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UN BAR QUE NO SOLO VENDE CERVEZA

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Texto y fotos:
LEIDY GUZMÁN DAZA,
estudiante de sexto semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Bogotá.

Teatrocidio es como el cuarto que un adolescente, lleno de afiches y bisutería que papá y mamá recomiendan ordenar. Único bar de su clase en Bogotá, todo está particularmente ubicado para disfrutar.

Situado en el centro de la ciudad y aunque existe una campaña para erradicarlo, se encuentra autorizado por el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y aprobado por el reglamento del edificio, a pesar de aquellas personas que se consideran moralmente superiores a quienes consumen alcohol.

Abre todos los días desde las tres de la tarde y ofrece un espacio diferente, lleno de objetos bastante especiales que expresan ideas conceptuales del arte y mediante sensaciones, genera una experiencia diferente en cada cliente.

“No es un invento mío, ni de Andrés Carne de Res, ni de la Juguetería, pues en Barcelona, España y en varias ciudades y pueblos de Europa, desde hace tiempos inmemoriales quienes querían establecer una taberna, una tasca o un bar, por cuestiones económicas utilizaban cosas que tenían en su hogar y las trasladaban al negocio”, aclara Marco Prieto Soto, propietario del establecimiento.

Estos objetos pretenden transmitir la soledad en medio de tantas opciones de comunicación, según la perspectiva de su dueño, pero sin duda, lo más especial del bar es la gente. Aquí los debutantes son los clientes, haciendo parte de la escenografía y el montaje, creando el clima y el paisaje que es lo que realmente transmite y es la esencia del lugar.

Los bares dependen exactamente de la percepción del cliente. Y en Teatrocidio no va a encontrar nada especial que no encuentre en otro sitio. Incluso, tiene muchos faltantes, pues no se hacen cocteles, es un establecimiento sin barra, no vende ron, ni bebidas con lácteos. En realidad, es simple y caótico, lo cual hace de este un sito único.

Alejandra Huertas y su novio Steve Guerrero son clientes del lugar y coinciden en que disfrutan mucho cada visita, pues,  además de que para ellos es agradable y romántico, los dos pueden disfrutar hablando de literatura o tomando un buen tequila. Al igual que a Teatrocidio, les encanta frecuentar lugares donde se aprecia el arte por las piezas y los objetos que se exhiben.

De esta manera Teatrcidio -teatro de riesgo mortal, no por buscar un peligro gratuito, sino por arriesgarse- ofrece una salida diferente para sentarse en la tarde a leer un rato, o disfrutar con los amigos unas cervezas, pues es casi perfecto para cualquier estado de ánimo y se adapta bien a lo que se esté buscando, es un lugar fuera de lo común, muy especial en la ciudad.

 



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