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¿SER O TENER? ¿CUÁL ES LA ACTUALIZACIÓN?

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Enrique Ubieta Gómez, investigador, periodista y ensayista cubano, conversó sobre cultura, lo que él considera el “arma secreta” de todo sistema.

Texto y foto:
ZULEMA SAMUEL DEL SOL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuba se ha vuelto polémica por estos días. Las actualizaciones económicas, los abre y cierra de tiendas o “portales”, la efímera existencia de los cines 3D, la aparición casi milagrosa del acceso  público a Internet, a precios que esperamos encaminen otras transformaciones, las prisas y las pausas, las críticas y defensas han sido temas recurrentes en las calles de la Isla.

Para disipar la confusión que los cambios provocan, Enrique Ubieta Gómez, autor de varios libros como “Cuba: revolución y reforma”, “Ensayos de Identidad”, “Utopía rearmada”, y director de la revista mensual “La calle del medio”, concedió esta entrevista.

-En medio del proceso de actualización económica

en la que estamos inmersos, usted propone en su

libro “Cuba: ¿revolución o reforma?” transformaciones

desde la cultura. ¿Es ese el verdadero campo de batalla?

No se puede construir una cultura alternativa a la capitalista sin una base material que la respalde. Precisamente eso nos hace ser en estos momentos, de alguna forma, dependientes de la cultura global. En tanto el modo de producción que impera en el mundo sea el capitalista, consecuentemente la cultura predominante será la de ese sistema: la cultura del tener, no la del ser; la del consumismo y no la del consumo, que nos penetra por múltiples vías.

Ahora, ¿cómo construir una cultura alternativa? Desde la contracultura que el propio capitalismo genera y desde la cultura tradicional que viene acumulándose a lo largo de los siglos en cada pueblo.

Creo que este campo es el más importante porque el triunfo del socialismo sobre el capitalismo o es un triunfo cultural o no es. Triunfa desde la cultura e impone consecuentemente una manera diferente de entender la felicidad individual, las relaciones entre las personas, la solidaridad, de concebir como prioritario el ser y no el tener. O triunfa en esos valores o, sencillamente, no basta con que los medios fundamentales de producción sean del pueblo para que esa cultura se genere.

-Cuba nunca le ha cerrado las puertas a la cultura

occidental  globalizante en la televisión. Sin embargo,

se clausuraron recientemente los cines 3D, donde se

exhibían materiales de similar contenido.

¿No es esto una contradicción?

Puede ser comprendida como una contradicción, pero creo que esa decisión, con la que puedo o no estar de acuerdo, no obedece a una causa de índole ideológica o cultural sino a una posición de ordenamiento jurídico. De alguna manera los cambios que se están haciendo en el país, que pueden conducir mañana a abrir las salas de 3D, tienen brechas por las que están multiplicándose formas y conductas no establecidas por la ley que hay que parar en seco.

-En el artículo “Cultura, contracultura y poder”,

usted subrayó: “Tenemos que aprender a divertirnos,

incorporar la dosis de frivolidad que toda vida

humana requiere sin renunciar a la razón”.

Según esta tesis, ¿el socialismo es aburrido?

El socialismo ha sido aburrido a veces. Este sistema necesita del saber, requiere analizarlo todo, porque se construye conscientemente. Eso hace que a veces el socialismo se torne o parezca más aburrido.

El capitalismo es lo contrario, necesita que pienses lo menos posible, que cedas tu derecho a valorar las cosas y te concentres en tu ascenso material y, por lo tanto, por las mañanas leas el periódico o veas el discurso de un político en la televisión y de una manera muy ingenua aceptes lo que se te diga.

Es muy fácil para el capitalismo enamorar desde las imágenes, desde la posibilidad, en la práctica nunca satisfecha, pero que se mantiene como ilusión, de que alguna vez puedas convertirte en millonario e incluirte en el sistema de estrellas, parte constante del tener capitalista.

-En sus viajes a Centroamérica presenció el trabajo

de los médicos internacionalistas, cuyas impresiones

dejó plasmadas en el libro “Venezuela rebelde”.

¿Cómo explica que en nuestro país se proyecten

seriales estadounidenses, como Grey´s Anatomy,

Dr. House, Prácticas Privadas, entre otros y ninguna

producción nacional sobre los galenos cubanos?

Primero hay que hacer una autocrítica en la manera en que no hemos sabido generar ese tipo de teleserie. Hay dos maneras de enfrentar el problema de lo que se trasmite en la pantalla: una es institucional. Deberíamos trasmitir lo mejor que se produce en el mundo, que a su vez representa los valores del capitalismo, y al mismo tiempo tratar de hacer obras que nos reflejen. Sin embargo,  muchas veces las producciones nacionales también trasmiten los valores del capitalismo porque reproducen los patrones de las televisoras extranjeras.

La otra parte del asunto es que la televisión convendría ser un lugar sagrado que debe protegerse como el Museo Nacional de Bellas Artes. Para que los cuadros sean expuestos allí requieren de una calidad determinada. La televisión correspondiera ser así, pero no cumple siempre con ese presupuesto.

Por último, tenemos que crear en lo jóvenes la conciencia crítica suficiente para ver programas como el Dr. House y discernir lo positivo y lo negativo.
 
-La llamada “cultura occidental” impone sus héroes

de efectos especiales sobre los de carne y hueso.

¿Por qué muchos de los grandes hombres del continente

permanecen bajo la sombra de Batman y Superman?

Bueno, porque el Departamento Ideológico del capitalismo, la verdadera “industria del entretenimiento”, tiene una meca. Para los Estados Unidos es vital, fíjate que han hecho mucho énfasis en la cultura de la distracción. Cuando se habla del sueño americano se está hablando del sueño del capitalismo, Hollywood representa eso.
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Ellos no operan con héroes de carne y hueso, los héroes de carne y hueso son siempre muy problemáticos, si están vivos porque pueden pedir de pronto cualquier cosa o enfrentar medidas públicamente y si ellos los han estado ensalzando se pueden encontrar con un gran problema. Eso pasó, por cierto, con los bomberos del 11 de Septiembre que se convirtieron en héroes, pero de pronto hicieron una huelga por mejoras salariales y entonces tuvieron que sacarlos de la televisión, desaparecerlos.

Ahora, ¿con qué operan?, con superhéroes con dos características esenciales: una, no son imitables. Nadie puede decir: yo quiero ser como Superman. Dirá: yo quiero ser como el Che, seré como el Che, pero no como Superman porque no tiene sentido.

Dos, no son revolucionarios, son reformistas. Los superhéroes no salen al mundo para transformar la sociedad sino para mantener el orden. Para acabar con el problema, no con la raíz.

Pie de foto: El intelectual Enrique Ubieta Gómez expone las líneas de un debate cultural que complemente el económico.



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