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TERCERA BASE EN EL CORAZÓN

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Miguel Valdés Junco, con 61 años de edad, continúa la práctica del béisbol y no piensa renunciar a ella.

Texto y foto:
MARIA KARLA VILLAR MORA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Era un día como todos hasta que decidí cruzar la calle. La casa que visito frecuentemente tenía, como siempre, la puerta abierta y en un sillón estaba sentado con la habitual sonrisa Miguel Valdés, o mejor dicho, Yoyi, como le conocemos sus vecinos y amigos. Hoy no iba a brindarle una tacita de café recién colado o a pedir ayuda, sino a hablar de un tema que me interesaba mucho: su vida como pelotero. No tardé un segundo más en hacerlo, me acerqué al muro del portal y…

-¡Yoyi!, grité bien fuerte.

-Dime, mi chiquitica, ¿cómo estás? Pasa, pasa que acabo de colar café.

-Yoyi, ¿me concedes una entrevista?

-Desde pequeño mostraste habilidades

para el deporte, ¿cuándo comenzaste

a vincularte a él?

Mis inicios en la pelota fueron a la edad de nueve años en el campo deportivo Francisco Cardona, en La Habana. Allí jugaba con los entrenadores Avellana, Tony González y Puente, el torpedero del equipo Cuba. Después, con 16 años, pasé a la categoría de Juvenil, en el municipio 10 de Octubre con Los tigres de Jesús del Monte. En esa etapa fuimos campeones en el grupo Habana, dirigidos por Luis Zayas.

Luego me incorporé al Servicio Militar General, en Pinar del Río. Allí formé parte del equipo Cuerpo blindado, a cargo del manager de provincia La Habana, José Miguel Pineda, y participé en mi primera Serie Nacional en 1972. Cuando regresé a la capital, en 1975, integré varios conjuntos deportivos como Constructores, Metropolitanos y Hospital Psiquiátrico de La Habana, con el que obtuvimos la victoria de cuatro campeonatos provinciales.

Mi posición era tercera base. Me encanta el trabajo que se desempeña en ella y, además, tenía dos ventajas a mi favor: el brazo y los reflejos. Por allí se batea con mucha fuerza, entonces hay que retener la pelota para lograr el out. También se precisa lanzar bien desde esa zona.

-Tu antesala debe ser testigo

de muchos acontecimientos que

guardas como recuerdo…

En una provincial con los Metro, estaba en el banco porque Leonel Lay, el manager del equipo, decidió poner jugadores no regulares; nosotros estábamos adelante en la tabla de posiciones. En el noveno inning el juego se empató y el público empezó a pedir que yo saliera a jugar. Por cosas que suceden en el béisbol, me dieron un rolling  con las bases llenas, la fildié, y el lanzamiento a primera lo hice mal. El equipo contrario anotó otra carrera y ganó. Fui yo quien embarcó el juego, lo único que quería era desaparecer.

-Tu esposa también pertenece

a la vida deportiva, ¿han

logrado formar un equipo?

Sí, el mejor, aunque muchas veces estamos separados porque nuestro deber nos lo impone. En la familia deportiva, ella representa la Medicina y yo a los atletas. Sin los médicos y los juegos nuestras vidas serían diferentes. Este es un deporte que está  expuesto a muchos accidentes.

Las lesiones son parte de nuestros días, aún tengo una, producto de un bolazo del pitcher Roberto Betancourt. Aquel lanzamiento me golpeó la rodilla izquierda y desde entonces sufro dolores en ella, pero no me impiden seguir  jugando.

Otro día, en el Latinoamericano, durante un partido contra Administradores, Eulogio Ozorio Patterson, jardinero derecho del equipo Industriales, se tiró en tercera y me cortó levemente el pie; pero una piedrecita me saltó al ojo y, sin darme cuenta, pasé la mano y rajé la córnea. En pleno partido me llevaron al Hospital Pando Ferrer (La Ceguera).

-¿Cómo asimilaste retirarte del béisbol?

Mi mayor aspiración era jugar pelota y representar el equipo Cuba. Esto no pudo ser por distintas situaciones como el matrimonio y los hijos. Dejé mi carrera como pelotero y me dediqué a ellos. Fui atleta activo hasta 1988. A partir de ahí, volví a mis inicios: jugar en las calles, fue muy duro, pero me dio la posibilidad de conocer buenos amigos.

Luego me vinculé a la sede del Ministerio de la Construcción, en Centro Habana, como Jefe de Estadísticas. Pero el maestro sabe enseñar; el médico, curar; el pintor, pintar; yo lo que sabía era jugar pelota. Entonces empecé a trabajar como entrenador en el centro deportivo Rafael Conte, del municipio 10 de Octubre. Junto a Pedro Naranjo y Orlando López, ambos entrenadores de equipos nacionales, preparé un grupo de niños desde los cinco años con los que más tarde formamos un magnífico equipo en la categoría 11-12.

-Trabajar con niños requiere de

mucha responsabilidad y empeño,

¿significó igual para ti?  

Sí, es increíble la creatividad e imaginación que ellos tienen. Siempre recuerdo un día de entrenamiento donde apareció Pedro Escobar, un muchacho ansioso por  entrar al equipo. Tenía perfecto estado físico y le permitimos hacer una pequeña prueba. El chico dio un batazo espectacular, pero en vez de correr a primera, lo hizo para tercera. Nunca olvidaré eso. Al cabo del tiempo, Pedrito fue uno de nuestros mejores atletas.

También en el Latinoamericano, donde permanecí hasta principios de este año, ocupé el cargo de vicepresidente de la Oficina de Veteranos, integrada por dos equipos de peloteros retirados, mayores de 60 años.

Este proyecto fue iniciativa del antiguo director del INDER, Humberto Rodríguez, quien nos donó una oficina en ese estadio para nuestras reuniones, hasta ese momento lo hacíamos en las gradas.

Nosotros no entrenamos, solo fijamos el día, el lugar, la hora y allí nos vemos para jugar. Casi siempre lo hacemos una vez por semana, ambos equipos se enfrentan y al final  salimos juntos como uno: el de Veteranos. Cuba es, sin dudas, una gran fuente de peloteros.

Formar  parte de una de las mayores tradiciones del pueblo cubano es lo que me mantiene feliz, fuerte y saludable hasta ahora. Estar rodeado de personas amantes de lo mismo que tú es una experiencia única.

Todos cometemos errores en nuestras vidas, el mío fue no estudiar cuando debía. Con esfuerzo logré entrar a la EIDE, pero no le dediqué el tiempo suficiente, suspendí una asignatura por lo que abandoné la escuela. Me hubiera gustado mucho graduarme en ella, pues el entrenamiento y la exigencia es mayor, ahí los deportistas dan lo mejor de sí.

Lo más importante para mí fue la participación dada a los atletas cubanos luego del triunfo de la Revolución. Así pude crecer socialmente, desarrollarme como persona y ser humano. El deporte, en sentido general, nos forma a todos, aporta un criterio práctico en la vida, por eso lo considero importante. Esta es la razón por la que seguiré jugando hasta que mis días lo permitan.

Pie de foto: Yoyi, como le llaman sus amistades, comenta su cariño hacia el béisbol.

Ficha técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la trayectoria del entrevistado como deportista.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas: Abiertas.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuentes: No documentales: Miguel Valdés Junco.



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