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¿VIVIR ES ELEGIR O ELEGIR ES VIVIR?

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KIARA GONZÁLEZ ESCOBAR,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace algunos años vi esta película por primera vez, luego de que transitara por bancos «piratas» y se comercializara clandestinamente el CD que reunía la banda sonora del filme. Volverla a ver, me condujo a escribir estas líneas.

Sin duda, Habana Blues es una representación verídica y leal de lo que fue y aún es Cuba, y específicamente su capital. Es una película que más allá del guión realista y con buen humor cuenta con una calidad cinematográfica excelente. Puede ufanarse de buenas actuaciones de jóvenes que encarnaron personajes fuertes contradicciones y grandes ambiciones.

Pero, sobre todo, saltan a la vista valores de una sociedad, y se destacan temas universales como la separación de las familias a causa de la migración, fenómeno que no es particular de Cuba, sino que  concierne a muchos países donde sus habitantes sueñan con mejoras y prosperidad.

Ruy y Tito son amigos que han pasado años cantando las melodías de su sueño, añorando algún día convertirse en estrellas de la música. Tito vive con su abuela. Ruy, en cambio, vive con la madre de sus dos hijos, Caridad, una joven que se dedica vender artesanías para sostener la casa. La pareja lucha por la relación gracias al apoyo del grupo de amigos que comparten. Un buen día, aparecen dos productores españoles que le proponen a Ruy y Tito una oferta internacional. Esto provocará que se vean inmersos en un serio dilema.

Caridad se prepara para abandonar el país, junto con sus hijos, y Ruy espera la gira por España que hará que sus esfuerzos rindan frutos. Pero, la situación llega al límite cuando la productora les tiende una trampa y les pide que vendan su alma a una empresa estadounidense que los obliga a dejar y a hablar mal de su país para vender más discos; además, hacerle variaciones a sus letras y así convertirlas en internacionales.

Este filme constituyó el segundo del sevillano Benito Zambrano, quien confesó hacer un homenaje al país que le abrió las puertas cinematográficamente. Zambrano la convirtió en un espectáculo avasallador, sin momentos de descanso, donde el ritmo vertiginoso del hablar cubano acompañado de una música siempre a tono con cada escena, hace que el espectador esté activo y sumergido en una historia capaz de hacerlo soltar, al menos, una lágrima.

¿Quién dice que la música cubana es solo la salsa y el bolero? Habana Blues nos da un paseo por los ritmos que se cosechan en la isla, desde el rock pesado hasta el rock con mambo, sin excluir las fusiones que se puedan ocurrir y que forman parte de una música nacional en evolución.

Ciento treinta minutos dedicados a este drama, coproducción cubano española, nos acercan al secreto de Zambrano, quien sin miedo alguno logra representar con naturalidad una red que atrapa al público que sin darse cuenta hace suyo los sentimientos de los protagonistas.

Seguramente, quien quiera agrupar esta producción la situará del lado de Fresa y Chocolate, una ruptura en cuanto al modo de pensar y libertad de realización. Otros la acercarán a la inolvidable Memorias del subdesarrollo, pues, en Habana Blues, Ruy se queda solo, afianzado en el amor por su tierra; a pesar de la pobreza y la mala vida, encuentra en la opción tomada una vía para ser fiel a él mismo. Deja la posibilidad de hacer realidad un sueño por tal de no convertirse en un esclavo, poniendo en práctica un viejo refrán que dice que «tener hambre no es sinónimo de no tener dignidad».

Merecedora de premios internacionales, Habana Blues inauguró el XVL Taller de la Crítica Cinematográfica en La Habana, hecho que conmovió a muchos, debido a la forma en que trata algunos temas.

¿Cómo un director español es capaz de llevar a la pantalla grande una película de esta envergadura, tan semejante a la realidad? Seguramente fue esto lo que provocó la incomodidad de algunos especialistas en la materia. ¿Acaso un realizador cubano no puede representar esta realidad? ¿No es el cubano el más indicado para criticar nuestra realidad? Precisamente ahí estuvo el éxito de Zambrano. Rechaza la posibilidad de convertir la película en un producto meramente político y  hace una crítica a la forma de vida de muchos cubanos, representando cómo otros son capaces de dejarlo todo por nada y, sobre todo, la voluntad de un pueblo que lucha por salir adelante, a pesar de los problemas que carga sobre sus hombros.

Habana Blues es la muestra de cómo vivir es, sencillamente, elegir.

 



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