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LA VOLUNTAD VISTE DE BLANCO

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“Más que el agradecimiento o el mérito, me complace sentirme útil en todo momento”, expresa Antonio Vargas, un maestro del quirófano y de la vida, quien combina sabiduría con sencillez.

Texto y foto:
RANDY CABRERA DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mi vecino es una suerte de Marco Polo que con un bisturí y una bandera cubana en las manos ha recorrido medio mundo salvando vidas. Antonio Vargas (Bebito), médico del Hospital Nacional, peina canas nacidas más por el desvelo que por la edad.

Llego a su casa pretendiendo conocerle de un modo diferente. Me recibe atento, con una jovialidad singular. El cuerpo, pequeño, se mueve ágil al tiempo que coloca dos sillas en la mesa del traspatio de la casa. Nos sentamos...

-¿Cómo está, periodista...? Me pregunta con el tono familiar de quien ha visto crecer paso a paso a un semejante, dibujándosele en el rostro una sonrisa.

-Tratando..., contesto. Y con rapidez repongo: No se preocupe, son pocas preguntas.

-Lanza, dice con seguridad.

-Empecemos por la niñez en su poblado natal.

“Diría que fue una infancia feliz. Crecí en Santa María del Rosario, un pueblo semiurbano al sureste del Cotorro, muy tranquilo en verdad. Fui único hijo de unos padres que me dieron todo el amor posible. Mamá era ama de casa y papá trabajaba como obrero en una textilera. 

“Crecí en una familia con gran sentimiento patriótico. Mi padre había militado en el Movimiento 26 de Julio y le tocaba muy de cerca el proceso revolucionario. En consecuencia, estuve guiado por esa firmeza ideológica que reinaba en el hogar y que se ha manifestado en todas las decisiones que he tomado a lo largo de la vida. Soy de los que afirman que la primera mejor escuela es la familia.”

-¿Qué lo motivó a estudiar medicina?

El compromiso humano nació en el seno de mi familia, de ahí la decisión por la medicina; algo de lo que nunca me arrepentiré.

Los profesores de preuniversitario me creían bueno en las ciencias sociales. Yo había participado en concursos nacionales de Historia, de ahí su opinión. Sin embargo, estaba apasionado por la Biología, influido por una magnífica profesora que impartía la asignatura en el pre militar “Héroes de Yaguajay”, donde cursé el bachillerato. A esto se sumó la necesidad de médicos que aún existía en mi pueblo natal.

Hojeando el libro de la memoria, repasa los años de joven estudiante de Medicina: “La Federación Estudiantil Universitaria es un movimiento compacto, unitario; que ofrece la oportunidad de vivir con pasión la vida de estudiante, eso ha sido siempre; aún en estos días. En ese espacio profundicé mis convicciones. Pongo en mi boca las palabras de Fidel: “Allí me hice revolucionario”.

“Recuerdo la Universidad con una nostalgia inmensa. Fue una etapa rica en experiencias. Me desempeñé en varios cargos dentro de la organización: secretario de base de la Unión de Jóvenes Comunistas, delegado a los congresos de la FEU y encargado de redacción de la revista de medicina, “16 de abril”. Viví momentos de los que me siento orgulloso.

-¿Por qué la cirugía?

Siempre quise ser cirujano. Tuve esa idea desde el inicio de la carrera. Al principio me interesaba la neurocirugía, pero en quinto año, luego de un internado en la sala de la especialidad, llegué a la conclusión de que no era lo que quería. La verdadera satisfacción la encontré en la cirugía general, por su complejidad y la profundidad de su estudio. También me animó la profesionalidad de los médicos que atendían el área.

En noviembre de 1976, Antonio Vargas se graduó de especialista y al poco tiempo fue seleccionado junto con cinco compañeros para prestar servicios como cirujano en Angola. Allí estuvo durante dieciocho meses.

“En marzo de 1977 partimos hacia el país africano. Yo tenía con respecto a la guerra una gran insatisfacción: muchos jóvenes apoyaron la lucha como combatientes y sentí que no estaba haciendo nada. Me creía comprometido con esa situación, por lo que fue un regocijo prestar ayuda como médico. Prevaleció, por encima de todo, saberme protagonista de aquel acto de internacionalismo y humanidad.

Me hice cirujano y médico en Angola, de eso no cabe duda. Realizaba por día un promedio de nueve operaciones, unas 270 mensuales. No se descansaba, mientras hubiera pacientes había que operar. Hice de todo.

-Tiene Antonio Vargas una meritoria

labor como internacionalista. ¿Ha sido

el humanismo y no los beneficios

económicos el móvil en cada misión?

Por supuesto. Durante el desastre de Vargas, en Venezuela, la lucha contra el dengue en el estado de Lara; en el propio país y en Paquistán, cuando el terremoto; el interés de hacer lo correcto estuvo por encima de cualquier otra cosa. También en estos dos últimos años, cuando estuve en Guatemala colaborando en la preparación de médicos que prestarán servicios gratuitos al pueblo guatemalteco.

En todas las ocasiones he estado separado de la familia, pero los principios han sido más fuertes. Mi ideología no se ha transformado, sigo siendo internacionalista, humanista, fidelista y revolucionario.

-En su criterio, ¿cuánto debe

mejorar la medicina cubana?

Se quita los espejuelos. Su rostro dibuja una expresión que antecede al análisis de la pregunta. Luego de un instante, responde: “Está claro que se debe trabajar en cosas que andan mal. Me refiero a la organización y estructuración del personal de salud en los municipios, al completamiento de galenos en los consultorios médicos; incluso en hospitales como el Nacional, donde laboro.

“Pero sigo creyendo que el sistema de salud cubano es el mejor del mundo, no solo por su concepción, sino por sus éxitos. Considero que mientras haya socialismo, la salud cubana avanzará con pasos firmes hacia un futuro cada vez más prometedor.”

-Evidentemente ha materializado muchas

de sus aspiraciones como profesional, pero...

¿tiene Antonio Vargas otro sueño por realizar?

Se lleva una mano a la barbilla y al unísono balancea la cabeza. Parece buscar claras y buenas palabras para decir lo que pretende: “Tengo una espina clavada que no me deja descansar. Es mi mayor sueño restablecer el patrimonio y rescatar las potencialidades históricas de Santa María del Rosario.

“En los veinte años como delegado de la localidad, dediqué mi accionar a desarrollar, en conjunto con un grupo de rosareños, un proyecto de restauración que consistía en reparar el Mesón (otrora casa de los condes Casa Bayona), el Balneario y el Parque de las Cruces (sitios emblemáticos por su contenido histórico). Pero las aspiraciones se frustraron por falta de apoyo y recursos. Eso dolió mucho a todos. No quisiera morir sin ver ese sueño hecho realidad”.

-En una segunda oportunidad sobre

la tierra... ¿Bebito una y cada vez?

Cada cosa que hago pasa por el filtro del alma. No me arrepiento de nada. Me queda mucho por hacer y quizá no sea lo mejor, pero el deseo... sobra. Tengo la voluntad.

Haría todo de nuevo, sí, lo mismo. Si volviera a tener una oportunidad sobre la tierra sería médico, luego: revolucionario, humanista e internacionalista.


 



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