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CUBA: CIMA DEL AJEDREZ LATINOAMERICANO

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ROBERTO MÁRQUEZ LÓPEZ DE VIVIGO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todavía recuerdo alegremente la inesperada victoria del Gran Maestro (GM) Leinier Domínguez en el Grand Prix de Salónica, Grecia, en este mes. El torneo categoría XXI y con promedio de 2 753 puntos Elo, reservaba su trono casi siempre a la tradicional élite del ajedrez mundial.

Pues sí, un cubano derrotó a los grandes Topalov, Caruana, Ivanchuk, Kasimdzhanov, Svidler, Morozevich. Domínguez alcanzó ocho de 11 puntos posibles.

Después del evento, el Ídolo de Güines se ubicaba en el puesto 13 del ranking de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) con 2 757 puntos, el mejor de un jugador latinoamericano desde el establecimiento de la calificación Elo en 1970.

Al repasar los primeros 20 trebejistas de la lista universal, es común encontrarse a rusos, indios, ucranianos, chinos, estadounidenses, entre otros representantes de naciones desarrolladas. Leinier es el único ajedrecista de Latinoamérica, África u Oceanía entre los primeros 50 del ranking. Es decir, los demás lugares corresponden a europeos y asiáticos.

Pero, ¿qué hay detrás de ese gran resultado de Cuba que rompe con el dominio de los países del primer mundo? ¿El logro fue casual?

Para responder las preguntas me remitiré al GM Reynaldo Vera, miembro del Consejo de entrenadores de la FIDE, quien define cuatro pilares del movimiento ajedrecístico cubano.

El primero es cómo el juego ciencia se ha convertido en parte de la cultura, basado en sus antecedentes históricos, la figura de Capablanca, el esfuerzo del estado a partir de 1959 y la actividad de los propios GM y Maestros Internacionales (MI).

En segundo lugar, la masificación que tiene el ajedrez en respuesta a esa cultura. La tercera clave es la efectividad de las escuelas deportivas en el desarrollo de los talentos que conjuntamente continúan sus estudios académicos.

Por último, la presencia de un líder para cada generación: Capablanca (antes de 1959), Eleazar Jiménez (época del 60), Silvino García (años 70), Jesús Nogueiras (décadas del 80 y 90), Lázaro Bruzón y Leinier Domínguez (siglo XXI).

Entonces, se impone explicar los pilares expuestos por Reynaldo Vera para demostrar cómo los triunfos actuales del ajedrez cubano no son fruto del destino.

Según el artículo Masividad y éxitos del Ajedrez en Cuba, de Vera, oficiales españoles en San Salvador de Bayamo fueron los primeros en dar jaques mates en La Mayor de Las Antillas en 1518. También, próceres como Carlos Manuel de Céspedes y José Martí practicaron el juego ciencia.

Además, la primera revista especializada en ajedrez de Latinoamérica se publicó en 1861 en Cuba, y a fines de ese siglo La Habana organizó dos campeonatos del mundo entre Wilhelm Steinitz y Mijaíl Tchigorin.

Ya en 1921 la Isla tuvo un líder ajedrecístico. Ese año José Raúl Capablanca fue Campeón Mundial y se convirtió en el ídolo de las generaciones de trebejistas cubanos. El Mozart del Ajedrez obtuvo durante su carrera 302 victorias, 246 empates y 35 derrotas.

Después de Capablanca, el ajedrez cubano continuaría cosechando figuras que serían íconos: Eleazar Jiménez, quien entabló con Bobby Fischer tres veces en cuatro partidas; el primer GM de nuestro país, Silvino García; y el GM Walter Arencibia, primer cubano campeón mundial juvenil (sub 20). Los actuales Leinier Domínguez y Lázaro Bruzón han alcanzado 2 700 puntos Elo y juegan con la élite mundial.

La masificación del juego ciencia fue prioridad para el estado cubano a partir de 1959. El Che decía que el ajedrez tenía que ser masivo, y para ello en 1961 se creó la Comisión Nacional de este deporte.

Luego de 52 años, existen en Cuba una Escuela de Iniciación Deportiva Escolar y una Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético en todas las provincias del país. En esas facultades docentes se desarrollan los mejores trebejistas.

Además, La Habana cuenta con el Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez, donde pequeños genios logran un crecimiento mayor y más rápido desde edades tempranas. El centro surgió para la investigación y la promoción del deporte.
 
Los 11 320 tableros de la simultánea gigante realizada en la capital de la Isla en 2002 mostraron al mundo miles de manos que movieron ejércitos de peones y reyes, lo que reafirmó la masividad del juego ciencia en Cuba.

Hoy, el curso televisivo de ajedrez lleva 10 años y los  tabloides como apoyo a esas clases continúan publicándose a precios asequibles.

Los resultados internacionales en el juego ciencia son cada vez más frecuentes. Al ascenso de Leinier en el ranking de ajedrez se suman los mejores lugares de América Latina, por equipos, en la historia de la Olimpiadas de Ajedrez (en ambos sexos) y en las Copas del Mundo de Ajedrez; el lugar 19 por países con 21 GM y 45 MI, primero de América Latina.



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