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¿MAGIA CON LETRA INVISIBLE?

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ALBERTO CABRERA TOPPIN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Camino por el largo pasillo donde han quedado como recuerdos besos y abrazos. Una simple mirada hace pensar que en esta escuela, con su casi perdido propósito de vocacional y su gentilicio capitalino, no es necesaria la campaña por la masificación de la lectura que invadió hace poco la televisión. Los préstamos literarios parecen cadenas interminables: son muchos los que quieren adentrarse en esos microuniversos, cuya puerta de entrada se llama “prólogo” en algunas ocasiones y  “capítulo 1” en otras.

Lo interesante no resulta cómo la mayoría preserva el hábito de leer, sino el objeto leído: Stephanie Meyer con sus vampiros adiamantados; J. R. R. Tolkien con el anillo, hobbits, enanos y las más diversas criaturas; J. K. Rowling y el universo mágico tejido por varitas… Muchos son los ejemplos que, una vez conseguidos por las más numerosas vías y soportes –desde el pago de más de una veintena de pesos convertibles en la Feria Internacional del Libro hasta la impresión de una copia digital hija de la piratería- se convierten en otro habitante más del centro escolar.

Sin embargo, no consideran que la literatura fantasiosa de Cuba valga la pena de leerla, pues la creen inferior. Y es allí donde se equivocan.

Ciertamente, los mayores exponentes de la narración cubana son complejos debido al empleo de un lenguaje estilizado al máximo con los conocimientos y las investigaciones del autor –Paradiso, de Lezama Lima, es una muestra de ello– y en muchas ocasiones se intentó extrapolar esas características al resto el quehacer literario dentro de nuestras fronteras, al punto de quedar olvidada por un tiempo la imaginación fantástica y heroica. No obstante, muchos continuaron escribiendo historias con magia y espadas y otros lo comenzaron a hacer. De ahí surgieron autores respetables cuyas obras aguardan por ser devoradas y no pretenden herir de muerte el bolsillo.

Así, son varios los títulos de José Miguel Sánchez Gómez (Yoss), multipremiado miembro de la unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), que arma a sus personajes con báculos nigrománticos, armas filosas, crines y cuernos, hasta las más raras innovaciones aún no materializadas por la ciencia y concebidas en la mente humana. A él se suman Elaine Vilar Madruga, Jeffrey López Dueñas y Carlos Duarte Cano, compiladores de los sueños plasmados en papel quién sabe si con un lápiz de una bruja famosa como Hermione.

Pero esa magia solo despierta al abrir el libro, y que el público lo haga depende de la divulgación, bien escasa en excelentes títulos como Axis mundi y Leyenda de los Cinco Reinos, con los que la editorial Gente Nueva –en la colección Ámbar– ha querido mostrar de cuántos quilates es la invención cubana, al menos en algunos casos. Aún así, puede que los editores solo estén en la punta del iceberg, y que el resto del cuerpo estuviera a la vista con un simple concurso nacional difundido por la televisión.

¿Está lejos el día en que lo fantasioso, generado desde suelo cubano, tenga agotados los ejemplares de una obra a una semana de publicación? Muchos, como aquellos estudiantes lectores, responderían que sí con absoluto convencimiento. Ojalá no sea de tal manera, por el bien de la imaginación.



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