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DIME CON QUIÉN JUEGAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

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LUIS A. AUTIÉ CANTÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde pequeño he escuchado que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. El béisbol cubano no solo ha estado tropezado ya varias veces, sino que quienes conducen su futuro poco o nada estaban haciendo para limpiar el camino de guijarros.

Aparentemente, alguna cabeza pensante de la Dirección Nacional de Béisbol se dio cuenta de que estamos en la parte descendiente de la curva, en cuanto a resultados deportivos respecta, pues, de golpe y porrazo, se han comenzado a implementar cambios dentro de nuestro pasatiempo nacional que hace unos años hubieran sido, cuando menos, escandalosos. ¿Apertura? ¿Sentido común? ¿Ambos?

Así las cosas, la decisión de permitir jugar en el béisbol rentado mexicano a los jugadores Michel Enríquez, Yordanis Samón y Alfredo Despaigne sorprendió a muchos, entre los que me incluyo. Lo “sui géneris” del asunto es que estos tres peloteros actuarán en la lid azteca mientras dure el período de inactividad en nuestro campeonato doméstico. Luego, cuando inicie, regresarán a Cuba para tomar parte en él. Nunca antes un jugador cubano había jugado a nivel profesional, para luego regresar y jugar en nuestra liga amateur. Dogmas más políticos que deportivos lo impedían.

En los primeros años de la Revolución se eliminó el profesionalismo de las disciplinas que se practicaban en la Isla, y se adoptó el amateurismo. No obstante, fuimos durante muchos años una potencia beisbolera a nivel mundial.

El equipo Cuba de los años 70 era prácticamente invencible. El de los 80 era bueno y ya el de los 90 dejaba escapar sus cositas. En el 2000 cedimos en la final de los Juegos Olímpicos de Sídney, nada más y nada menos que frente a la novena de los Estados Unidos. Un partido entre estas dos selecciones es considerado un clásico a nivel mundial. Con la derrota en tierras australianas comenzó el descenso beisbolero cubano.                                                 

El nivel del béisbol actual en el mundo ha crecido enormemente. Se pudo constatar en el pasado Clásico Mundial de Béisbol, donde equipos como España, China e Italia no solo participaron, sino que dieron muestras de que saben jugar pelota. Pero si miramos bien sus nóminas, están plagados de jugadores que juegan en el béisbol rentado.

El profesionalismo, si lo analizamos desde el punto de vista económico, puede ser bastante desagradable. El jugador se convierte en una mercancía, manejada a su antojo por los dueños de los equipos. No obstante, jugar en una liga profesional le permite enfrentarse a un béisbol con los mejores jugadores de todos los rincones del planeta. Cuando llega luego a un torneo como el Clásico, que reúne a las estrellas de este deporte, su desempeño es mejor, pues está acostumbrado a competir a ese nivel a diario.

La Serie Nacional, por sí sola, no alcanza. No logra desarrollar completamente el nivel de muchos de nuestros jugadores, que tienen talento suficiente para descollar en cualquier liga rentada foránea. Para lograr un aumento en la calidad, hay que jugar con y contra los mejores. El número uno ocupado por Cuba en el ranking de la  Federación Internacional de Béisbol Amateur (IBAF, por sus siglas en inglés) es tan solo un espejismo. Cuando se juega contra selecciones amateurs es fácil ganar. Pero a la hora de enfrentarse a equipos de verdad, con jugadores profesionales, todo es diferente.

Si jugamos contra la novena universitaria de Canadá todo sale de maravilla, victoria casi asegurada. Pensamos que por ganar ese partido somos mejores que ellos. Pero nos estamos engañando. El verdadero equipo canadiense está integrado ciento por ciento por jugadores profesionales. 

En el 2006, por ejemplo, la selección cubana que tomó parte en el Primer Clásico derrotó a la escuadra de Holanda con marcador de 15 anotaciones por 1. Luego, en el 2011, tan sólo cinco años más tarde, ese mismo equipo nos derrotó dos veces en el Campeonato Mundial, incluyendo el partido por la medalla de oro. Y en el 2013 volvimos a ser superados tres veces en todos los aspectos del juego por los holandeses. ¿Diferencia entre la Holanda del 2006 y ésta? El 80 por ciento de sus jugadores también se desempeñan en ligas profesionales.

En nuestro país se debería aplicar una norma similar a la usada en la Liga Profesional Japonesa, donde los jugadores, para poder firmar contratos con equipos foráneos, deben jugar un mínimo de seis años en su país.

Un equipo Cuba que tuviera en cuenta a los mejores atletas de la Serie Nacional y a los más destacados entre los “big leaguers”, sin duda sería un equipo temible. En lo que a mí respecta, bienvenida sea la apertura.



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