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SI TE ALCANZAN LAS ALAS

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ROSALIA CARMONA LEDESMA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hay fechas que nunca pierden su frescura, su olor incipiente en esas columnas de numeritos que crecen a la par de los milenios –dígase el almanaque-. Días “septembrinos”, del uno al seis, raras veces llegan al siete, solo por un atravesado Isidore –huracán que afectó el occidente del país en el 2002- hermano de Lili u otro monstruo de parentesco similar.

Quizás lo que haga especial a estos días sea la historia de septiembre –singular por la trascendencia que para la nación cubana tiene el día 28 (creación de los Comité de Defensa de la Revolución) y por la tristeza que para el mundo dejó la fecha 11, sumisa a pérdidas latinas y norteamericanas en el atentado a las Torres Gemelas.  

En este mes reinicia cada año, a pesar de todos los pro y los contra, una nueva etapa escolar que incumbe al infante, al pionero, al pre y al universitario novato que como tú, comienza ya su trayectoria en el nuevo curso que le depara el destino.

Tu acrobacia inicial por la universidad se trata de equilibrio, más que de altura. Que te alcancen o que te sobren las alas dependen de ti y del empeño con que pongas a trabajar el corazón y el alma, en esta lucha que no para pocos se torna violenta.

“Primer año en la academia”, cinco palabras que al principio alegran y que de repente, pueden o no asustar. Luego de seis semestres de preuniversitario luchando por tu futuro, notas que un cambio brusco y repentino te obliga, inevitablemente, a defender la semilla que has cosechado con entrega y esfuerzo.

Y ahí estás, rodeado de un conjunto de adversarios que te observan de pies a cabeza. Unos como si nunca hubiesen atravesado el mismo sendero; otros brindan su solidaridad porque se saben humanos. Dispuesto a caerte, levantarte, retroceder y avanzar. De eso se trata, de complementar en un grupo ajeno en el que tendrás que sacar a flote tus conocimientos a la par de tus virtudes. El que vendría a ser tu pelotón, en esa guerra nunca harta de cicatrices que es la vida universitaria.   

Encontrarás tentaciones que de tanto festejarlas, se volverán ametralladoras con el blanco en la libreta o en la voz del conferencista. Habrá madrugadas en las que tendrás que soñar despierto para no rendirte ante una serie de prosopopeyas, fórmulas químicas, físicas o matemáticas, derechos romanos u otra materia académica. Si en alguna ocasión piensas que tus oponentes son profesores con títulos de máster y doctorados, bien podrías sumar a las tropas estos “fieles enemigos” que te mostrarían como nadie el camino hacia la victoria.

Algunos soldados habrán salido por primera vez de la falda protectora de sus padres. En estos casos será difícil, pero no imposible, reñir sin la presión del regaño firme y la palabra oportuna. Otros, se enfrentarán a desconocidos campos de batalla, generalmente capitalinos, que habrán de estudiar de prisa y al detalle para no perder el ritmo de la guerrilla.

Primerizo, novato, como te quieran llamar, recuerda que nadie como tú tiene tan joven las ideas y tan claro el futuro. Vale que te equivoques una y mil veces, pero intenta no perder tu color.



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