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LA CLARIA: “FEA PERO SABROSA”

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DAIRON MIRANDA QUINTERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando se habla de la claria, muchas personas argumentan tener asco de ella porque “come de todo”, olvidando de qué se alimentan o dónde viven otros animales como el pollo, el pato y el cerdo, muy consumidos por los seres humanos. 

Este pez, considerado también en ocasiones “piraña” por su voraz apetito y aspecto desagradable, tiene una gran importancia comercial como proveedor de carne, razón por la cual ha sido introducido como fuente de alimentación en más de 30 países, entre los que se encuentran Cuba, Estados Unidos, Indonesia, China, Taiwán, Gran Bretaña, Papúa Nueva Guinea y Tailandia.

No es acertado hacer un análisis personal acerca de la relevancia de la claria como alimento nutritivo o no, sin antes conocer los principales rasgos y antecedentes estadísticos relacionados con la especie.

“ACLARIANDO…”

Según la enciclopedia virtual Wikipedia, la claria o pez gato (catfish en inglés), deriva su nombre del griego chlaros, que significa vivo, animado, características fieles a la capacidad de estos peces de mantenerse vivos fuera del agua dulce largo tiempo.

Es un animal acuático originario de Asia, que comprende bajo su nombre unas 2 000 especies extendidas por la India, el Sudeste asiático, Indonesia y en particular por el norte de África, donde la diversidad es mayor. Las coloraciones más comunes del pez son el uniforme gris oscuro y el barro negro o marrón.

Debido a su capacidad para buscar alimentos fuera de los estanques, deslizándose por tierra mediante fuertes sacudidas de la cola, se le considera un pez carnívoro y altamente depredador; al punto que cuatro miembros del género Clarias (anguillaris, buthupogon, gariepinus y macrocephalus) pueden alcanzar más de un metro de longitud, en dependencia de la cantidad de carne que consuman.

La especie, conocida también como pez diablo, se alimenta de huevos, lagartijas, aves, ratas, tortugas, tilapias, ranas, cocodrilos pequeños, e incluso muerde a animales mucho más grandes que ella. Esta invasora ha logrado introducirse en cuevas subterráneas, alcantarillados y hasta en tuberías caseras.

En la actualidad, los tipos existentes de pez gato, están distribuidos por casi todos los continentes, pues se reproducen, crecen y adaptan a las condiciones más adversas. Uno de ellos, el batrachus, está incluido en la lista “100 de las especies exóticas invasoras más dañinas del mundo”, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés).

EN CUBA: ¿“ACLARIANDO” O ACABANDO?

Jesús Baisre, asesor de la Industria Pesquera Cubana, comentó a la revista Mar y Pesca que “entre 1998 y 2000, a Cuba se trajeron dos tipos de clarias, la macrocephalus y la gariepinus, originarias de Asia y África. (…)Fueron introducidas en el país para aumentar el consumo de proteínas de la población”.

Según datos del Centro Nacional de Áreas Protegidas (CNAP), la especie amenaza fuertemente, en el medio natural, a 242 de la fauna cubana, de las cuales 75 son endémicas, 29 raras o locales y 25 introducidas.

Una de las zonas donde más peligra el medio ambiente es la Ciénaga de Zapata, reservorio natural en el que los problemas comenzaron cuando los primeros ejemplares en cautiverio escaparon de las pocetas y llegaron a ríos, lagunas, presas y criaderos particulares. Todo lo contrario de Pinar del Río, provincia en la que este mes se lleva a cabo el Proyecto para el manejo de especies exóticas invasoras.

Dos años después de haber sido introducida la claria en Cuba, las grandes lluvias que provocaron los ciclones Michelle, Isidoro y Lily, durante el 2001 y el 2002, propiciaron su dispersión.

Sin embargo, en el presente, la que llega al mercado (a 39 pesos en moneda nacional el kilogramo) para el consumo humano, es cultivada bajo condiciones de hábitat controlado en estanques, y con una alimentación limitada y específica, gracias a que el animal resiste ayunos prolongados, puede vivir casi sin oxígeno, y tolera, como pocos seres vivos, concentraciones de miles de ejemplares por metro cúbico de agua.

Y ENTONCES, ¡A COMER SE HA DICHO!

El pez es capaz de ganar 10 gramos de peso por día, pues convierte el alimento en peso corporal, por lo que su carne, casi sin espinas, posee un 18 por ciento de proteína, es calórica y rica en hierro y vitaminas A y B.

A pesar de parecer una “barra de pan gris y con bigotes dispuesta a comerse el mundo entero”, se puede apreciar que la claria es una fuente de alimentación sana y económica, algo que pudo notar una oficinista llamada Roxana, quien comentó en el sitio http://www.elmundo.es lo siguiente: "Que se sepa, nadie se ha enfermado o muerto todavía por comer claria. Es un pescado prieto y feo, pero su carne es blanca y sabrosa”.

07/03/2014 06:58 islalsur #. Medio Ambiente


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