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EL ESPEJO DEL CAIMÁN

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JAVIER ROQUE MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El mundo es algo complejo y desequilibrado. Por muchas estadísticas y estudios que se realicen, comprender el desarrollo de la vida en la Tierra puede convertirse en tarea titánica, más cuando vivimos en una sociedad donde prevalece el pilar de la igualdad y donde a pesar de las carencias y las dificultades casi siempre se encuentran respuestas, razones por las cuales a veces somos incapaces de entender realidades ajenas.

La diversidad presente en el globo terráqueo es la causa de por qué resulta tan atractivo estudiarnos. Ser capaces de hallar las diferencias que rigen el desarrollo de la especie humana ayuda, más que a adquirir una cultura general, a ser autocríticos con cuanto se desarrolla en nuestras narices. 

Me cuento entre las personas que gustan de las curiosidades, y buscando y buscando encontré en la red de redes un interesante artículo titulado El mundo en miniatura (www.ultraguia.com.ar). Según el documento, resulta que si se pudiera reducir la población mundial a solo cien personas, manteniendo las actuales proporciones que rigen la vida en el planeta, serían 57 asiáticos, 21 europeos, 14 del hemisferio oeste (tanto norte como sur) y ocho africanos. 52 de ese centenar serían mujeres y 48, hombres, mientras que 30 tendrían la piel blanca y, curiosamente, solo igual número practicaría el cristianismo y sería capaz de leer.

Si seguimos indagando en las matemáticas que administran a este “grupo de ensayo”, encontraríamos que 89 individuos serían heterosexuales y 11 homosexuales; seis  norteños poseerían el 59 por ciento de todas las riquezas a la vez que 80 de los restantes vivirían en condiciones infrahumanas, de los cuales 50 sufrirían de malnutrición. Una persona estaría a punto de morir y un bebé a punto de nacer, quien posiblemente pudiera convertirse en el único del grupo con estudios universitarios y computadora personal. ¿Curioso, cierto?

Sin embargo, cuando aterrizamos en nuestro entorno más cercano nos topamos con una realidad que, aunque no perfecta, nos convierte en privilegiados. A pesar de que el caimán pueda tener algunos problemas de solvencia a la hora de desembolsar el bolsillo, las soluciones a nuestros problemas más inmediatos siempre aparecen, aunque no todas las veces dos más dos sumen cuatro.

Cuba cuenta con servicios médicos altamente especializados y gratuitos y con uno de los índices más bajos de Latinoamérica en cuanto a pobreza y pobreza extrema, razón por la cual podemos considerarnos más afortunados que millones de personas en el mundo que mueren diariamente por falta de una adecuada atención médica o de acceso a agua potable y alimentos imprescindibles.

También tenemos la dicha de poseer bajísimos niveles de mortalidad infantil, más bajos en ocasiones que los de países desarrollados como Estados Unidos y Canadá. Aunque seamos una nación con muchas dificultades, económicas y no económicas, tenemos la grandeza de compartir nuestros conocimientos y logros con aquellos que lo necesitan, haciendo gala de los más fundamentales principios de humanidad y solidaridad. Por esta razón, la mayor de Las Antillas se ha ganado el respeto y la admiración del mundo, al demostrar que con poco, mucho se puede hacer.

Pero no solo podemos considerarnos victoriosos en el campo de la salud. La educación ha sido una meta desde el principio de la Revolución, y con unos niveles educacionales bastante altos somos más bienaventurados que dos mil millones de personas en el mundo que no saben leer ni escribir.

Los cubanos somos libres de elegir religión y conducta sexual, razón que nos coloca por delante de otros tres mil millones que sufren todo tipo de discriminación. Igualmente tenemos la suerte de no haber visto nublado nuestro cielo con aviones de guerra desde Playa Girón, ni sufrir las consecuencias del encarcelamiento injustificado, las torturas o la represión de las fuerzas armadas, a diferencia de 500 millones que diariamente temen salir de sus hogares.

El Estado se preocupa porque tengamos lo necesario para alimentarnos  y un techo sobre nuestras cabezas a la hora de dormir, hechos ambos que nos hacen más ricos que el 75 por ciento de la población mundial, que tiene que apañárselas como puede para subsistir y dar de comer a sus pequeños. 

Los citados son solo algunos ejemplos de los aciertos del proceso cubano, que, aunque en ocasiones no ha tomado el camino correcto, las más de las veces ha sabido o al menos ha intentado enmendar sus errores. Entonces, si dentro del famoso grupo de los cien hubiera un cubano, quizá no fuera de los más ricos monetariamente, pero creo que podemos concordar en que sería de los más felices y realizados.

Es innegable que vivimos en una sociedad con muchos desaciertos y donde queda mucho por hacer, pero a veces relegamos, sumergidos en nuestras propias interrogantes, que Cuba ha hecho grandes cosas en materia humana, y aunque miremos a nuestro alrededor y encontremos carencias por doquier, nunca debemos olvidar que, con complicaciones o sin ellas, somos el espejo en que muchos se miran.



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