Facebook Twitter Google +1     Admin

JORGE OLLER OLLER A TRAVÉS DEL LENTE AMIGO

20130313130752-maite.jpg

MAITE GONZÁLEZ MARTÍNEZ,
Periodista de Radio Habana Cuba,
Cortesía para Isla al Sur.

En mi viaje detectivesco por la historia del fotoperiodismo en Cuba y de una de sus grandes figuras, entrevisté a múltiples amantes de la profesión. Desiguales en épocas, edades, especializados en la materia, o a veces empíricos, todos ellos, desde diferentes enfoques y lenguajes, supieron brindarme una imagen de lo que fue y es hoy Jorge Oller Oller.

Muchas veces escuché que es un artista del lente, por supuesto que lo es. Pero ante todo es un magnífico fotorreportero que supo inmortalizar el proceso revolucionario cubano desde su inicio.

En uno de mis tantos encuentros con Oller le presenté las razones de por qué su obra y labor profesional atrapaban el sentido de mi trabajo. Él, muy serio, solo me respondió: “No merezco ese honor por el simple hecho de estar en el momento y en el lugar indicado a la hora de tomar `algunas´ buenas fotos”.

…en la modestia y la humildad…

“Así mismo es él; muy modesto. Esa es una frase humilde con la cual muchos fotógrafos a veces coinciden, pero yo pienso que no necesariamente estar en el lugar y en el momento apropiado te hace fabricar una buena foto, depende mucho de tu individualidad, de tu propia cultura…; depende de tu mirada, tu corazón y el empeño que pongas. Oller presenta todos esos atributos y más” (René Massola, Fotoperiodista del periódico Trabajadores).

“Si lo tengo que criticar diría que era muy modesto e introvertido, no le gustaba hablar de sí mismo y eso impedía el acercamiento hacia él, pero no de él hacia las personas. Es por eso que sabía agrupar a todos alrededor suyo. Para Oller todo el mundo era bueno. Eso cuesta trabajo creerlo, porque las personas tienen sus individualidades, pero bueno, todos estábamos por la misma causa revolucionaria” (Miguel Viñas, Jefe del Departamento de Fotografía de Prensa Latina en su fundación. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Jorge Oller tiene la rara virtud de la modestia. Es una modestia casi visceral, interna, convencida y practicada como un acto mismo de vida: respirar, caminar, hablar. Esa, que es una gran virtud, por momentos pienso que se vuelve su terca opositora y quizás a ello se deba que entre los más nuevos de la profesión, Oller se va desdibujando a fuerza de que rara vez cuenta o se cuentan sus historias. Sí, porque de eso peca: de no hablar de sí mismo. Mientras que algunos lo hacen en alharaca y montan y desmontan coberturas e instantáneas arrebatadas a determinados personajes, las aventuras de Oller en el periodismo se conocen más por sus amigos que por él mismo” (Iraida Calzadilla, Periodista y profesora de FCOM).

Como padre…

“De Jorge Oller hay que hablar en sus distintas facetas: como ser humano, amigo, padre, hombre y profesional. En una ocasión, estando los dos en Chile en un recorrido con Fidel, me di cuenta que me había quedado solo con todos los dirigentes chilenos y cubanos. De pronto me vi que el transporte encargado de trasladar a los fotógrafos, y que siempre iba delante de la comitiva, estaba a punto de irse hacia el otro sitio planificado. Corrí como un demonio, y del camión, ya en marcha, surgió una mano que me ayudó a subir, era la de Jorge Oller. Me demostró que no se podía estar hasta el último momento en una escena cuando existía la amenaza de perder la próxima. Esa, para mí, fue una enseñanza salomónica; Como un padre enseña a un hijo, aunque él preferiría que lo considerara mi hermano mayor, porque si digo que es mi padre lo envejezco. El siempre veló por mí. Los consejos que me faltaron de mi padre, por estar enfermo, los recibí de él” (Pablo Pildaín, Fotoperiodista de Prensa Latina. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Es un hombre muy humano, una gente muy sensible, es amigo de las personas, se preocupaba por el trabajo de todos. Estas son cualidades que todos veíamos en él y que era importante poseerlas en aquellos momentos donde se era partícipe de la Revolución. Marchar por las calles, el trabajo voluntario, el camión, todas esas cosas te hacían compenetrarte con la gente y ese era Oller. Yo no sé quién es más viejo, creo que él, pero siempre se comportó como un padre para todos” (Miguel Viñas).

Como maestro…

“Enseñar sobre el arte de la fotografía a los nuevos retoños, que llegaban a su ‘escuela’, formaba parte de su rutina. No le importaba mostrar todo lo que sabía. Hoy día, profesionales del gremio, confiesan que esa actitud se ha perdido sólo por el temor de que unos puedan aventajar a otros. Recuerdo una vez que me hizo una evaluación, cuando se celebró la primera reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad. Estábamos mirando las fotos que habíamos tirado, yo por Prensa Latina, y él por Hoy. Oller miró todo su royo, miró todo el mío, y me dijo: “Pablito, has tirado lo mismo que yo tiré”. Óigame…, que el profesor dijera que estaba llegando a su altura son cosas que no se olvidan (Pablo Pildaín).

“En todo momento se preocupó por las nuevas canteras de jóvenes que venían naciendo. Siempre les señalaba como podían hacer mejor las cosas desde el punto de vista de la composición fotográfica. Incluso, hasta orientaba y daba consejos de índole personal” [Pablo Pildaín (hijo) Fotorreportero].

Como colega…

“El gallego, desde mi punto de vista, es un buen fotógrafo de prensa, que tiene un sentido real de lo que es noticia y de lo que es el compañerismo. Nosotros hicimos un buen equipo. Muchas veces nos ayudábamos a trabajar en el laboratorio; yo imprimía y él revelaba, o viceversa. A veces él venía de los viajes y yo le esperaba con el cuarto oscuro preparado, con el revelador listo, aunque el periódico no estuviera trabajando. Eso también lo hacía conmigo. Éramos el aceite y el vinagre que no le puede faltar a ninguna ensalada, y así nos fue muy bien” (Liborio Noval, Fotoperiodista).

“Trabajar con Oller era muy fácil. Cuando uno le comentaba la tarea que quería hacer y él podía mejorarla siempre haciendo propuestas correctas. Cuando yo me iniciaba como periodista, él era un fotógrafo de mucha experiencia al que mandaban a realizar trabajos complejos, sin embargo, como novato tuve la suerte de trabajar juntos en varias ocasiones y para mí fueron momentos muy importantes (Frank Guiral, periodista de Prensa Latina. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Es un gran amigo y colega. Se destaca por su preparación técnica, profesionalismo, humildad y disciplina. Siempre ha sido muy reservado, cumplidor del deber. Es todo un caballero” (Jorge Valiente, Fotoperiodista del Diario Granma. Coincidió en el período laboral de Oller)

Como profesional…

“Es una enciclopedia de la fotografía cubana. En su trabajo siempre se preocupó mucho por el detalle. Era uno de los mejores haciendo empates en los tiempos en que la fotografía era impresa y había que rasgarla. Era increíble haciendo cosas con el tacto” [Pablo Pildaín (hijo)].

“Formidable, un fotógrafo de calidad, muy serio, muy respetuoso, se brindaba siempre para todo. Cuando hablaba con alguien parecía estarlo retratando. Siempre miraba las cosas desde el punto de vista gráfico” (Roberto Morejón Fotoperiodista de Prensa Latina. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Oller no era de esos fotógrafos que corría, pero cuando sacaba una foto…, era una foto: te daba la imagen, la noticia de lo que se necesitaba en ese momento. Su visión de fotoperiodismo era única y tenía mucha confianza en sí. Existe una anécdota de cuando se iniciaron las relaciones con Chile. Él estaba en el Palacio de la Moneda y no tenía acceso a Fidel por la cantidad de personas que lo rodeaban. ¿Qué hizo? A través de un espejo, con forma de moneda, captó una foto espectacular. ¿Y tú te crees que eso se aprende?, puedes pasar por la universidad, sí, pero si no eres capaz de aprovechar el momento de sacar la foto, te vuelves uno más del montón (Miguel Viñas).

“Y es que, hay que decirlo en alto, Oller siempre tuvo habilidad y sexto sentido para captar una imagen en el momento justo en que podía informar, ‘decirle’ algo al receptor. Y en otras, las imágenes se volvieron puro arte en una intencionalidad humana y comprometida que desbordaba cualquier acto de encasillamiento” (Iraida Calzadilla).

Como esposo y compañero de vida…

“Él ha sido compañero, amigo, y como él mismo dice, mí psicólogo durante cuarenta y cuatro años. He sido muy feliz, como no pensé nunca en mi vida. Me dio un matrimonio seguro y sólido.

“Como trabajador, siempre ha sido muy dedicado a su profesión: eso lo dejó bien claro desde el primer día en que nos conocimos. Siempre le respeté sus criterios y sus deseos de trabajar, y esto nunca fue un motivo de discusión.

“Como amigo es muy fiel, siempre trata de ayudar cuando necesitan de él con todo su conocimiento y empeño. ¡Lo admiro, lo admiro, y que no me oiga!” (Caridad Gómez, la esposa).

No ha sido fácil, aunque muy gratificante, compendiar las diversas opiniones sobre este maestro del lente. Adentrarnos en la obra de este hombre, a quien la vida le dio el don de “la mirada fotográfica”, nos demostró que todo cuanto captaba su lente llevaba plasmando “el sello Oller”: su humanismo y sencillez.

Él siempre ha dicho que es un fotógrafo feliz, sus amigos y en especial Iraida Calzadilla, coinciden en que ahí radica su profunda filosofía de vida: “Enamorarse de todo lo que se hace. Ser fiel a su propia conducta y asunción de la vida”.


 



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris