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OBESIDAD: ¡NO ECHE LA CULPA A LA COMIDA!

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LAM NGUYEN THANH,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cierta vez, una amiga me contó sobre la historia de los habitantes de algunas zonas al norte de Canadá, donde la temperatura máxima nunca sube a diez grados bajo cero. Allí, las muchachas favorables para ser esposas son las gordas, mientras más gordas, tanto mejor, para enfrentarse con la condición severa del clima e infundir la calidez a su marido.

Sin embargo, en una Isla de demasiado calor como la nuestra, ser gordo no es ideal ni el requisito para ningún sexo para tener un buen matrimonio. Pero, en realidad, el 25 por ciento de los cubanos son sobrepesos y dos tercio de estos tienden a la obesidad, según el reciente libro titulado “Obesidad: epidemia del siglo XXI”, del doctor Jorge Pablo Alfonso Guerra, presidente de la Sociedad Cubana de Nefrología.

Es cierto que se deben busca las razones principales en lo que comemos diariamente. Pero, como en un crimen, la pistola no tiene culpa, la culpa es de quien la usa; asimismo, aquí la comida tampoco tiene culpa, la culpa pertenece a quien la come.

No pocas personas se defienden diciendo que en Cuba es casi imposible realizar una dieta de vegetariana: “Mira a nuestro plato tradicional: arroz congrí cocinado con grasa, carne, tostones, chicharritas. ¿Qué hay para el postre?: dulce, mermelada, helado, cake. ¿Qué se vende en la calle?: Tukola, frituras, pastel, donut, turrón de maní… Y, además, los tipos y cantidad de verduras en el país no son bastantes”.

No se puede negar que cada nación tiene su propia cultura alimentaria que se vincula con la propia cultura de la región. Pero de otro lado, también está siendo construida históricamente, evolucionando y diferenciándose a  lo largo del tiempo y depende del desarrollo de la sociedad. Por eso, es necesario cambiarla de una vez si nos hace daño o nos enferma.

Además, hay que aclarar la equivocación de que una dieta saludable, obligatoriamente, es una dieta vegetariana. No importa si es vegetariana o no, sino si nos suministra las nutrientes, vitaminas y minerales vitales, asegura la energía necesaria para realizar las actividades y trabajos sin el consumo excesivo de grasa, azúcar…

Vamos a hacer una comparación entre la referida dieta a lo que comemos diariamente. No quiero mencionar más sobre la cultura alimentaria, quiero presentar aquí solo un ejemplo sencillo acerca de la manera en que se consumen las frutas. De hecho, muy pocos cubanos optan por comerla cruda, directamente, sino llevarla a batido o jugo. Junto con esto, agregan mucha azúcar, leche condensada, leche en polvo y otros ingredientes. De esta manera, las frutas –lo que se recomienda como una de las comidas naturales mejores para la salud y las actividades mentales – se vuelven para enfermarnos sin darnos cuenta.

Otro ejemplo similar es con la cocción de vegetales y ensaladas. ¿Cuántas verduras se ven en las llamadas “ensaladas frías”? La mayoría de sus componentes son pastas, huevos, mayonesa y salchicha. Por aquí surge una pregunta de dominio gastronómico: ¿debemos o no buscar otra manera más saludable para preparar los alimentos?

En el libro Alimentación, Diversidad y amor en la cocina actual, “recetarios” con productos del agro, la doctora Raquel Castanedo Valdés, del Instituto de Nutrición e Higiene de Los Alimentos, sugiere seis fórmulas diferentes para preparar los vegetales, los cuales son hervor, freír, salteado, estofado, guisado y asado. Podemos aplicarlas para lograr un plato de vegetales auténticamente saludable.

Otra preocupación sobre la obesidad  es su incidencia en la infancia. El doctor Jorge Pablo Alfonso Guerra señaló también en su libro que casi uno de cada tres preescolares y 18 por ciento de los escolares tienen peso corporal excesivo. El 8 por ciento de los niños ingirió más de 125 por ciento de la cantidad diaria de energía recomendada, y más alarmante, el 44 por ciento de ellos consumió esa energía en forma de azúcar refinada añadida extra a los alimentos.

El desarrollo de esta epidemia en los niños está vinculado a los factores ambientales, especialmente hay que destacar el impacto desde sus padres, quienes también tienen mal hábito de alimentación. Además, está el fenómeno de comer en la calle, comer cuando espera la guagua, comer no por el hambre, sino por gusto, comer para divertirse… Y la comida en la calle no es solo puede ser antihigiénica y es algo en lo que se debe tener sumo cuidado, sino que también, como ya se refirió antes, engorda demasiado.

Al lado de una dieta científica, un nivel de actividad física adecuado es imprescindible para lograr una salud sana. En lugar de obsesionarte con la televisión o el laptop todo el fin de semana, ¿por qué no haces ejercicios por solo 30 minutos cada día? No para en el efecto de prevenir la obesidad y las enfermedades relacionadas, la práctica del deporte también ayuda al éxito de las actividades mentales.

Para concluir, quiero formular la teoría de Hipócrates que expresa que tu medicina sea tu propio alimento. Por eso, no conviertas tu medicina en enemigo de tu salud.

 



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