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UN HOMBRE LLAMADO ALFONSO

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Poco conoce el lector de la Isla sobre la obra de Alfonso Hernández Catá, símbolo de las letras hispanas y considerado uno de los mejores escritores de Cuba de la primera generación republicana.

LEANNY VISTEL PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alfonso Hernández Catá siempre presintió que moriría joven. En unos de los pocos poemas que publicó, le pidió a la muerte, tan presente en su obra, que se lo llevara de un solo golpe, rápido y certero, y así fue.

Ocupaba el cargo de Ministro Plenipotenciario de Cuba en Brasil, cuando falleció el 8 de noviembre de 1940 en un accidente de aviación, durante un corto vuelo entre Río de Janeiro y Sao Paulo, adonde viajaba para impartir conferencias literarias. Tenía 55 años.

Sobre su muerte, en  el libro Recordación de Alfonso Hernández Catá, el crítico y ensayista Juan Marinello expresó: “él nos dio su mejor libro en La muerte nueva (…). En su novela hay un acabamiento consciente, una sombría renunciación anticipada; se siente bajo la piel de los héroes solitarios, el hervor pugnaz de la vida, se toca el curso de la sangre eficaz y a todo se oprime con  piedra de sepulcro: la muerte nueva, la muerte en la vida, en el latido animal que en soliloquio amargo ha renunciado a sus derechos.”

El  escritor  y su obra

Su origen era desconocido hasta hace unos años porque insistía en decir que había nacido en Santiago de Cuba, pues se sentía muy identificado con nuestro país. Aunque en la ciudad oriental vivió su infancia, desde el primer año de vida,  y parte de la adolescencia.

Lo cierto es que vino al mundo el 24 de junio de 1885 en Aldeávila de la Ribera, Salamanca, España. Hijo de Emelina Catá e Ildefonso Hernández, un teniente coronel del ejército español quien siempre deseó que su primer hijo naciera en la tierra de sus ancestros, pero como ocupaba cargos militares en Santiago, decidieron regresar y establecerse allí.

A los 16 años ingresó en el Colegio de Huérfanos Militares de Toledo. Poco inclinado a la carrera militar, se escapó y trasladó a Madrid, donde fue aprendiz de ebanista y se incorporó a la vida bohemia literaria del Modernismo. Estudió idiomas, lo que le sirvió para entrar a la carrera diplomática.

Fue periodista en el Diario de la Marina y La Discusión. Además, colaboró en Gráfico, El Fígaro y Social. En 1909 pasó a la carrera diplomática y fue cónsul, primero en El Havre, y luego en Birmingham, Cádiz y Alicante, según Alberto Insúa, en Evocación de Hernández Catá, conferencia pronunciada en el Ateneo Popular de la Boca, Argentina.

Se le conocen libros como Los siete pecados, Manicomio, Novela erótica, El bebedor de lágrimas, El ángel de Sodoma, El amor tardío, La casa de fieras, El misterio de María Celeste, entre otros.

Su obra, aunque de calidad dispar y lastrada por los excesos naturalistas y parnasianos, marca notas significativas en el desarrollo de la literatura hispanoamericana. Sobre todo, en el caso de los cuentos. Más allá de elementos identitarios de lo cubano o lo español, dejó piezas magistrales donde a su cuidada prosa une el valor de historias llamadas a exponer contradicciones sociales y conflictos humanos de gran dramatismo y universalidad, aseguró Omar López, historiador de Santiago de Cuba.

“Es, sin duda, el primero de nuestros escritores traducidos a varios idiomas. En su honor se instituyó en Cuba, en 1942, un premio internacional de cuento que llevó su nombre y que obtuvieron los más relevantes narradores de la época”, aseveró López.

Escritor y antimachadista

Mostró un marcado interés por los temas cubanos y la problemática sociopolítica de la República Neocolonial en relación directa con los acontecimientos políticos de la década de 1920-1930. En la etapa se advierte en su obra el interés explícito por argumentos de nuestra cultura.

Ello trajo como consecuencia no sólo la radicalización tomada por los acontecimientos políticos, sino de las relaciones que sostuvo con algunos intelectuales del Grupo Minorista como el propio Marinello, Emilio Roig de Leuchsenring, Jorge Mañach y Rubén Martínez Villena.

Sobre la publicación en Cuba a partir de 1913 de las obras de José Martí, ese año escribe en el periódico El Fígaro, un artículo titulado “La sombra de Martí”, acerca de la poesía martiana y la trascendencia de su mensaje. Este sería el germen de algunos de los libros posteriores como Mitología de Martí. Otra acción para difundir la obra del Apóstol fue la publicación en Brasil de un tomo de Páginas escogidas, que acompañó con un prólogo suyo en portugués.

Durante el gobierno de Machado, estuvo opuesto a la prórroga de poderes que permitió al tirano mantenerse constitucionalmente. Su actitud le valió que fuera puesto a disponibilidad machadista en enero de 1933. En ese año, aparece en Madrid publicado su volumen de cuentos Un cementerio en las Antillas, denuncia del régimen sangriento y tiránico de Gerardo Machado. Es un libro que guarda la protesta del narrador cubano contra aquel desgobierno apoyado en la represión violenta, la tortura y asesinato de sus opositores.

Condenado al olvido

A pesar de las obras que conserva nuestro país, Hernández Catá es poco publicado y casi un desconocido para el público lector.

Al decir de Ricardo Luis Hernández Otero, investigador del Centro de Literatura y Lingüística de La Habana, Catá fue una figura muy discutida y controversial. Los grandes escritores de su etapa no estaban de acuerdo con que perteneciera a la literatura cubana, por su origen español, lo consideraban una falta de respeto a nuestra  idiosincrasia e intentaron negarle parte de la porción de patria literaria a la que tenía indiscutible derecho, quizás de ahí provenga la ignorancia y la negativa hacia su obra.

Un muestreo entre estudiantes universitarios de las carreras de Letras, Filología, e Historia del Arte, demostró que el 86 por ciento no conoce al escritor. El resto manifiesta al menos una vez haber leído uno o dos libros suyos, solo por orientación de los profesores, pero nunca antes habían escuchado de él.

“Creo que la principal causa de este suceso es el cierre del concurso en su honor en los años 50, a veces los  eventos sirven para perpetuar la trascendencia de una persona. Fue un certamen de alto vuelo, donde escritores como Enrique Pineda Barnet obtuvieron el premio. Se supone que todo escritor que quisiera aplicar al concurso debía conocer, al menos, quien fue Catá”, comentó Hernández Otero.

“Nunca había escuchado de él, hasta ahora no lo hemos conocido ni siquiera por las conferencias que ofrece el Centro de Literatura y Lingüística; lo que demuestra que hay un desconocimiento masivo. Es increíble que una personalidad de tanto peso, sea por nosotros ignorada. Es una pena para el orgullo cubano desprendernos de elementos que también forman parte de nuestra identidad cultural”, manifestó Lilisbet Ramírez Mendoza, estudiante de Filología de la Facultad de Artes y Letras.

Opiniones

-¿Por qué cree que no se conoce

la figura de Hernández Catá?

“Tanto profesores como alumnos no lo conocen producto de la falta de inclinación hacia la lectura nacional, aunque él es una figura estudiada dentro y fuera del país. Nuestras universidades necesitan ser más cultas; no basta solo con conocer a los grandes literatos universales, nuestro país tiene exponentes muy buenos”, aseguró Cira Romero, autora del libro Compilación de cartas de Hernández Catá.

“Hay figuras de nuestra historia que no trascienden, que no fueron significativas en su momento y no lo serán ahora; o lo fueron, pero han quedado atrás. No quiere decir que no deban estudiarse, pero a veces son irrelevantes, por lo menos no cumplen el objetivo de lo que queremos enseñarle a los estudiantes”, explicó la Doctora Mariana Fernández Campos, jefa del Departamento de Estudios Lingüísticos y Literarios de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

-¿El estudio y divulgación de su obra

influye en la formación de nuestros

profesionales de las letras?

“Desatenderlo como escritor es negar la buena literatura de su tiempo, que es medianamente escasa. Sus temas reflejan la realidad del siglo XX. Debería ser un poco más valorada y respetada su figura”, afirmó Cira Romero.

En tanto, para Fernández Campos el estudio de todas las obras es importante para la formación profesional de jóvenes y adultos. No se trata de escoger cuál sirve o no para educar en cuanto a cultura literaria, sino demostrar por qué algunas figuras son intrascendentes, lo que da la medida de por qué son poco leídas.

-¿Qué hacer para rescatar su legado?

A juicio de  Romero, debería dedicarse una Feria Internacional del Libro en su honor, en la que se publiquen varias de sus obras más famosas y reinstaurar el concurso que hace medio siglo dejó de realizarse.

Según el criterio de Uva de Aragón, nieta de Hernández Catá, puede discutirse su mayor o menor actualidad como novelista. Sus títulos de cuentista eminente van siendo indiscutibles: “La talla perfecta que resiste a  las mordeduras inmisericordes del tiempo y el afán ahincado de perennidad que pasa encendido por la entraña de su creación están plasmados ya en más de un cuento que  debiera ser clásico de la historia de nuestras letras y tener un reconocimiento a la altura”, afirmó en el discurso pronunciado en la peregrinación que se le hiciera en su tumba al escritor, en 2012.

Pie de foto: A pesar de las obras que resguarda nuestro país, Hernández Catá es poco publicado y casi un desconocido para el público lector.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo entrada: De Retrospección.
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Subtítulos.
Tipo de cierre: De conclusión.

Tema: El escritor Alfonso Hernández Catá.
Situación problémica: Desconocimiento de la vida y obra de Alfonso Hernández Catá.

Objetivos colaterales: Explicar las razones por las que no se conoce al escritor cubano-español. Buscar criterios entre los especialistas de las letras. Valorar la postura de dichos investigadores. Argumentar la necesidad de rescatar a esta personalidad, debido a su gran valor histórico-cultural.

Estrategia de fuentes:

Documentales:

Romero, Cira: “La obra novelística de J. Castellanos y A. Hernández Catá”, en Historia de la Literatura Cubana, T.2, Instituto de Literatura y Lingüística, La Habana, 2002, p. 132-138.

Zweig, Stefan: “Despedida de Hernández Catá”, en Revista Cubana, 15: 281-283, La Habana, ene.-jun., 1941.

Mañach, Jorge, Juan Marinello y Antonio Barreras: Recordación de Alfonso Hernández Catá. Discursos pronunciados en el Cementerio de Colón el día 8 de noviembre de, 1941, La Habana

Balseiro Ramos, José Agustín: "Notas acerca del arte de Hernández Catá", en Revista Bimestre Cubana, 23 (1): 386-396, La Habana, may-jun, 1928.

Insúa, Alberto: Evocación de Hernández Catá, Conferencia pronunciada en el Ateneo Popular de la Boca, Ateneo Popular de la Boca, Buenos Aires, 1943.

Activas:

Cira Romero, escritora del libro Compilación de cartas de Hernández Catá. Valorativo y disyuntivo. Experta e Implicada.

Doctora Mariana Fernández Campos, jefa del Departamento de Estudios Lingüísticos y Literarios de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana.  Valorativo y disyuntivo. Especialista y oficial.

Omar López, historiador de Santiago de Cuba. Analítico. Especialista.

Ricardo Luis Hernández Otero, investigador del Centro de Literatura y Lingüística. Analítico. Oficial.

Lilisbet Ramírez Mendoza, estudiante de Filología de de la Facultad de Artes y Letras. Valorativo. No implicada.

Soportes:

Hecho: Desconocimiento de la obra de Alfonso Hernández Catá.

Antecedentes: A pesar de los esfuerzos del Centro de Literatura y Lingüística por preservar a esta personalidad de las letras, aún no es my conocida la obra del escritor. Desprecio de los escritores de su época por ser de origen español. El cierre del concurso en su honor, a partir de los años 50.

Contexto: Desconocimiento a nivel nacional de la vida y obra del escritor cubano- español Alfonso Hernández Catá. Los criterios que se mueven alrededor del tema.

Tipos de juicios empleados: Analíticos. Disyuntivos. De valor.

 



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