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POR ANDAR VESTIDA DE HOMBRE

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Libro sobre una singular mujer que vistió ropa masculina para liberarse de las ataduras sociales del siglo XIX, escrito por el reconocido historiador e investigador cubano Julio César González Pagés, fue una novedad literaria en el inicio del verano.

YUNIEL LABACENA ROMERO,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El parque El Quijote desafió este viernes los límites del tiempo y ciertos prejuicios de la sociedad relacionados con la orientación sexual y la identidad de género. Quienes estuvieron allí pudieron conocer de la primera mujer que ejerció la Medicina en Cuba vestida de varón.

Fue una novedad literaria en el inicio del verano, que regaló el doctor Julio César González Pagés al presentar su libro, ya impreso -antes circuló digitalmente-, Por andar vestida de hombre, que cuenta los detalles de una historia protagonizada por la suiza Enriqueta Favez que se instaló en Baracoa hace 200 años y fue una de las viajeras más importantes que llegaron a Cuba en el siglo XIX.

“Ocultar su verdadero sexo y violar todas las leyes de la época fueron misiones que afrontó Favez, quien también se enamoró y casó con la cubana Juana de León. La llamaron criatura infeliz, monstruo, descargaron sobre ella todo tipo de improperios e hicieron de su juicio una representación fiel de un tribunal de la Santa Inquisición”, dijo el autor.

Cuenta González Pagés que los relatos anteriores sobre la vida de Enriqueta trataron de evadir el tema de su opción sexual por miedo de que su pasado de heroína fuera descalificado: “Pero resulta que ella nunca lo negó y vivió muy orgullosa de ello. Entonces no hay razón para ocultarlo. En el libro Por andar…, rindo homenaje a todas las mujeres que han enfrentado los desafíos sociales para vivir sus amores”.

Supo de esta historia en el Archivo Nacional de Cuba, mientras buscaba información para su tesis doctoral. Allí consultó el expediente del juicio contra Favez donde aparecen cartas, informes y otros documentos originales del caso. Otros aspectos los analizó en la versión que publicó en 1860 la revista La Administración, que está en la Biblioteca Nacional José Martí, donde se pueden leer también textos diversos que abordan el tema desde la literatura o la historia.

En busca de las verdaderas evidencias viajó a varios países y reconstruyó, mediante la técnica de la arqueología histórica, los detalles del caso: “Fueron útiles las informaciones obtenidas en las ciudades de Nueva Orleans (1998), Baracoa y Guantánamo (1999-2005), Santiago de Cuba (2000-2003), Veracruz (2003) y Suiza (2006-2007). En estas visitas pude revisar archivos, bibliotecas, museos y colecciones privadas que me brindaron evidencias que no aparecían en los documentos revisados en La Habana.

“Prácticamente nada sobrevive de Favez. Ni siquiera su cadáver, pues el cementerio donde estaba enterrada en Nueva Orleans fue dañado por el huracán Katrina, en 2005. No hay ni una tarja que la recuerde. Ni allí ni en ninguno de los tantos lugares por los que pasó alguna vez”, narra el también autor de Macho, varón, masculino y quien estuvo incluso frente a la puerta de la casa natal de Favez, en la ciudad suiza de Lausana.

Enriqueta vivió entre los siglos XVIII y XIX, y transgredió todas las barreras posibles de las discriminaciones: guerrera, médica, viajera, lesbiana. A la edad de 15 años se casó con un soldado francés. Tres años más tarde, su marido e hija murieron. Permaneció en París y estudió Medicina en la Universidad de La Sorbona, tomando la vestimenta y la identidad de un oficial del regimiento al que pertenecía su difunto marido. Durante las Guerras Napoleónicas trabajó como cirujana del ejército francés, hasta que fue capturada por las tropas del general inglés Wellington, en España.

Explica González Pagés que decidió venir a Cuba para comenzar una nueva vida bajo el nombre de Enrique Favez y se radicó como médico en Baracoa. Sus pacientes incluyó a muchos de los pobres locales, a quienes también les enseñó a leer y escribir. Fue así como conoció a Juana de León, una mujer de la zona con la que se casó, consciente esta del sexo biológico de Favez.

“Algún tiempo después, comenzaron las sospechas. Por ello, Favez fue detenida y sometida a juicio. Los exámenes médicos practicados revelaron su sexo. Juana de León, según se puede advertir en las cartas, la amó, pero no soportó la presión social y familiar y se plegó a la farsa que se orquestó contra ella. Finalmente, fue condenada a prisión en el Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula, en La Habana, y posteriormente expulsada a Nueva Orleans.

“Sus parientes en Norteamérica hicieron que ingresara en un convento para proteger el prestigio de la familia. Asumió entonces el nombre de Sor Magdalena y siguió prestando asistencia médica a los pobres. Más tarde se convirtió en una misionera en México, y murió en Nueva Orleans a la edad de 65 años, diez años después del fallecimiento de Juana”.

Podemos asegurar que en el relato no hay en él nada de ficción. En sus tres capítulos se pone en evidencia el riguroso trabajo realizado por el autor con las fuentes documentales. Las imágenes, los mapas con las ciudades en las que se desarrolló la vida de Favez y el álbum fotográfico que recoge los lugares visitados durante la investigación por el autor son una muestra excelente de esta verdadera historia.

Las páginas del texto -que le tomó 16 años a González Pagés descubrir y que también alude a otras mujeres que igualmente asumieron identidades y ropas masculinas en siglos pasados-, son temas de ayer y de hoy, y nos invitan a la reflexión sobre cuestiones esenciales que inciden con gran fuerza en las sociedades, como la discriminación de las mujeres destinadas desde la antigüedad a las labores domesticas.

Asegura el reconocido historiador e investigador cubano que este estudio le permitió conocer cuánto valor se requiere para actuar de un modo diferente a lo que esperan los demás, y la valentía que hay que tener para perseguir con tesón ciertos objetivos personales, profesionales o emocionales, bajo condiciones adversas.

"Muchas de las cosas que aparecen en el libro son un debate para la Cuba actual en el derecho, realmente muchas de las cosas por las que se lucha en este libro aún no están alcanzadas, no solamente es un libro de historia, sino que convoca al debate de la actualidad sobre los derechos de las mujeres y los límites que les ponemos regularmente a cualquiera de sus acciones.

“La historia ocurrió hace 200 años, sin embargo, aún sigue siendo de gran actualidad a nivel global. Es un libro para discutirlo en el presente. Las memorias de Favez sirven de ejemplo para luchar por muchos derechos, entre ellos, el tratamiento acertado a todas las personas diferentes, cualquiera que sea su orientación sexual, género, aspiraciones personales u opiniones”.

Quienes no tuvieron la posibilidad de estar en El Quijote podrán llevar el libro de la editorial de la Mujer si visitan la librería Fayad Jamis, en la Habana Vieja. Es algo especial después de tantos años de espera, que el también profesor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana pone en manos de sus lectores.

15/10/2012 01:30 islalsur #. Libros


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