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¿PREMURA O MALOS HÁBITOS?

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Tema: Para el periodista cubano Luis Machado Ordetx, del periódico villaclareño Vanguardia, “casi todos nuestros reportajes no rebasan los límites de lo puramente informativo, porque se atina más a una respuesta puntual de las seis preguntas clásicas del lead, con vagos asomos –diría- de ciertos ingredientes literarios, alejados de una coherente estructura en la organización del texto”.

DAHOMY DARROMAN SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“La prisa y la restricción del espacio han minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como género estrella”, expresó el recientemente fallecido y enorme literato colombiano, Gabriel García Márquez. En otra ocasión, el filólogo alemán Friedrich Nietzsche comentó que el tacto del buen prosista consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.

Aquí, desde la trinchera cubana y además santaclareña del periódico Vanguardia, el periodista, escritor e investigador Luis Machado Ordetx defiende también, desde hace tres apasionadas décadas, su criterio de encontrar, mediante el buen uso de los instrumentales teóricos del periodismo los que, en su opinión, “bien manejados, contribuyen a contextualizar hechos, costumbres y culturas”; el punto donde convergen historia, literatura y noticia.

Sus libros de ensayo, testimonio y entrevistas también están inmersos en dicho quehacer: Coterráneos (1997), Ballagas en sombra (2010) y Kilates del Testigo (2006). Este último muestra el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en el género de testimonio y da vida al blog  CubanosDeKilates, creado por Ordetx en 2006 y hoy referencia obligatoria para internautas o lectores virtuales que deseen encontrar una mirada diferente desde la interpretación a la opinión plural.

-Usted expresó: “Casi todos nuestros reportajes

no rebasan los límites de lo puramente informativo,

porque se atina más a una respuesta puntual de las

seis preguntas clásicas del lead, con vagos asomos de

ciertos ingredientes literarios, alejados de una

coherente estructura en la organización del texto”.

¿En qué elementos se basa para afirmar tal planteamiento?

Las estructuras de los reportajes casi siempre son iguales, uniformes, sin dar parte a los receptores a sacar conclusiones o elaborar puntos de vista propios e inferencias. No hay análisis ni profundidad en los enfoques, lo cual representa un eslabón primordial del periodismo interpretativo; como también dejarle al receptor una elección, un juicio frente al hecho noticioso que se expone, destacando el cómo y el por qué, más allá de los clásicos qué, quién y cuándo.

No es solo lo que sucedió, sino el modo y la causa del fenómeno. Esa es la razón de ser de la interpretación. Lo que me interesa es saber y transmitir al otro el impacto de un acontecimiento, y que saque sus propias conclusiones.

-¿Por qué cree que existe tal abandono del género

interpretativo y se realizan mayoritariamente

trabajos puramente informativos?

Por la urgencia de la escritura, por los enfoques (des)acertados que hacemos de la realidad, por la vaguedad de quien escribe, y también del que dirige, y porque es más fácil no contrastar las fuentes y casarnos con una sola, si es que existe, que lleva el discurso “cantante o saliente” de una institución específica.

-¿En su opinión, cómo debería ser un buen reportaje,

considerado el género más completo del periodismo

moderno por dar libertad al periodista de crear y mezclar

estilos, en cuanto a su estructura y contenido?

El reportaje es el rey de los géneros periodísticos. Hay muchos ejemplos clásicos. Mezcla todos los géneros, y si quieres apreciarlos con mayor dimensión, busca un libro como Gente de Pueblo (1962), de Onelio Jorge Cardoso, que recopila textos publicados en Bohemia o Carteles, y en medio de la censura del gobierno de Batista, ese cuentista enmascara las historias y acusa la depauperación existente en los campos cubanos.

El periodismo, a partir del reportaje, debe tener una pureza exquisita en el léxico, en el discurso y en sus entradas, para atrapar al lector o receptor. Debe valorar las diferentes transiciones a partir de subtítulos llamativos, y la apoyatura de pie de fotos ilustrativas, que más allá de reseñar o punzar en lo informativo, sean síntesis de la historia que se cuenta.

Antes de intentar ejercerlo, quien escribe debe tener en los ojos una memoria fotográfica para recordar qué apreció, y cómo decirlo de una manera elegante para trasformar aquella realidad tangible o no, en palabras que lleven contundencia. El reportaje es un flashazo y, como el cuento, tiene que estar imbricado en todos sus componentes para lograr una total efectividad.

A veces, hasta los más avezados periodistas malogran sus partos, pero la maña y la recurrencia a la intertextualidad los salva en la combinación de géneros, en los cuales, la pureza del reportaje sobresale por encima de los ojos.

Lo importante es buscar en los intersticios de la historia, y contrastar las fuentes documentales aún cuando falten las orales. Es que hoy el género, por todo lo que he dicho antes, es muy maltratado, no solamente por los que escriben, sino también por los que dirigen, quienes a veces no saben a ciencia cierta qué ofrece un terreno a la hora de efectuar un género específico o no. La clave del éxito está en ir contra el marasmo en todos los problemas que mencioné, pero sobre todo, en el contraste de fuentes, y en saber buscar, como dije antes.

-¿Se desperdician las amplias posibilidades

de este género en la prensa cubana?

Claro, las posibilidades que ofrece el género se maltratan por la insuficiencia del papel, porque la música incidental afecta o tiene mayor protagonismo que lo expuesto por las fuentes, por la premura del imperio editorial y hasta por los recursos estilísticos o literarios que se empleen.

En ocasiones los decisores, desde una oficina, solicitan un reportaje, y cuando llegamos al lugar la fuente o el hecho noticioso que debe enriquecer la realidad son demasiado parcos; y se quiere “inflar” el texto, sin economía de palabras, lo cual lastra la comunicación al igual que el trabajo engavetado: las realizaciones creativas deben escribirse “en caliente”.

El periodismo cubano tiene que ir contra signos de mediocridad y uniformidad de redacciones, a veces impuestos en los discursos comunicativos. Esto dará claridad para imponer sentidos críticos y objetividades propias de la credibilidad que demandan los tiempos. En esas transformaciones y cambios, a los que el país se abre en perspectiva, debemos desempeñar el papel debido y ocupar el lugar  certero que tienen los medios de comunicación.

Lo puramente informativo, aunque pre-exista, quedará en desventaja, sobre todo en aquellos medios de prensa impresa que son semanarios, o incluso en determinados programas televisivos o radiales en los cuales tendrá que prevalecer el sentimiento interpretativo de la realidad objetiva o subjetiva que nos envuelve.

De lo que se trata es de rescatar la interpretación, que ofrece una visión más completa de los hechos al lector, además de proveerle información. Su espíritu, que incluso puede apreciarse en una sencilla nota informativa, es un privilegio para el receptor. No hay otra alternativa que hacerlo partícipe de las propias prácticas o hechos de nuestra escritura, porque la intención es trasladar una opinión al otro, quien puede o no concordar con nuestros puntos de vista, pero lo dejamos a su elección. Eso es interpretar o contribuir a interpretar una realidad cada día más requerida de humanizarse.

Pie de foto: “El periodismo cubano tiene que ir contra signos de mediocridad y uniformidad de redacciones, a veces impuestos en los discursos comunicativos”, afirma el periodista villaclareño Luis Machado Ordetx.



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