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EL QUIJOTE VS. PROFESORA CON ASMA

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LESLIE ALONSO FIGUEROA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde el preescolar comprendemos que las calificaciones son la vía de pasar al próximo grado o matricular en la nueva enseñanza. Pero después que transitan los años y nos hacemos maduros, somos capaces de valorar de subjetivas esas notas, que se rigen por la hegemónica "clave", o las otorgan asmáticas profesoras.

Quizá crea que le estoy dando rodeos al asunto, pero son  tantos los malos recuerdos que remueven con rapidez mis amargas sensaciones de doce grado que me cuesta trabajo compartir esta historia.

En una de esas pruebas, que tienen prevista para su  revisión una hegemónica "clave", redacté un texto sobre una reliquia familiar, una de las primeras publicaciones de El Quijote, que mi abuela heredó y conservó durante todos sus años de vida con esmero. Un ser incomprensible creyó que no era un buen tema, que era de esos textos que cuando uno lo leía le faltaba el aire, y no por ausencia de signos de puntuación.

Resulta que aquella revisión de examen se tornó muy parecida a la batalla de El Quijote con los molinos de viento, descrita en mi redacción; tuve que distorsionar la realidad de esos minutos para poder colgar los guantes y darme por vencida, era una discusión condenada al fracaso.

El poder de los que calificaron, su grado científico y prestigio universitario fue demasiado para doblegar sus injustas decisiones frente a una novata de las letras que recién comenzaba a explorar este mundo con una reliquia que no había sido concebida en las posibles variantes de ajuste al tema.
La persona de la que aprendí a escribir de ese loco cuerdo que era este personaje cervantino, junto a sus magistrales clases de Gramática y comprensión textual, supo demostrarme que la vida es injusta, pero no ingrata y todo lo que sucede conviene, dicho popular que oía a diario y nunca supe valorar su significado.

Ha pasado casi un año y estudio Periodismo. Esa mujer que por un momento tronchó mi futuro lee en sus clases en la Universidad de Matanzas los trabajos que publico en el semanario Trabajadores y se sentó en un pupitre idéntico al mío, para recibir un curso de Pragmalingüística.

No sé si me recordará, si la conciencia la remuerde, o el Quijote de mi texto reivindicó su manera de actuar, pero aquel mal rato se traduce en cientos de historias que vivo a diario, donde alguien viene a desmentir tu imaginación, a echarte a perder el día, a anular tus horas de sacrificio.

Zumbado, un cronista por excelencia, me enseñó en uno de sus relatos que el sol de Cuba se puede exportar, en latas de conserva, como la carne rusa. Por eso, todo lo sugerente para mí es grande, hasta mi Quijote de 200 años que no insufló aire para aquella señora con asma.



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