar de variadas propuestas cinematográficas desde la comodidad del hogar.

Actualmente, 18 de las 83 salas cinematográficas de la capital están cerradas a las puestas fílmicas debido al mal estado técnico y la falta de recursos de las instituciones responsables para llevar a cabo el remozamiento de las mismas, según la dirección del Centro Provincial del Cine de La Habana.

Algunas salas son utilizadas en actividades polivalentes de carácter cultural, iniciativa del Ministerio de Cultura para no dejar obsoletas las edificaciones, muchas de ellas otrora íconos arquitectónicos. Tal es el caso del Actualidades, primer cinematógrafo cubano, hoy bajo la dirección de la Empresa de Grabaciones y Reproducciones Musicales (EGREM).

Otros como el Récord, de Marianao, Central Cinema, de San Miguel del Padrón, y Los Pinos, de Arroyo Naranjo, no corrieron la misma suerte: están clausurados hace más de una década sin vinculación cultural o educativa, apunta Danilo Lerma, subdirector del Centro Provincial del Cine de La Habana.

El directivo reconoce que los 16 cines de municipios periféricos en funcionamiento no ofrecen propuestas que logren atraer al público residente en esas comunidades.

“Ya ni recuerdo la última vez que fui al Salón Rosa para ver una película, creo que estaba en la secundaria... Ahí no ponen nada bueno y cuando lo hacen, son filmes vistos por todos. ¿Para qué ir a ver cintas que puedo disfrutar más tranquilo en mi casa? Y en todo caso, si decidiera ir al cine, sería a uno del Vedado. Están mejores y hay más entretenimiento allá,” sostiene Liván Pérez, estudiante de Estomatología, quien reside en el municipio Cotorro.

Según Niuva Ávila Vargas, socióloga del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), ir al cine de barrio no constituye una “salida”: “El ciudadano promedio cubano no considera los cines locales una alternativa viable, por prescindir de otras atracciones que pueden encontrarse en salas más céntricas como las del circuito de 23. Además, median factores como el estado técnico y material de las instalaciones, que casi nunca es el mejor.”
 

Para la especialista, es necesario tener en cuenta a los profesionales, quienes más asisten al cine, y en su mayoría trabajan. Por tal motivo, cuando dedican un tiempo para esta actividad, prefieren hacerlo apartado de la cotidianidad y disfrutar de sugerentes propuestas que no suelen encontrarse en la sala de video del barrio.

Marta Sánchez, taquillera del Rosa, manifiesta tener poco trabajo: “Aquí no viene nadie. Pasan semanas y no se vende una entrada. Ya no importa la cartelera, la gente no quiere venir al cine. Ni siquiera se interesan en revisar las propuestas que publicitamos con volantes, iniciativa del centro para captar la atención de la gente... No hay remedio.”

Este fenómeno no es nuevo. La situación surge a principios de la década de los 90, y tuvo su clímax durante el Período Especial cuando se agravó la destrucción de las salas municipales de cine y video. La posibilidad de rescatar antiguos entes de la cinematografía se hizo cada vez más lejana.

“Que hoy se prefieran las instalaciones del complejo de 23 no es casualidad. Son estas las de mejor acondicionamiento, y pluralidad de propuestas en la capital. También por ser céntricas mantienen un mayor flujo de espectadores. Asimismo son casas por excelencia de festivales como el francés y el holandés, aparte del Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es decisión de los cinéfilos que deviene en ideología heredada”, advierte Benigno Iglesias, vicepresidente de Programación del Proyecto 23 del ICAIC.

Para la socióloga Ávila Vargas, el descenso del número de visitas a las salas cinematográficas ha empeorado desde comienzo del siglo XXI en parte por la irracional competencia entre los medios. “Los datos no mienten. El declive del 21,1 por ciento al 18,3 por ciento entre 1998 y 2009 lo aclara: las butacas seguirán vacías y la pantalla oscura.”

Ficha Técnica:

Tema: El desinterés público por los cines de barrio.

El hecho: Los cines de barrio dejaron de ser una opción sugerente para el pueblo cubano.

Objetivo principal: Analizar la creciente apatía del público por los cines de su localidad.

Objetivos colaterales: Mostrar opiniones diversas sobre las preferencias del público en contraste con la situación material y el estado técnico de los mismos, además de la fuerte competencia con otros medios y la repercusión de estos en la sociedad. Informar el estado actual de los cines de la capital y la utilidad dada a los mismos.

Estrategia de fuentes:

Estudios recientes del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello (documental).

Danilo Lerma, subdirector del Centro Provincial del Cine de La Habana (institucional).

Liván Pérez, estudiante de Estomatología, quien reside en el municipio Cotorro.

Niuva Ávila Vargas, socióloga del Centro de Estudios Demográficos (experta).

Marta Sánchez, taquillera del cine Rosa.

Benigno Iglesias, vicepresidente de Programación del Proyecto 23 del ICAIC (institucional).

Antecedentes: El auge de las nuevas tecnologías llega a Cuba en un primer momento con la introducción del video a finales de la década de los 80’ aparejado con el fuerte Periodo Especial, situación que dio un duro golpe a la economía nacional, acortando los recursos para la reparación de los cines de barrio, que fueron destruyéndose cada vez más. El surgimiento de la televisión en los años 50’ y la posterior aparición del DVD, como posibilidad más placentera, supusieron un duro golpe al cine. Pierde significación social un espacio antes solicitado en todo el país. Lo muestran las estadísticas: la gente olvidó los cines de su barrio.

Contexto: La crisis económica que sufre el país limita el necesario remozamiento de los cines de la nación, afectando principalmente a los de la localidad. El impacto de las nuevas tecnologías como el DVD, Internet, videojuegos ha desviado la atención de las salas cinematográficas haciendo que disminuya el número de cinéfilos y espectadores regulares. Cambio de la tendencia del pueblo cubano, ahora inclinada al recreo desde la comodidad del hogar.

Pronóstico: Se espera que siga decreciendo el número de espectadores, según estudios de sociólogos de del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello y del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM).

Tipos de juicios:

Sintético: Según la socióloga Niuva Ávila Vargas “las butacas se mantendrán vacías y la pantalla oscura”, refiriéndose al número de espectadores, que seguirá decayendo.

De Valor: Ofrecido por Niuva Ávila Vargas, socióloga del Centro de Estudios Demográficos (CEDEM), al afirmar que persistirá la decadencia del número de cinéfilos.

Brindado por la socióloga Ávila Vargas al referirse a las tendencias de la población cubana en cuanto a entretenimiento, y preferencias dirigidas a los cines de barrio en relación al beneplácito de los profesionales con estos espacios.

Referido por Danilo Lerma, subdirector del Centro Provincial del Cine de La Habana, cuando ofrece datos y opiniones sobre los cines que no se encuentran funcionando. 

Analítico: Dado por Benigno Iglesias, vicepresidente de programación del ICIC, cuando expone las razones por las que el público prefiere asistir a los cines de la arteria de 23.

Transmitido por Marta Sánchez, taquillera del Salón Rosa, cine del municipio Cotorro; cuando habló del desinterés de las personas por ir al cine de la localidad.

Directo: Ofrecido por Liván López, estudiante de Estomatología, residente en el municipio Cotorro, al manifestar sus preferencias cinematográficas y opinión sobre el cine de su localidad: el Salón Rosa.



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