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PREMIO CASA: GENUINO REPRESENTANTE DE LA MEMORIA LATINOAMERICANA

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YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.     

“La memoria es elemento indispensable del alma de los pueblos, de su cultura e identidad. Y la memoria histórica no es cosa meramente de historiadores, sino de la conciencia social en pleno, destacadamente de los productores de la cultura artística y literaria. La independencia tuvo sus canciones, sus relatos, sus imágenes, sus símbolos, incluso antes que su historia. Todos ellos dieron carne y sangre a los acontecimientos y forman parte de aquella historia, de nuestra conciencia y de nuestro presente.”

Precisamente, en el afán de conservar esa memoria histórica a la que se refería el historiador cubano Pedro Pablo Rodríguez en la conferencia inaugural del Premio Casa de las Américas, se convocó en su edición 51, al Premio Extraordinario sobre el Bicentenario de la emancipación hispanoamericana.

Y es que aunque nos separan dos siglos, aquel 1810 parece homologarse con la situación más real de la América Latina hoy. Aún nuestros pueblos claman por una independencia verdadera, fuera de convenios que hagan sumisas a estas tierras. Y, afortunadamente, también queda aún, en la mayoría de los latinoamericanos, el espíritu de justicia social, las ansias por conseguir una auténtica libertad, tal y como la proclamaban Hidalgo, Morelos, Bolívar, Martí, entre tantos próceres, esos mismos que trataron de integrar a las diversas naciones en una misma patria, en la “Madre América”, la Nuestra.

Esta misión sigue en pie luego de 200 años. Los líderes de algunos de nuestros países no desisten en la apuesta por un futuro en que el hombre latinoamericano sea el principal decisor en la construcción y conducción de su propio destino.

Ese es el objetivo de los premios extraordinarios convocados por la Casa: poner a dialogar ideas transformadoras sobre temas vitales que guarden relación con los contextos que vive la región en el presente, establecer una interconexión de saberes que respondan a problemas inconclusos o necesidades no satisfechas aún en las circunstancias actuales de Latinoamérica.

Para contar la historia de los pueblos también se hace literatura. La Casa de las Américas siempre se ha propuesto fomentar el intercambio cultural entre las naciones latinoamericanas. Desde su génesis en 1960, el  Premio Literario, denominado inicialmente Concurso Literario Hispanoamericano, ha tratado de estimular y difundir las letras del continente.

De esta manera se integraba aquel quehacer literario no hispanoparlante que forma parte de la región. Desde 1964, se sumaron obras de creadores brasileños escritas en español y, en 1975, se decidió que en los géneros de ensayo y testimonio participaran obras escritas en portugués por autores brasileños.

La historia de la Casa atesora entonces las raíces de la literatura brasileña como género. Sobre esta interacción entre la institución y las letras de ese país, Julio Cortázar diría: "La participación regular de brasileños como jurados y como concursantes del más importante premio literario del continente -el Premio Casa- demostró que no era la lengua la que nos divorciaba de la América Latina."  

Así, la Casa de las Américas legitima los géneros no tradicionales, otorgándoles a esas lenguas no españolas un reconocimiento y autonomía con los que antes no contaban. De esta forma quedaban afianzadas al quehacer de la institución las creaciones de autores que demandaban ser parte de esa confluencia de esperanzas y realizaciones.

Con la integración orgánica de la literatura caribeña se daba la oportunidad, tanto a autores como a jurados, de formar parte de ese empeño por ampliar las relaciones socioculturales entre los pueblos de América Latina y el resto del mundo.

Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias que coordina y dirige las labores del Premio, entiende a este como un “espacio de confluencia intelectual y como plataforma para dar a conocer a centenares de autores fundamentalmente jóvenes, para contribuir a difundir -sin las presiones que el mercado ejerce sobre otros certámenes- obras que marchan a contracorriente, géneros que no gozan de éxito editorial, y hasta creaciones en lenguas de escasa circulación.  

Cada género convocado por el Premio Casa, más que un triunfo plenamente literario, busca utilizar los modos de escritura latinoamericanos como vínculo con la realidad de sus pueblos, como intercambio con una sociedad que exige de lo más genuino de sus letras una vía de transformación. La Casa y su premio forman parte activa de la vida de los habitantes de esta región; transcurren por los andares del hombre americano, junto a su historia, su religión, su cultura, su presente.

La edición 51 del Premio Literario Casa de las Américas propuso entonces no dejar en el olvido a un pasado que no ha muerto porque sus ecos todavía se sienten en la actualidad. Miremos otra vez las palabras del Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009, las cuales trazan el más apremiante cometido latinoamericano:  

“Hay que montar a caballo otra vez para la acción unida, concertada en avance incontenible ante las nuevas y viejas dependencias y dominaciones. Nuestra madre América necesita del protagonismo popular para efectuar la verdadera y final independencia, la que nos haga marchar por nuestras propias avenidas y en función de nuestros intereses”.

 



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