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¿TESORO ESCONDIDO?

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IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ
 

Los viejos cañones Krupp y Ordóñez, del Hotel Nacional, el próximo año (2000) quizás dejen de ser los únicos sobrevivientes de una leyenda de conflictos bélicos de la metrópoli española, de una Habana envuelta en telas de nostalgias que los cubanos de hoy nos empeñamos en resucitar solo como retrato de época.  

Al menos, eso se proponen los especialistas del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador y geofísicos del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE). Será tarea compleja y hermosa la de rescatar los restos de la batería de Santa Clara, emplazada desde el siglo XVIII en lo que hoy son los jardines del más emblemático hotel cubano y que antes fuera promontorio conocido como Loma de Taganana, en el cual está ubicada la cueva de igual nombre, documentada desde el siglo XVI.  

La batería fue llamada así por sus proyectistas, los ingenieros militares italianos Cayetano Paveto y Francisco Vanbitelli, en honor al teniente general Proscopio Basscourt, conde de Santa Clara, quien donó en 1797 parte de sus terrenos -13 acres- para emplazar en el sitio esa artillería costera.  

El grupo de trabajo hará investigaciones preliminares, cuya primera fase se basará en exploraciones geofísicas con tecnología no destructiva -como quizás pudieran ser las excavaciones arqueológicas-, consistentes en magnetometría, gravimetría y métodos de resistividad eléctrica.  

Esa técnica tiene sus beneficios, pues de encontrarse indicios de la existencia de piezas de valor, la labor arqueológica se realizará solo en los lugares detectados con alta probabilidad.   

VUELTA EN EL TIEMPO

La batería fue construida entre 1797 y 1799, tras contiendas bélicas entre Gran Bretaña y España, cuando se decidió fortificar a la muy señorial, pero no suficientemente resguardada Habana, ya con anterioridad tomada por los ingleses. Al decursar el tiempo, sufrió transformaciones para acomodarla a los cambios tecnológicos del siglo XIX, en el campo del armamento ofensivo y defensivo.  

Según información brindada por las historiadoras del Hotel Nacional, Estela Rivas y Desideria Ramos, la batería de Santa Clara, al igual que otras obras de artillería, fue reconstruida en 1863, tras el derribo de las murallas y según el plan de modernización previsto.  

Las investigadoras apuntan que al concluir la Guerra de Independencia, con la firma del Tratado de París, el lugar donde se emplazaba la batería se convirtió en cuartel militar hasta 1929, cuando se concertó un empréstito de 300 000 pesos entre la Banca Americana y el gobierno cubano para la edificación de un hotel de lujo, el Nacional.  

Roger Arrazcaeta, director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador, y Ramón González, ingeniero del ISPJAE, hablan con sumo interés del emplazamiento de la vieja artillería, del muro que la limitaba (parapeto), de los posibles restos de alojamientos de soldados, de almacenes de repuestos donde se guardaban proyectiles y pólvora, edificados contra impactos de bombas.

Quizás también logren descubrir restos de la antigua escuela de artillería. Para ellos es penetrar el mundo detenido de una batería a barbeta que consistía en un parapeto continuo, sin troneras, donde las bocas de fuego sobresalían por encima de la muralla.  

Las piezas tenían una posición estratégica por el promontorio donde estaban ubicadas y podían cruzar fuego con la batería de San Lázaro (de La Reina), el Fuerte de La Punta y El Morro, protegiendo el litoral y la entrada a la Bahía de La Habana.

Como consta en documentación, en la década de los 60 del siglo XIX, eran 20 cañones de grueso calibre, rayados, la mayoría de la marca alemana Krupp, cuyos proyéctiles hacían impacto a una gran distancia. Estaba guarnecida la batería por una compañía de infantería y un pelotón de artilleros.  

Dicen los especialistas que el Krupp y el Ordóñez, sobrevivientes al tiempo como para demostrar la realidad de aquella Habana de la memoria, disparaban proyectiles que rebasaban los 10 kilómetros. Ellos fueron colocados entre 1895 y 1898. Cuando la guerra hispano-cubano-norteamericana, el Ordóñez, el más grande de su época con calibre de 30,5 centímetros, 10 metros de longitud y un peso de 48 300 kilogramos, abrió fuego en junio de 1898 contra el acorazado estadounidense Montgomery.   

ESPACIO PARA LA ESPERANZA

Desde ahora y hasta poco más de un año, cuando concluya la labor investigativa, todo será hipótesis, a pesar de una abundante documentación histórica y profusión de planos de la batería y su emplazamiento, lo cual hace pensar en la certeza del hallazgo.  

Incluso, hay indicios arqueológicos en el propio terreno, especialmente donde reposan las piezas de artillería museables -declaradas Monumento Nacional, al igual que el hotel-, y quedan trazas de líneas de cimiento, indicadoras de que algunas estructuras originales pudieran estar enterradas.  

El arqueólogo y el ingeniero confiesan que no saben qué hallarán bajo la tierra húmeda, pues las alteraciones fueron muy severas cuando se construyó el hotel hace más de medio siglo y se empleó dinamita.  

En el Nacional, el proyecto de rescatar la batería de Santa Clara ya marcha. Hay una ilusión tremenda por encontrar el tesoro escondido, como en los viejos cuentos de marineros y piratas. 

(1999)

21/03/2014 18:32 islalsur #. Acuarela


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