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ENDEDANS BAILA CON PALILLOS

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JOSÉ ERNESTO GONZÁLEZ MOSQUERA,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Quién soy? ¿Quién quiero ser? ¿Debo dejar de ser yo? Cuestionamientos que subyacen en la más reciente entrega de la compañía camagüeyana Ballet Contemporáneo Endedans que, bajo la guía de la maestra y coreógrafa Tania Vergara, siempre propone novísimas formas de acercarse a la danza.

Llegó a La Habana con 40 palillos x 10 pesos, coreografía firmada por la camagüeyana Maura Morales, quien reside actualmente en Alemania y fue galardonada recientemente con el Premio Kurt Jooss de Jóvenes Coreógrafos que otorga el país bávaro.

Esta pieza, estrenada en Camagüey en enero pasado, estuvo durante tres días en cartelera en el Teatro Mella de la capital y sigue su periplo por Cárdenas, Matanzas, en la siempre corta gira que realiza Endedans por parte del Occidente de la Isla anualmente para mostrar su trabajo.

40 palillos… no deja de ser cubanísima. No obstante su marcada conciliación con aquellos conceptos estéticos y técnicos del lenguaje danzario contemporáneo alemán y europeo, traslucen códigos y simbologías gestuales, musicales y coreográficas que aluden a situaciones y procesos socio-culturales cubanos que,  en conjunto, componen un lenguaje que se bifurca en varias historias que parten de un mismo concepto.

El ser humano en su individualidad, la psicología y los juicios internos y externos que permean la (de) formación del carácter del individuo para formar parte de un grupo en la sociedad, convirtiéndose en uno de ellos sin importar las formas y acciones que realicen, sean incluso diametralmente opuestos a sus intereses.

El propio lenguaje que despliega Morales en el discurso de la pieza permite en varios momentos la formación de historias paralelas internas del grupo confluyendo a la vez en escena: violencia, introspección, homosexualidad, superioridad, incluso miedo y autosugestión de la personalidad son sub-temas que convergen en una puesta que permite la conformación de un discurso diferente con múltiples lecturas de la realidad que nos circunda.

Hablamos de un fuerte trabajo de escena… el más mínimo espacio resulta imprescindible y recurrente para contar la historia, para  invitar constantemente a reflexionar sobre la pérdida de valores propios y universales.

40 palillos… invita a reflexionar, a formar tal vez, parte de la vida de los personajes; los bailarines saltan, giran, surgen del público como un espectador más, dialogan sin pereza con el escenario, con la escenografía poca, pero precisa, que los convida a huir de esa red que los aprisiona, de esa vida insensata que les ahoga.

Las luces y la música componen junto a la coreografía la triada angular de  la composición orgánica de la obra. Luces y sombras constantes, con estruendos y rejuegos que acorralan toda la trama apuntalándola con pregones y voces callejeras que transportan al espectador y a la raíz propia del discurso de la pieza a la realidad urbana de nuestro siglo

Son estos tal vez, los presupuestos más interesantes de la puesta acometida con dinamismo y entrega por parte de los jóvenes bailarines de la compañía camagüeyana. Cada giro, salto o expresión se concadenaba a una secuencia lógica donde nada sobraba o era indispensable al mismo tiempo.

La libertad y el realismo que le impregnaron los danzantes era contagiante, exquisita fue su ejecución en una coreografía que al decir de la propia Tania Vergara, “les exigió mucho física y mentalmente. Se les dificultó entender la gestualidad e incorporar cosas a las que no estaban acostumbrados como tocarse los genitales, el desnudo que yo no lo había incorporado a las obras de la compañía, entre otras cosas que se suceden en 40 palillos x 10 pesos”.

Una obra atractiva sin duda donde la reflexión está servida para todo aquel que pueda disfrutarla… cada palillo (persona) es diferente, cada vida es única y no se debe subordinar a nada ni nadie por agradar o formar parte de algo; ningún ser humano vale 10 pesos.



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