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¿ESCLAVOS DEL PENSAMIENTO AJENO?

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BEATRIZ LOBAINA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace años la educación viene afrontando una problemática que no merece tantas palabras como se le ha escrito, porque agradecida no es. Ella tiene la facilidad para embullar a cientos de personas que no perciben las verdaderas consecuencias, a pesar de tener visión “20-20”. Me refiero al conocidísimo fraude académico.

Este fenómeno no solo se circunscribe a la enseñanza media, desde hace tiempo es un método aplicado por los alumnos de cualquier nivel docente con el fin de dar una imagen positiva y alcanzar buenas notas. 

El fraude académico constituye una vía facilista y de poca ética que generalmente corrompe y envicia a quien lo ejerce, la persona que recurre a él es esclavo del pensamiento ajeno, y en ocasiones, exigiendo una respuesta, desempeña el papel del “tirano déspota”.

Como todo problema, va de menos a más, de pequeños detalles a circunstancias incómodas, pero con consecuencias nefastas, desde amonestar al alumno y anularle el examen, hasta la expulsión de la carrera, en el caso de la educación superior.

Las maneras de incurrir en esta indisciplina no han cambiado, decir algo o dejar que miren lo que escribimos en un examen, llevar anotaciones escondidas, plagiar información, comprar y vender pruebas. Entonces, ¿dónde está la honestidad y la moral de cada quien?

Es una realidad que en los niveles básicos de enseñanza las medidas contra los “practicantes” del fraude carecen de rigor, ¿habrá que llegar a la Universidad para combatir con mano dura este mal? Desde las primeras edades hay que instar al estudio y fomentar el análisis lógico, no se puede adaptar al niño a copiar textualmente de un libro, ni a mirar para el lado en una prueba.

Es difícil hallarle la solución a la “epidemia” que se propaga por instantes. ¿Lo inmediato?: reflexionar al respecto y luego valorar la posibilidad de que desde los primeros grados escolares las sanciones sean más fuertes.

Al final, como dijo el destacado poeta canadiense Desruisseaux: “Los involucrados no solo se engañan a sí mismos, sino también a la educación verdadera. Se roban no solo el conocimiento general, sino también la experiencia de cómo aprender, negando la posibilidad de obtener un título verídico”.

El que no tiene decisión y conocimientos propios es sumiso de las ideas de otro. No hay fraude mayor o menor, todo razonamiento que no salga de uno está dentro del mismo círculo de la poca ética y la simulación. A un lado dejemos la “esclavitud” y “tiranía” y llevemos en nosotros la libertad del razonamiento personal. 



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