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CUBRIR EVENTOS: RETOS PARA COMUNICAR

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Tema: El eventismo es la tendencia de convertir eventos de diversa índole -culturales, académicos, reuniones, etc.- en noticia.

MAX BARBOSA, AILEEN INFANTE, ANAYS ALMENARES Y OLIVIA RODRÍGUEZ,
estudiantes de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El eventismo está presente desde la prensa burguesa -que en muchas ocasiones convierte en noticia eventos que solo responden al principio del placer: por ejemplo, las grandes coberturas a premiaciones artísticas como los MTV Awards, EMI, Premios Juventud y otros, enfocando estos solo desde el punto de lo que allí sucede, sin más trascendencia para el receptor que el verse reflejado en el ideal construido por esos medios-, hasta los medios más serios que, respondiendo al principio de la realidad, muchas veces pasan por alto en sus coberturas la importancia del hecho para la cotidianidad del receptor.

La periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla Rodríguez, plantea en su artículo inédito Alánimo, la fuente se rompió, que «este fenómeno de las notas oficiales es mundial. La profesión cada vez parece despeñarse más hacia el arrecife de las notas que llegan mediante las redes establecidas y todo lo que se genera fuera de ellas pierde inevitablemente valores noticiables o, al menos, disminuyen de forma considerable. Es decir, se asiste a una burocratización de las redacciones, a un no actuar, no decidir, no publicar, en tanto las informaciones no vengan con el salvoconducto de lo oficial.»

Por su lado, criterios como los de la periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Lourdes Stusser, refieren que «el eventismo no es más que uno de los vicios del periodismo cubano actual. No se comporta de igual manera en otros países, más bien es un problema creado en Cuba: está determinado por la configuración del sistema de comunicación del país, resultado del proceso de tránsito socialista que sufrió la prensa cubana.

«El fenómeno es consecuencia del diseño de nuestra prensa, la cual responde a una estrategia del Estado, por lo tanto, defiende los intereses de éste. Al responder a esos intereses -los del Estado y sus instituciones-, cae en la divulgación de los  eventos que a estos les importan, y que se hallan mediados por coyunturas políticas. Además, se le impone como agenda de prioridad un grupo de sucesos que se convierten en noticias, obviando otros que pueden ser de verdadero interés del público»

Estos criterios ven el fenómeno desde ópticas diferentes en cuanto al surgimiento del mismo, pero no discrepan en la esencia: los centros de poder que controlan los medios son los que deciden el qué publicar, mediante una agenda que no suele dar muchas libertades al periodista para indagar en otras cuestiones que pueden ser también de interés público.

Causas y conflictos

A veces se pasa por alto a la hora de cubrir un evento que él en sí no es la noticia, y sí lo es la repercusión que pueda tener lo que allí se exponga. El evento, digamos, es el espacio físico donde suceden los acontecimientos, las noticias.

Más allá de los detalles que no deben pasarse por alto -como argumenta el peruano Juan Gargurevich en su libro Géneros periodísticos (el nombre de las personalidades implicadas, un breve currículo para sustentar la validez de sus declaraciones, objetivos, ambiente, y duración del evento)-, lo esencial en la cobertura son las intervenciones de los participantes y cómo lo que allí se discuta o promueva va a estar presente en la vida del ciudadano común, no solo de la comunidad relacionada con el tema.

Por ejemplo: en la presentación de un nuevo medicamento, durante tal o más cual evento, al público no le interesa -más que para validar la efectividad con el respaldo de una personalidad experta en el tema-, quién presenta el fármaco, sino la opinión de cómo va a aliviar este sus dolencias, siendo de gran apoyo que esa información se conozca a través de una fuente fidedigna y calificada para certificar el criterio.

«El talento del periodista radica en encontrar dentro de estas situaciones, hechos o sucesos que se puedan explotar como noticia, los cuales subyacen casi siempre bajo cualquier acontecimiento», tal como lo plantea la periodista Lourdes Stusser.

En cuanto a eventos culturales, forum y otras reuniones habituales, muchas veces con carácter cíclico, sería bueno preguntarse qué es lo que vale la pena cubrir de estos, o si realmente su contenido tiene un valor noticiable y cómo este se interconecta con el público que recibe la información.

Valor añadido: fuentes y actitudes

Tomando en cuenta los valores noticia, debemos analizar si estos eventos -su contenido-, así como el de otros que se suceden una y otra vez con características similares, responden a algunos valores-noticia que resultan imprescindibles, como la actualidad, inmediatez, veracidad, interés colectivo y humano, repercusión y consecuencia, novedad y proximidad con el receptor, y el hacer que este último se sienta identificado o reflejado en los temas que se tratan.

Pero muchas veces el qué cubrir ya nos viene encomendado por la misma fuente, mediante distintas vías, trayendo esto implícito en ocasiones la valoración institucional previa de nuestra cobertura, las personalidades para entrevistar -por segunda, tercera o enésima vez- y hasta los matices a destacar  en nuestra nota o reportaje. Esto, influido además por una agenda que responde a los intereses de un medio, a la cual a veces este debe realizarle cambios como consecuencia de un consenso con las instituciones “productoras de noticias”, y el aspecto tecnológico y de soporte -proporcionado frecuentemente por el organizador del evento-, deja al periodista como un simple mediador pasivo entre el suceso y lo que tiene que entregar a la redacción del diario, y limita el relato a tan solo una parte del suceso: lo que los factores externos al reportero quieren mostrar, que soslayan su rol como parte activa y eslabón principal en la construcción de la realidad.

El periodista como relator o, -citando a la profesora Iraida Calzadilla- contador de historias, forma parte del qué decir y por tanto es a él a quien corresponde definir lo más relevante de la cobertura. El cómo hacerlo es un elemento fundamental para lograr un buen producto comunicativo.

A tono con este criterio, la profesora plantea: «Se habla (…) de lo que quiere hoy comunicar la fuente, y no de lo que interesa al periodista, al medio, a la sociedad. En consecuencia, al leer, escuchar o ver la noticia en cualquiera de los soportes mediáticos, ésta nos llega igual, como idéntica gota de agua, como alma gemela a la que ya casi ni estamos intentando dar un comienzo singular y la presentamos en todas partes en su rígida concepción de pirámide invertida, sin aliento creativo, sin personalizar, fría y distante.»

Y es que en varias ocasiones, esquematizados por las normas de una redacción funcional donde respondamos a las seis preguntas esenciales -qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué-, o por simple comodidad, apelamos a formas de hacer que no recogen la esencia del contenido de un evento y tocamos solo fragmentos de aquello que es verdaderamente interesante para el que recibe nuestro producto final; o sin percatarnos lo obviamos, ya sea por el apego a las formas academicistas más tradicionales o el miedo a implementar construcciones que conlleven a un mayor trabajo de redacción y edición.

Resumiendo

Los eventos en sí mismos, a pesar de representar una gran oportunidad para desarrollar buenas historias, debido a las posibilidades que estos brindan  -acercamiento a personalidades de gran importancia, a las que a veces se nos haría muy engorroso llegar, y las declaraciones de estas sobre un tema específico-, no son la noticia, pues se repiten periódica o esporádicamente, como afirma el periodista de Juventud Rebelde y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Jorge Luis Rodríguez: «La verdadera noticia está en lo novedoso y único de ellos, a veces escondida dentro del propio desarrollo del evento, incluso de manera extraoficial en los corredores de la instalación donde se llevan a cabo.

«El público solo se siente atraído por los temas polémicos que se deriven del evento que cubrimos, que generen un debate, contengan un interés humano o los acerque a una realidad desconocida.

«Las presentaciones, actuaciones culturales, simposios, ferias, premiaciones, debates, etc., deben ser la excusa para propiciar la existencia de temas trascendentales; ellos en sí no lo son.

«Para erradicar el eventismo -un mal que plaga al periodismo cubano de estos tiempos-, el periodista debe saber descubrir la noticia, seleccionar los temas a tratar y ver lo verdaderamente interesante para el público».

Pero ojo, porque esta visión eventista no cambiará hasta tanto no cambien los intereses actuales de nuestra prensa, que a pesar de ser una de las más éticas del mundo, necesita transformaciones en cuanto a sus contenidos y modos de enfocarlos, y de una mayor autonomía comunicativa referida a estos.

Bibliografía:
 
Benítez, José A. Técnica Periodística. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba. 1983.

Calzadilla Rodríguez, Iraida. Alánimo, la fuente se rompió. Artículo inédito. Sesión científica. Departamento de Periodismo. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. 2007.

Calzadilla Rodríguez, Iraida. La Nota. Editorial Pablo de la Torriente. La Habana, Cuba. 2005.

Calzadilla Rodríguez, Iraida: La información que hacemos y la que debemos. En: www.islalsur.blogia.com 

Gargurevich, Juan. Géneros Periodísticos. Editorial Félix Varela. La Habana, Cuba. 2006.

Periodistas entrevistados:

Iraida Calzadilla Rodríguez, profesora de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Jorge Luis Rodríguez, profesor de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana, y periodista de Juventud Rebelde.

Lourdes Stusser, periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana.



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