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REVIVIR A LA MUJER DE FUEGO

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La historia de una de las bayamesas que más hizo por la liberación de su localidad y del país durante las luchas independentistas, Adriana del Castillo, es hoy escasamente conocida. 

MONICA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Llega el 10 de enero de 1869. La situación es apenas sostenible. Es necesario actuar rápido para no entregar la ciudad a los españoles. Hay que prender fuego. Las mujeres se encargan de encender las hogueras. Adriana del Castillo da el ejemplo. Sus propias manos inician las llamas que queman la casa de los padres. Incendian Bayamo y huyen al monte. Diez mil habitantes, en su mayoría ancianos, mujeres y niños, se internan en las abruptas serranías de Guisa, sin una mirada a lo que dejan atrás.

La vida en los maniguales no es la misma, sobre todo para quien fue criada en cuna dorada. Adriana y sus hermanas han dormido muchas noches a la intemperie, llevan varios días sin comer y carecen casi en lo absoluto de ropa. Ella está muriendo a causa de fiebre tifoidea. Permanece  inconsciente justo en el instante en que las encuentran tropas enemigas.

Son conducidas a Bayamo y alojadas en la cochera en ruinas de la que fue su casa. Un médico gallego es autorizado a asistirlas, pero Adriana ya está desposada con la muerte. En ese último día, la moribunda abre los ojos y rechaza con horror a quien viste el uniforme de “los panchos”. Ahora nos parece que con voz ronca grita:

-No, un español no, yo soy insurrecta..., ¡yo ayudé a quemar a Bayamo...!

De pie, sosteniéndose trabajosamente, se yergue en la agonía. Las manos que salvaron a tantos mambises se aferran a la cama. Sus 19 años no impiden el sacrificio. La misma voz que condenó las muchas injusticias se asegura de entonar con energía el Himno de Perucho Figueredo. Habiendo terminado la última estrofa, cae en su lecho, inevitablemente. 

Siglo y medio después, estas hazañas parecen diluirse en la historiografía nacional. La figura de Adriana del Castillo Vázquez se invisibiliza ante el accionar de otros que, tanto como ella, sintieron, lucharon y soñaron la emancipación de Cuba. 

Pronunciada, pero poco conocida

“Es una bayamesa amasada con fuego, con un corazón en el que arde el amor a Cuba libre”, así se habla de Adriana en el blog Ser como los héroes. Esa es la condensación de su esencia: rebelde, activa, consecuente siempre. 

El decoro lo traía en la sangre que heredó de sus padres Francisco del Castillo, autor de la música de La Bayamesa, y Luz Vázquez, divina inspiración para la canción de amor, cuyas notas sirvieron años más tarde para, cambiando su letra, exaltar el ánimo de los libertadores cubanos.

No le bastaron las advertencias: -“Adriana, ten cuidado. El mejor día nos vas a dar un disgusto”, solía reclamarle Perucho Figueredo, quien se había convertido en su guía en las acciones independentistas. No le importaron las adversidades, ni la furia con que arremetían los españoles sobre su amado terruño. Solo sentía el deber de luchar.

Ese espíritu debiera marcar con fuerza la cotidianidad de los bayameses hoy. De esa manera opina la veterana María Delfina Cisneros Cedeño, profesora de la escuela primaria José Antonio Saco, en Bayamo: “Por jóvenes como ella es que los habitantes de aquí debemos vivir honrados y orgullosos de nacer en esta tierra. El ejemplo de esa muchacha debe rescatarse en todo el país, lo merece”.

Aldo Daniel Naranjo Tamayo, uno de los historiadores de la Ciudad Monumento, no deja de mencionarla en el recorrido por los momentos cumbres de la historia de la segunda villa fundada en Cuba. Entre las actividades que destacan en su hacer están el haber formado parte del grupo de señoritas que cantaron el Himno aquel 8 de noviembre de 1868 en la Parroquia de Dolores y su condición de enfermera, mensajera y propagandista.

“Luz Vázquez y su hija son paradigmas para la mujer cubana. Sus nombres no deben pasar inadvertidos por las calles de esta ciudad, aquí llamarse Adriana constituye un símbolo”, insiste la consagrada poetisa bayamesa Lucía Muñoz Maceo.

Sin embargo, las huellas que dejó Adriana al parecer se difuminan. Apenas se oye el eco de su nombre en la memoria colectiva. “He escuchado a historiadores y profesores referirla en algunas ocasiones, sobre todo, en las celebraciones por el aniversario 500 de la ciudad. Sé que es una patriota bayamesa muy digna, pero realmente no conozco a fondo su lucha, ni su historia”, reconoce la instructora de teatro Maiden Barrero Cisnero. 

Emilio Herrera Villa, periodista de la revista Bohemia, comenta a esta reportera los resultados de un breve sondeo realizado durante una experiencia de trabajo en la provincia de Granma a estudiantes, profesores y pobladores en general que viven fundamentalmente en el centro histórico de la ciudad.

Las tres cuartas partes de los 40 entrevistados dijeron haber escuchado mencionar a esa patriota, pero no considerarla entre “las más importantes dentro de la historia de Bayamo”, mientras que un menor por ciento indicó no estar muy interesado en conocerla. Vale aclarar que entre los especialistas no existen esos vacíos históricos.

Si bien esa indagación no es representativa de toda la población bayamesa, al menos proporciona algunas luces sobre el problema. Cabría entonces repensar ¿cómo se determina “lo más importante” en la historia de una ciudad?, ¿cuán condicionados estamos por los relatos historiográficos que asumimos como ciertos sin mucho contraste o problematización?  

Perdida entre libros y planes de estudio

Una de las razones que pudieran explicar el referido desconocimiento es la poca mención de su figura en el plano académico. Lamentablemente, esta realidad no es exclusiva de Bayamo, sino que se traslada a otros límites geográficos y a varios luchadores que quedan relegados al silencio de su vida y de su causa.

“La Historia de Cuba es rica en personajes, y no podemos conocerlos a todos”, comenta Renata García, estudiante de duodécimo grado del preuniversitario Eduardo García Delgado, del capitalino municipio de Boyeros.

Por su parte, Karla Ferrer, quien cursa el tercer año de Historia en la Universidad de La Habana, recuerda haber estudiado algunos aspectos de la vida de “la joven que murió de tifus”, sin embargo, argumenta que en su carrera son demasiados temas para pocas horas clases, por lo que deben centrarse en las figuras más relevantes.

Aunque todos los hombres y mujeres que hicieron por Cuba no podrían ser incluidos en programas nacionales, bien merecen ser reconocidos en ámbitos locales. En eso coincide Randy Pedrosa, profesor de Historia de la secundaria Águedo Morales, de Pinar del Río, quien prefiere estudiar a aquellas personalidades poco tratadas en la historiografía tradicional y que tanto contribuyeron a la formación y defensa de la identidad nacional.

“Adriana se incluye en los planes de estudio de Historia de Cuba entre las mujeres que participaron en la Guerra del Diez Años, pero no se detalla, ya que no existe bibliografía de las figuras locales”, explica Ada Bonilla, profesora auxiliar de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Rafael María de Mendive, de Pinar del Río.

La también Máster en Ciencias Históricas agrega que, en ocasiones, la asignatura resulta tediosa para los estudiantes porque no se tratan temas curiosos o de interés para ellos. “Por estas demandas estamos incluyendo la labor de figuras jóvenes, de mujeres y de negros, personas tradicionalmente excluidas por entenderse como minorías cuando en realidad son los que juntos movieron las revoluciones”, concluye.

Muchachas como Adriana deben ser paradigmas para la juventud cubana, en un contexto en el que se demanda la enseñanza de una historia humanizada, afianzada a sentidos políticos renovados desde un discurso creativo. Ese parecer es compartido por Eduard Gómez, Licenciado en Historia y profesor de preuniversitario habanero José Miguel Gómez. “No podemos dejar atrás a ninguna persona que haya peleado por salvar a Cuba, por ello creo que se debería vincular en las clases la impronta de los héroes de carne y hueso, y no desde una perspectiva de héroes de mármol”, insiste.

“Se puede recrear mejor la vida de las figuras locales con visitas a museos, tarjas y la interacción con imágenes y documentales. Así, el maestro fomenta en los alumnos la cercanía con los héroes de su tierra natal. En ese afán deben intervenir, además, la familia y otras organizaciones a nivel comunitario”, explica la licenciada en Historia Nélida Novales, exdirectora del museo pinareño Antonio Guiteras.

Aprender desde el sentimiento

Reconstruir y honrar historias de hombres y mujeres poco reconocidos, pasa por aprender no solo a comprenderlos, sino a quererlos. A propósito, en el recientemente celebrado Taller Nacional de Educación en Valores, Eduardo Torres Cuevas, Doctor en Ciencias Históricas y director de la Biblioteca Nacional José Martí, sugirió que la mejor manera de educar es mostrando primero el sentimiento: “Al niño hay que enseñarle a amar, hay que abrirle el espíritu, y luego a analizar, a argumentar.”

Precisamente, contar la historia desde sus matices y sobre la base del sentimiento es el objetivo del libro Bayamo, de José Maceo Verdecia, quien cuenta los detalles del devenir histórico de esa ciudad mediante el justo reconocimiento al quehacer libertario de protagonistas como Adriana del Castillo: “Hija de la revolución, era la revolución misma: inquieta, ruidosa, y como ella, incapaz de concreción y de reposo. Su amor a la independencia de la isla rayaba en el fanatismo. Sus actividades eran insuperables, nadie, ni aún los propios conspiradores, le igualaban. Conspiraba de forma pública, en todas partes, sin cuidarse de nadie, ni siquiera de las propias autoridades”, expone el texto.

“Nuestra educación debe desarrollar la imaginación y la fantasía, pero al mismo tiempo debe reafirmar los sentidos identitarios. No se puede hablar de la misma manera de todos los héroes, hay que diferenciarlos justamente”, afirmó en el citado encuentro sobre valores Miriam Egea, jefa del Departamento de Filosofía e Historia del Ministerio de Educación, quien apuesta por generalizar esa voluntad en las escuelas cubanas.

“Creo que el objetivo no es convertir a Adriana en una figura para memorizar, para recitar cada una de sus acciones. Se trata de entenderla, de darle su justo valor a esa mujer de fuego, pero sin crear epítetos manidos, sino viéndola en su contexto y en interacción con otras tantas figuras borradas de los momentos y espacios más significativos de la historia de este país”, sintetiza la profesora Nélida Novales.

Escudriñar en la vida y la lucha de Adriana del Castillo para multiplicarla sin grandilocuencias, desde la sencillez de su ser, puede ayudar a entretejer mejor los hilos de la identidad nacional y a reconstruir una historia de Cuba más sentida, más querida, que es uno de los mejores modos de comprometerse con los rumbos de esta Isla.

Pie de foto: Adriana del Castillo es ejemplo digno de la mujer bayamesa.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Retrospectiva.
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos.
Tipo de transiciones:
-Subtítulos: Pronunciada, pero poco conocida, Perdida entre libros y planes de estudio, Aprender desde el sentimiento.
-Muletillas: Sin embargo, precisamente, si bien.
-Repetir en una oración o párrafo que sigue una palabra o frase clave utilizada antes.
Tipo de Cierre: De instancia a la acción.
Tipo de reportaje: Explicativo. Lo proyectivo solo se encuentra en un plano de voluntad de las fuentes, no de concreción en los niveles decisorios.

Tema: El desconocimiento histórico de Adriana del Castillo.

Situación problémica: A pesar de su accionar patriótico, Adriana del Castillo Vázquez, es una figura poco conocida en la historia de Cuba.

Objetivos colaterales: -Contribuir a la visualización y conocimiento de la figura de Adriana del Castillo como patriota. -Determinar las causas por las cuales Adriana del Castillo es desconocida. -Mostar que las figuras locales pueden recatarse mediante la enseñanza de una historia vinculada con los sentimientos, donde los héroes sean figuras de carne y hueso y no solo vistos desde el héroe de mármol.

Tipo de fuentes declaradas: Documentales y no documentales.

Fuentes consultadas

Documentales:

Blog Bayamo Historia y Amor. En:  http://primochuchi.blogspot.com/
2010/01/luz-vazquez-y-moreno.html. Consultado el 21 de abril de 2014.

Blog Ser como los héroes. En http://laespectativadesercomolosheroes.over-blog.es/ 
article-adriana-del-castillo-47696028.html. Consultado el 21 de abril de 2014

Carbonell Alard, José: Estampas de Bayamo. Editorial Oriente, 1982.

Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí. Palabras citadas del Taller Nacional de Educación en Valores.

Figueredo Socarrás, Fernando: La Revolución de Yara (1868-1878). La Habana, 1902.

Maceo Verdecia, José: Bayamo. Ediciones Bayamo, 2009.

Miriam Egea, jefa del Departamento de Filosofía e Historia del Ministerio de Educación. Palabras citadas del Taller Nacional de Educación en Valores.

Quintana Suárez, Raúl: Reseñas bio0gráficas de figuras significativas en la Historia de Cuba (Segunda Parte). En http://www.eumed.net/

libros-gratis/2012a/1175/adriana_castillo_vazquez.html. Consultado el 19 de abril de 2014.

Sánchez Guerra, Ramiro: La Guerra de los Diez Años 1868-1878. La Habana, 1950.

Zaragoza, Justo: Las insurrecciones en Cuba, Tomo 2. Madrid, 1879.

No documentales o Activas:

María Delfina Cisneros Cedeño, profesora de la escuela primaria José Antonio Saco. Es una fuente implicada porque es profesora de esa materia. Juicio valorativo.

Aldo Daniel Naranjo Tamayo, historiador de la Ciudad Monumento. Fuente oficial. Juicio sintético.

Lucía Muñoz Maceo, poetisa bayamesa. Fuente testigo. Juicio de valor.

Maiden Barrero Cisnero, instructora de arte. Fuente testigo, no implicada. Juicio de valor.

Karla Ferrer, estudiante de tercer año de Historia. Fuente testigo. Juicio de valor.

Ada Bonilla, profesora auxiliar de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Rafael María de Mendive. Especialista e implicada (porque el desconocimiento de Adriana del Castillo parte de la Academia). Emite juicios analíticos.

Renata García, estudiante de duodécimo grado del preuniversitario Eduardo García Delgado. Fuente testigo, no implicada. Juicio de valor.

Emilio Herrera, periodista de la revista Bohemia. Especialista. Juicio analítico.

Nélida Novales, licenciada en Historia, exdirectora del museo pinareño Antonio Guiteras. Especialista. Juicios analíticos y de valor.

Randy Pedrosa, profesor de  Historia de la secundaria Aguedo Morales. Fuente implicada. Juicio de valor.

Eduard Gómez, licenciado en Historia, profesor del preuniversitario habanero José Miguel Gómez. Fuente especialista e implicada. Da juicios de valor y analíticos.

Soportes:

Hecho: La invisibilización de la figura de Adriana del Castillo como patriota en la historia de Cuba.

Antecedentes: La labor como independentista y anticolonialista cumplida por Adriana del Castillo.

Contexto: Aunque desarrolló una gran labor como patriota, Adriana del Castillo es menos estudiada por ser una figura local ante el valor de otros héroes de la historia de Cuba.

Proyección: Estudiar la Historia desde el sentimiento y aprender a mirar a los héroes y heroínas como hombres y mujeres de carne y hueso.



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