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DE ESTEREOTIPOS Y CLICHÉS

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Este trabajo obtuvo Premio en el Fórum Científico 2013 de FCOM, en la categoría de Comentario.

SUSANA GÓMEZ BUGALLO,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La vida está llena de estereotipos. También de clichés. A los rockeros “les toca” ser friquis. A los reguetoneros: guapos y chulos. A los deportistas, torpes en el hablar. A las actrices, superficiales. A los héroes, intocables.

Se presentan como verdades inalterables que desatan las más enrevesadas discusiones si a alguien se le ocurre explicar que gusta de andar en tacones y correctamente vestido mientras lleva en el mp3 Black Dog, de Led Zeppelin. No hay quien entienda tal “desviación”. Si oyes a la clásica banda, pareces estar destinado a no bañarte, ir vestido de negro y con alcohol y nicotina en la sangre.

Parece ser esa una estrategia del ser humano para resumir todo a un parámetro establecido y no tener que preocuparse por analizar cada caso. La ignorancia o la prisa cotidiana impiden ver más allá de lo que se construye estereotipadamente. Y aquellos que ven la vida detrás de su manto en blanco y negro, terminan yéndose “con la de trapo”. En el mejor de los casos.

Como tema espinoso al fin, la política está condenada a los estereotipos y clichés por aquellos que no quieren “meterse en nada”. Respeto cada opinión. Pero no me gusta que todo vaya a parar “al mismo saco”.

Llevo varios meses “enredada” en un tema que siempre me pareció intocable, muy difícil y tratado para ahondar más en él. La historia de los cinco muchas veces se nos esconde detrás de cinco carteles y nos perdemos en los problemas personales de rutina lanzando un vistazo casi indiferente a una realidad que pudiera existir en miembros de nuestro hogar.

Como el Martí del Indio Naborí, Gerardo, Ramón, Fernando, Antonio y René suelen estar cansados de ser piedra, rostros sonrientes en pancartas y pulóveres, tan solo los Cinco Héroes Prisioneros del Imperio, apresados injustamente por defender a Cuba del terrorismo. Así se nos graba. Como una frase fría que repetimos tal vez sin comprender qué hay detrás de esos cinco hombres, de esas cinco familias, de esas cinco historias.

Pero no queremos decir LO MISMO. Hablar de LO MISMO. Descubrir LO MISMO. Entonces intentamos escapar a los estereotipos y clichés. A un lado lo conocido. El reto es seguir descubriendo los hombres detrás de los alegatos y los mensajes al pueblo. Nos adentramos en las historias de esos hijos sin padres, de esas esposas sin hijos, de esos hombres sin familia.

De aquellos que dependen de las esporádicas llamadas e intemporales cartas para decirse lo mucho que se extrañan. De esa mujer que comenzará a regalar la ropita de niño que reunió por varios años. De la fiel amante que llora cuando gana Industriales y graba en su mente cada detalle de los juegos para poder transmitirlo a su pareja. Su nombre es Adriana y es la esposa de Gerardo.

Descubrimos que René y Fernando son fanáticos a la percusión menor; que Ramón sigue cumpliendo 29 años hasta que no vuelva a Cuba; que Antonio estudió en un fin de semana varios libros de integrales y derivadas en inglés para ayudar a Tonito en una prueba de cálculo; que Gerardo “altera” a Adriana porque no aprende a madurar en cuestiones de amor y que le regaló en un correo un gatico hecho con los símbolos del teclado. Que algunos sueñan con subir el Turquino.

También, que tras el ánimo y la lucha, es difícil para Rosa Aurora mostrar su intimidad. Adriana lava las ropas de Gerardo e intentó encerrarse en el baño 24 horas para estar en su lugar. Gabriel, el hijo panameño de Antonio que estudia ahora en la Cujae y vive en casa de su abuela paterna, ve todo un enigma en ese hombre que es capaz de pintar y hacer poesías en un ambiente tan “poco de vida” como la cárcel. Ivet, la muchachita de catorce años de René, recibe los pomos de leche en las mañanas que visita a su padre “porque él aún cree que soy una niña”. Ailí le dice a Ramón “su osito de peluche”. Elizabeth lo siente caminar por la casa “como un fantasma”.

Saber que los héroes son humanos como nosotros los convierte más en héroes. A veces me aventuro a que otros lo entiendan. No siempre tengo suerte. No siempre puedo abrir almas enseñándoles cómo estos titanes son tratados como hombres comunes dentro de sus cárceles. No siempre puedo explicarles desde el corazón lo que significa en un matrimonio la ausencia de 14 años. No siempre se visualiza a una hija creciendo con un “padre de papel”. No siempre podemos pensar en aquellos que defienden nuestro sueño en el territorio donde nacen nuestras pesadillas. Quizá hoy es el día para lograrlo. Como en el Abracadabra de La Colmenita: ¿qué otra cosa podemos hacer?



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