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DEL COCO Y OTROS ESPANTOS

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ELIANYS JUSTINIANI PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Emprender la búsqueda de la aguja en el pajar sería más fácil que hallar en el mundo un hombre sin miedos. Estos son innatos en la persona, que puede defenderse de ellos con medida. Sin embargo, cuando el temor es excesivo, irracional y limitante, constituye una fobia, dolencia asociada a altas tasas de suicidio.

Se estima que un cuatro por ciento de la población mundial sufre alguna fobia, y que otro dos por ciento también las experimenta, aunque no se le hayan diagnosticado. Y es que las formas de adquirirlas son tan comunes que, para cualquiera, este padecimiento podría encontrarse a la vuelta de la esquina.

Según analiza en el artículo Fobias y compulsiones la Máster en Psicología Isabel Menéndez Benante, estos trastornos pueden presentarse de tres formas: mediante una experiencia traumatizante, a partir de la observación de alguien que vive una situación dolorosa, o de la información adquirida por distintos medios.

Evidentemente, quien ha estado a punto de ahogarse o ha observado a otra persona en esta situación, está más propenso a desarrollar una fobia al agua. Lo mismo sucede con aquel que ha escuchado, con frecuencia historias sobre el peligro del mar o sus “criaturas monstruosas”.

A pesar del tratamiento que le ha dado el sector de la medicina a la atención de personas con fobias, se cree que la proliferación de esta enfermedad se debe a que las personas la menosprecian, calificándolas como simples temores. Incluso, quienes las padecen, en el intento por engañarse a sí mismos, descuidan su bienestar.

Desde adentro

En la aparición de los trastornos de ansiedad, el ambiente externo constituye un factor determinante; por tanto, la relación familiar, la educación recibida o la compañía laboral, bien pudieran generar una fobia o impedir su aparición.

Un ejemplo lo constituye el pintor noruego Edvard Munch, famoso por su cuadro El Grito, quien se cubrió desde la niñez con una sábana de temores de la cual nadie le ayudó a librarse.

Según narran los historiadores, Munch, tras presenciar con solo cinco años la muerte de su madre y su hermana, y bajo la tutela de un padre excesivamente severo que imponía como castigo a sus travesuras el largo encierro en sótanos sombríos, desarrolló el pánico a la oscuridad (Ocluofobia), y llegó a tener numerosas pesadillas, causantes de insomnio por temor a dormir (Clinofobia).

En consecuencia, el pintor sufrió un resquebrajamiento de su salud física y mental que, con los tratamientos clínicos actuales serían diagnosticados como esquizofrenia o trastorno bipolar.

Nadie como él pudiera describir su estado, pero alguna noción podría otorgar aquella frase en la esquina de su diario: “La enfermedad, la locura y la muerte fueron los ángeles que rodearon mi cuna y me siguieron toda la vida.”

Influencia en la salud

Además de los molestos síntomas generados por esos trastornos (palpitaciones, dificultad para respirar, temblores, sudoraciones, tics nerviosos), las limitaciones que impone al hombre son incontables.

Para escudarse del temor el individuo tiende a emplear “amuletos”, que pueden ir desde la compañía de un niño, para no sentirse solo, a portar objetos que “alivien” o contrarresten su miedo. Este fenómeno es considerado por los psicólogos como conductas de evitación.

En el artículo Trastornos de ansiedad fóbica en el adulto mayor, la licenciada cubana en Psicología, Raquel Pérez Díaz, alude al modo de actuación antes mencionado como una barrera para la calidad de vida, pues contribuye al aislamiento progresivo que puede afectar la capacidad para responder a exigencias laborales, por ejemplo, realizar un viaje de trabajo o usar un medio de transporte para acudir a él, o las necesidades domésticas como salir de compras o llevar a los niños al colegio.

Los adultos mayores, grupo poblacional más afectado, pueden sufrir, como producto de la ansiedad fóbica, angustias y discapacidades. Se presume que la mayoría de los ancianos que después de una caída dejan de andar, lo hacen por el miedo de no volver al suelo y la humillación que esto genera. El hecho de requerir ayuda les provoca rechazo a salir o desplazarse por sí mismo, incluso en su propio hogar.

Fobias en la sociedad

Existen alrededor de 248 fobias, recogidas en 1942 por el sociólogo francés Henry Jay. Ellas van desde las más simples, como el miedo a las arañas o ratones (aracnofobia y muridofobia, respectivamente) hasta otras tan extrañas como el temor al matrimonio, al coito o al aire.

Aún así, algunos no le prestan atención suficiente al tratamiento de esta enfermedad, considerada la tercera más padecida en el mundo. Incluso, quienes se ven aquejados, tienden a negar o subestimar los síntomas psiquiátricos, alegando que son solo miedos que se pueden superar con el tiempo, o simplemente evitar.

Según estudios de algunos expertos de la Clínica Psicológica de Concordia, España, el padecimiento progresa con el tiempo, generando otras fobias en la misma persona, al punto de ocasionar el suicidio de gran parte. Se calcula que de los pacientes con esta dolencia un 35 por ciento ha intentado, al menos una vez, quitarse la vida. Al encuestar a los protagonistas de estas cifras se percibe la desatención que se le ha dado a su condición por los familiares, por ellos mismos, e incluso por parte del personal médico que los ha atendido.

Los trastornos fóbicos también pueden generar en la persona una conducta “antisocial”, como el rechazo a estar en lugares aglomerados como mercados, autobuses o colas para comprar algún producto.

Apoyarlos y entenderlos es una cuestión de solidaridad y ética, de contribuir al bienestar de una persona que no vive ni se desarrolla a plenitud por las limitaciones de su enfermedad y que, como corea el dúo Buena Fe en una de sus canciones, llega a sentir miedo a la única vida que tiene. 

Bibliografía:

Colectivo de autores. (n.d.). Fobias más comunes. Consultado:  24 de mayo, 2014, from Miedos o Fobias: www.fobias.net/Acrofobia.html.

Menéndez Benante, I. (2009). Fobias y compulsiones. Geroinfo, Vol. 4; No. 1.

Pérez Díaz, R. (Vol. 4, No. 1, p. 34). Trastornos de ansiedad fóbica en el adulto mayor. Valoración crítica y manejo. GEROINFO. PUBLICACIÓN DE GERONTOLOGÍA Y GERIATRÍA, 2009.

 



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