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CORREDOR DE LA VOLUNTAD

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Alexander García es el único maratonista cubano de 21 kilómetros en la categoría de muletas.

Texto y foto:
HITCHMAN POWELL ESCALONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Le he dado a la vida muchas galletas sin manos, y aunque me digan que no puedo hacer algo, lo hago”, me dijo a boca de jarro apenas comenzó la conversación.

Alexander García Sánchez fue el primero de los dos en venir al mundo de un embarazo de gemelos, en el año 1974. Desde pequeño, tuvo que mostrar sus garras de luchador para poder vivir, porque los doctores le daban pocas probabilidades: “Nací a los ocho meses, pesaba solo dos libras y tenía el cordón umbilical enredado en la pierna derecha, la que me amputaron al tercer día de nacido. Sobrevivir a la operación se consideró un milagro en aquel entonces”. 

Sin embargo, su discapacidad no fue un obstáculo para insertarse en la sociedad: “Asistí al círculo a los dos años. Mi mamá le enseñó a la maestra cómo ponerme la prótesis en caso de que se cayera.

“Cursé la primaria, y en la secundaria acudí a las tres etapas de la escuela del campo. En el tecnológico logré alcanzar la carrera de Veterinaria, que era muy difícil de obtener en Ciudad de La Habana, en 1990”.

En la adolescencia nunca estuvo tranquilo, siempre tenía algo que hacer, porque “no soy un discapacitado de estar sentado en la casa”. Montaba “chivichana”, bicicleta, trepaba encima de los árboles, jugaba fútbol, escondidos, de todo, menos pelota, “pues no me gusta”. Iba a las discotecas, marchas del pueblo combatiente, siempre activo, debido a que “para descansar, veo la televisión o me acuesto a dormir. Yo sé mis limitaciones, pero no las pongo de barrera”, dice Alexander, quien subió al Pico Turquino acompañado de su familia.

En la actualidad, trabaja como técnico de laboratorio en el Policlínico “19 de Abril”, ubicado en el municipio capitalino Plaza de la Revolución. Además, pertenece al Club Terry Fox de La Habana, creado en el 2009, y es el presidente de la Asociación de Limitados Físico-Motores (ACLIFIM) de su localidad: “La organización tiene como propósito incorporar a los discapacitados a la sociedad, y apoyarlos moral y materialmente, mediante  donaciones que llegan de otros países. También, se hacen actividades deportivas y recreativas en saludo a fechas señaladas como 1 de Enero o 10 de Octubre”.

Su inquietud le permitió acercarse al deporte, el cual “me da la energía positiva y la fuerza necesaria para decir yo sí puedo”. En 1993 participó por primera vez en un maratón. “Escuché que se iba a hacer una carrera de 5 kilómetros en homenaje a los caídos el 13 de marzo de 1957, organizada por la Universidad de La Habana, y decidí participar. Allí obtuve el tercer lugar y me premiaron con un búcaro de cristal que aún conservo”, dice.

Desde entonces compite en cada movimiento deportivo de esa magnitud: Marabana, Maracuba, Andarín Carvajal, y otros en conmemoración a fechas especiales como el aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución y del Instituto Nacional de Deporte Educación Física y Recreación. Su evento más esperado cada año es la carrera por la esperanza Terry Fox, a la cual asiste desde 1997 y, según confiesa, no va a faltar aunque los brazos y las piernas no le respondan, porque es para luchar contra el cáncer y participan todas las personas que se sientan convocadas.

El corredor de la voluntad, como le dicen sus amigos, es el único cubano que en la categoría de muletas compite en el evento Retro running (carrera de un kilómetro de espaldas), y tiene como marca personal 15:37:71 minutos, y en el Biatle (corren un kilómetro, nadan 300 metros y corren nuevamente un kilómetro). Según dice, “no pretendo romper marcas sino contribuir a incorporar a las personas a ese deporte”.

También corre en la modalidad de media maratón de 21kilómetros desde el 2003 (único del país en su categoría), y posee el récord de 2:55:54 horas en 20kilómetros, registrado el 23 de abril de 2006 y reconocido por la revista Marabana, en 2007. Por esos logros, la gente lo llama cariñosamente Campeón: “Me dicen así porque me lo he ganado con esfuerzo y sacrificio. Solo anhelo llevar mi categoría a los Paralímpicos”.

A su lado conviven decenas de medallas y reconocimientos por la labor realizada. Sin embargo, manifiesta que el mayor premio “es cuando el pueblo me ve en la televisión y pregunta si voy a seguir corriendo. La respuesta es sí, porque para mí es una alegría y la manera de demostrar cuánto puedo hacer. Pero el logro más importante es haber ganado el respeto de los maratonistas, quienes al terminar su carrera regresan para apoyarme hasta la meta”.

Para poder lograr cada galardón tuvo que entrenar y sacrificarse mucho. “Cuando empecé en el deporte, un compañero que llamaban Jorge, “el flaco”, me dijo: “¿Tú lo vas a hacer siempre? Entonces, ve por la hierba, porque el pavimento te acaba con la rodilla”. Desde aquel día, cada tarde que entreno, voy de la casa (Ermita y Tulipán) hasta la Ciudad Deportiva y le doy de 5 a 10 vueltas a la pista”.

Además de la fuerza de su espíritu y de su carácter al enfrentar la vida, el Terry Fox cubano, como lo bautizaron los maratonistas, tiene una enorme sensibilidad ante las personas que sufren cualquier enfermedad, que eleva su valor humano. “Corro por esas personas que padecen de cáncer, por quienes no pueden hacerlo, por los Cinco Héroes, y me comprometí a no dejar de correr hasta ver su regreso”, asegura.

El estado cubano cubre las necesidades de cada persona que pertenece a la ACLIFIM hasta que cumple 18 años: “Debo dar gracias a la vida por haber nacido en un país socialista, que se preocupa por la salud de sus habitantes”.

Su familia desempeña un rol fundamental en la trayectoria como deportista: “A mis padres no les gusta que compita en 21 kilómetros, pero siempre comprenden por qué lo hago y me alientan. ¡Qué remedio!, como ellos dicen. Mi hermano cada vez que tiene un tiempo libre, corre conmigo en los maratones, él sí que es un “loco”. En general, todos me aconsejan y apoyan”.

De todos los héroes, a quien más admira es a Ernesto Guevara de la Serna: “Él fue una persona de mucha voluntad, símbolo como ser humano y ejemplo de hombre cabal para mí y el mundo. A pesar de su enfermedad, se convirtió en guerrillero, y por eso tatué su rostro en mi brazo. ¿Cómo queremos que sean nuestros hijos? Yo no soy un niño, pero aún quiero ser como el Che”.

Pie de foto: Alexander García acude a entrenar a la Ciudad Deportiva en sus tiempos libres.

Ficha técnica:

Objetivo central: Dar a conocer aspectos de la vida del entrevistado.

Objetivos colaterales: Reflejar la estrecha relación que existe entre el entrevistado y su profesión.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: De citas.                        
Por su contenido: De personalidad.   
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Declarativa.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusiones: De opinión o comentario del entrevistado.



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