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MARTÍ, MARTÍ, MARTÍ, MARTÍ…

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JUSTO PLANAS CABREJA,
periodista del semanario Trabajadores,
Cortesía para Isla al Sur.

Aprendí a quererlo una de tantas noches sin fecha que tiene la vida, y así nació para mí; y de pronto ser cubano tuvo otro sentido. Porque José Martí nació para florecer como una espada en cada corazón de Cuba. Y como flor exótica Martí nace distinto en cada quien. Y donde no nace, ahí no existe corazón alguno.

Martí, mi José Martí, es el periodista que entra en la noticia como el carnicero en la carne, con la manga al codo. Es el hombre que no puede dormir si ve al hijo en la cuna, porque aún no le garantiza una patria libre. Y si el invierno de Nueva York quema de tan violento, entonces hay que abrigarse con papales de periódico debajo del saco; porque el dinero que se tiene, ese, es intocable, porque es para la Cuba esclava.

Sin embargo, nunca estuve más cerca de Martí que cuando sufría. El tomo 21 de sus Obras Completas tiene frases donde uno siente su mano atravesar los siglos para tocarnos. Sufre mucho Martí. Sus oraciones pierden en este volumen su estilo de dios para sonar a puro latido de alma. ¿Y qué puedo hacer yo cuando veo llorar a una galaxia?

Pensar que todos estamos hechos de barro, pero algunos crecen a fuerza de pulmón, a fuerza de cerebro y se convierten en porcelana. Repito. Soy solo uno de tantos cubanos que camina la Isla de manos de Martí; y digo más: quien no lo haga, no es cubano del todo. Mi Martí nació un día sin almanaque. Un día desperté y estaba ahí. Y fue como si hubiera estado siempre. Y descubrí que nunca había visto.



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