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MEMORIAS DE UN COMBATIENTE

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Luis Caro Fernández, uno de los primeros cubanos que prestaron su ayuda en Angola, afirma que la amistad condujo a la victoria.

Texto y foto:
CLAUDIA RODRÍGUEZ COLÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Aquella mañana de diciembre de 1975, un joven alto, de mirada serena, observaba con preocupación el barco que lo llevaría a un país desconocido, pensando que quizás nunca volvería a su Patria.

Después de un riesgoso trayecto por aguas del Atlántico, el revolucionario que integraría el pelotón de emboscadas llegaba al Congo -lugar donde acampaban las tropas cubanas-. Tenía poco más de 30 años. La acogida por parte de los compañeros fue afectuosa, pues se incorporaba un internacionalista más a la lucha por la libertad de Angola.

Génesis de una victoria

Luis Caro Fernández se recuesta cómodamente en el sillón. A los 71 años quedan en él vestigios del joven revolucionario que prestó ayuda al pueblo africano.

«El día 27 de noviembre de 1975, me llamaron del Centro de Avisos del Comité Militar de Bejucal. Cuando llegué, me explicaron la situación de la nación angolana y solicitaron apoyo a los batallones cubanos. Me asusté, como cualquier otro joven, pues aunque tenía experiencia en las milicias, no creía que tuviera condiciones para pelear en una guerra verdadera.

«Al fin dije que sí y me enviaron junto a otros jóvenes a un entrenamiento militar. Allí aprendimos lo básico en infantería para futuros combates».

Al recordar el momento de la despedida, sonríe con tristeza: «Me mantenía tranquilo para no preocupar a mi familia, pero cuando los vi saludándome por última vez antes de partir, varias lágrimas empañaron mis ojos. No sabía si los vería de nuevo».

La travesía en barco fue muy difícil. Estuvieron 22 días en el mar. Realizaban adiestramientos de noche, siempre con cuidado para no alertar a los aviones enemigos. Una vez, en mal tiempo, todos los pasajeros se marearon: «Parecía que había momias a bordo y no hombres saludables».

Al llegar a África desembarcaron por Punta Negra, en el Congo, el 31 de diciembre del 75. De allí los trasladaron a un campamento cubano, tras varios días de andar por la selva.

«Nos incorporamos a la unidad de emboscadas. Yo no tenía práctica en el combate, pero sabía usar un fusil. Sin embargo, no estaba preparado para ver la muerte a mi alrededor».

-¿Alguna batalla lo marcó especialmente?

Sí, el día que por única vez caímos en una emboscada.

Su cara, hasta entonces risueña, se entristece.

“Perdimos un compañero en la lucha: Salvador Valdés, Salva, como le decíamos, era un joven alegre, sin miedo de ir siempre al frente. Durante el tiroteo, una bala lo alcanzó y la herida fue mortal. Recuperamos su cuerpo y lo enviamos a sus familiares.

«Con su muerte entendí la seriedad de una guerra, los destrozos que ocasiona, y el sufrimiento de quienes participan. Por primera vez desde que llegué a Angola sentí miedo y pensé que podría sucedernos lo mismo a cualquiera de nosotros».

Los batallones bejucaleños estuvieron en Cabinda un año y tres meses. Se trasladaban en camiones de un lugar a otro en la selva

-¿Cómo eran allí las condiciones de los cubanos?

Recibíamos bastante alimento, pero a deshoras. Habitualmente comíamos a las dos de la mañana. Allí mismo acampábamos para pasar la noche, aunque a veces no podíamos dormir oyendo a los animales nocturnos, sobre todo a las serpientes.

-Para aliviar la tristeza de estar lejos de casa, ¿qué hacían?

Allí no teníamos entretenimiento, estábamos en la jungla. Frecuentemente nos reuníamos para contar historias de Cuba, pero eso solo avivaba el ansia de regresar.

Angola, a pesar del sufrimiento, también dejó otras experiencias.

«El tiempo que permanecí junto a niños hambrientos y familias diezmadas cambió mi modo de pensar. Comprendí que todo el sufrimiento pasado tenía su recompensa cuando vi a un pequeño tratar de pronunciar correctamente la palabra Cuba y sonreír con agradecimiento a los soldados que pasaban por su lado».

Le pregunto por lo que significó la ayuda de los cubanos al pueblo angolano y dice: «De no ser por los cubanos, Angola no sería libre hoy».

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer las vivencias de Luis Caro Fernández en la guerra de Angola.

Objetivos colaterales: Abundar en las condiciones de los batallones cubanos en la guerra y la significación que ésta tuvo para nuestro país.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: De referencia al tema.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1-Abierta; 2-Informativa; 3-Informativa; 4-Polémica.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuente: No documental (Luis Caro Fernández).



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