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UN ALMA LIBRE

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Suleydi Leal Sánchez es una mujer tocada por el don de la pintura, de la risa oportuna y la realización personal.

Texto y foto:
YUNIOR SMITH RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Mi vida no se resume en un sillón de ruedas”, me dijo a boca de jarro Suleydi Leal Sánchez no más pasé la puerta de su casa. Las palabras de esta mulata sanmiguelina fueron el pie forzado para pedirle que dibujara, con los pinceles de la memoria, los recuerdos de la infancia que forjaron ese carácter.

“Nací con mielo meningocele y, aunque no perdí la sensibilidad en las piernas, no puedo sostenerme en pie. Fui una niña muy independiente gracias a mis padres. Por esos años caminaba con muletas -cosa que dejé  de hacer cuando, después de una operación, me adapté al sillón-,  pero eso no impidió que lavara la ropa de toda mi familia, incluidas la de mis dos hermanas. También jugaba al pon, a los escondidos, una vez hasta me subí en una cerca para coger guayaba. ¡Era tremenda!”

El brillo se vislumbraba en sus ojos al hablar de aquellos años y los amigos de la infancia.

Primeros pasos en el arte

“Estudié en la escuela especial Solidaridad con Panamá hasta el noveno grado. Allí nos daban nociones elementales de arte y sentía una gran inclinación por ellas. Mis profesores decían que había nacido con un don y me instaban a cultivarlo. Así nació esa relación”.

Al preguntarle por qué la pintura en especial, se encogió de hombros, lo pensó unos segundos y contestó.

“La amo, sobre todo la paisajística, aunque también hago retrato y otros géneros. Voy por la calle fijándome en cada detalle: en los árboles, sus ramas y hojas; en el horizonte y los diferentes tonos del verde que está por todas partes. Al llegar a la casa, no veo la hora de que se haga de noche para ponerme a pintar. Ah, sí, porque me gusta pintar de noche, cuando todos duermen. Para mí, ese es el mejor momento, aunque también lo hago de día si tengo algún encargo. El arte es en mi vida, un placer y una fuente de ingresos también.

“Pero, además, me gusta mucho bordar, tejer y todo lo que pueda hacer con mis manos. Por otra parte, me encanta la artesanía: no hay nada más hermoso que convertir en algo bello y útil lo que ya estaba en desuso; a veces, con solo cucharas y tenedores desechables se logran adornos preciosos.

“¿Que en qué me inspiro?... En la vida, en mis hijos que son mi razón de ser y mi esposo, mi fiel amigo que desde que éramos novios me acompañaba hasta el fin del mundo en busca de óleo para pintar”.

El matrimonio, los hijos

“La unión de mi esposo y mía fue una mezcla de emociones muy fuertes. Desde el noviazgo, hubo muchas personas que se opusieron a nuestra relación. Me decían que él no era para mí,  que debía buscar ‘alguien como yo’ y otra serie de cosas que no quiero ni recordar. Lo bueno es que mi esposo siempre estuvo seguro de nuestro amor y tuvimos el apoyo de nuestras familias.

“Después, la maternidad se convirtió en el reto de hacer un sueño realidad. Yo deseaba tener mis hijos, él lo sabía y también los quería. Desde niña los médicos me dijeron que podía hacer una vida normal, pero cuando me decidí a concebir y salí embarazada, hubo algunos que al parecer no estaban muy informados de mi patología y declararon que debía abortar para no poner en riesgo mi vida. Eso fue un golpe muy fuerte, tuve que ponerme dura y buscar la opinión de otros especialistas. Pero ahí esta mi niño. Después me embullé a buscar la hembra y la encontré”.

-¿Qué piensas de las personas

que rechazan o subvaloran

a los discapacitados?

“Todavía falta mucho conocimiento en cuanto al trato con nosotros. No basta que se aborde el tema en televisión, la gente tiene que entender que nuestras vidas no se reducen a un sillón de ruedas, que somos capaces de vivir, de superarnos, de amar.

“Tengo 32 años y aún pienso en seguir estudiando, Quiero pasar uno de los cursos de restauración de obras de arte que ofrece la Oficina del Historiador porque entiendo que nada es imposible y lo he visto en personas como mi amiga, que incluso escribe con la boca y eso no impidió que se graduara de Derecho. La no aceptación provoca trauma en personas como nosotros. La gente tiene que abrirse mente y aceptarnos de verdad”.

Fue oportuno el momento para darle una última pincelada a este cuadro. La pregunta la sorprendió un tanto, mas respondió:

“¿Mi alma?... Libre. Soy una mujer realizada: mi familia me ama y hago lo que me gusta; acabo de terminar un curso de enfoque de genero, auspiciado por el Consejo de Iglesias de Cuba, y hoy enseño a hombres y mujeres a hacer arte con sus manos, pero también es una puerta para hablarles de la sexualidad, la violencia doméstica, la autoestima y la necesidad de la comunicación. Disfruto enseñando a los demás lo poco que sé. Estoy satisfecha por lo que he hecho y por lo que me queda por hacer, ¿cómo no voy a tener mi alma libre?”

Ficha Técnica:

Objetivos centrales: Realizar un acercamiento a  la vida de Suleydi Leal Sánchez, su obra y su psicología.

Objetivos colaterales: Mostrar cómo las discapacidades físicas no constituyan impedimentos para ejercer una profesión, la maternidad u otra esfera de la vida cotidiana.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por la forma: Mixta.
Por su contenido: De retrato.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de titulo: Llamativo.
Tipo de entrada: De cita textual.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de pregunta: (1) Abierta.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuente: Primaria (No documental), Suleydi Leal Sánchez.



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