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MUJERES VULNERABLES ANTE LA SOCIEDAD

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DIANA CAROLINA MORA ORTEGA,
estudiante de VI semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Bogotá.

Hablar de la mujer es evidenciar la maravilla de la vida, es sostener con las manos el corazón y recordar que todos hemos vivido nuestros primeros nueve meses dentro de ellas, que con cariño y afecto nos traen al mundo.

Sin embargo, la violencia contra la mujer se desencadena desde hace muchos años, pero hoy por hoy el maltrato se hace más frecuente, a diario nos acostumbramos a observar y escuchar por los medios masivos de comunicación las terribles situaciones violentas tanto físicas como psicológicas que tienen que soportar por parte de sus parejas, de sus hijos, y de la misma sociedad, porque un simple lunático, loco desea hacerlo, y no contentos con agredirlas, hasta acaban con su vida.

El hombre se ha convertido en un lobo para el mundo, porque le pareciera encantador presenciar las nuevas formas de violencia que se desencadenan, esas que cada día se hacen más aberrantes, pero que de algún modo para muchos en el mundo satisface sus deseos, esos que los hacen sentir vivos. Ninguna razón es suficiente para golpear, vender, violar, a una mujer.

Partiendo de una historia de la vida real, quiero adentrarme en los corazones de quienes lean estas líneas, llegando de manera drástica y con sentimiento, el ejemplo de superación que les contaré, necesita de reflexión y no solo de grandes sino también de los pequeños, porque no olvidemos que todo empieza desde casa.

Ana Milena* es una mujer de 36 años, con dos niños, desde hace mucho tiempo vive en un reconocido y hermoso barrio de la capital. Al cumplir sus 18 años se casó con el que actualmente es su esposo, ella dice que en un principio todo era maravilloso, pero los celos e inseguridad de su pareja empezó por hacer estragos en la familia.

Lo que en un principio era amor y felicidad se acabó, inició con maltrato psicológico, pero luego vinieron los golpes, golpes a diario, esos que ya no importaba dar en presencia de sus hijos. Fueron dos años de aguantar, lo que se temía llegó: “Mi esposo, un día muy tomado, me agredió tan fuerte que perdí la visión del ojo izquierdo, quizás si hubiera tomado una decisión a tiempo esto no hubiera ocurrido. El ahora está en la cárcel y yo en casa con mis dos hijos”.

Esta y muchas más situaciones suceden frecuentemente en la sociedad, es difícil erradicar la violencia, pero hay que tomar conciencia de lo que sucede y no dejar de lado la posibilidad de denunciar, de hacer valer y respetar la vida de los seres que tienen el privilegio de traernos al mundo. Como Ana, son miles las mujeres maltratadas que con sus historias de vida nos expresan la necesidad que tienen de ser escuchadas y, lo más importante, reconocer que a pesar de los infortunios que trae la vida, siempre hay una motivación de salir adelante, en su caso personal, los hijos.  

Hay quienes pueden ver el mundo, todo aquello que les rodea, pero que son ciegos a sí mismos, esos que no valoran ni respetan su cuerpo, el único modo es cuando ya no hay nada que hacer, cuando ya todo está perdido.

Mujeres, estamos a tiempo de hacer respetar y valer lo que somos, es momento de expandir al mundo las ganas de vivir, que las dificultades no nos opaquen, que nos hagan más fuertes. No más noticias crueles, no más violencia, de cada una depende terminar esta peste que ataca a la humanidad. Un acto solidario que prolongue una más y elevada concepción de los valores para contribuir al desarrollo y tranquilidad de la mujer.

(*) El nombre fue cambiado para proteger a la fuente.



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